La verdadera historia de las noticias falsas: Robert Darnton (El País)


Al observatorio de medios OMCIM le parece relevante el reporte siguiente:

La verdadera historia de las noticias falsas

El País, ROBERT DARNTON

30 ABR 2017

En la larga historia de la desinformación, el estallido actual de noticias falsasocupa ya un lugar especial, con una asesora presidencial, Kellyanne Conway, que llegó a sacarse de la manga una matanza en Kentucky para defender que se prohibiera la entrada en el país a viajeros de siete países musulmanes. Pero la invención de verdades alternativas no es tan infrecuente, y se pueden encontrar equivalentes a los mensajes de texto y los tuits llenos de veneno de hoy en casi todos los periodos de la historia, incluso en la Antigüedad.

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2 Replies to “La verdadera historia de las noticias falsas: Robert Darnton (El País)”

  1. Los medios de comunicación tienen como objetivo tener un alto impacto en la sociedad, que su contenido genere polémica, darle a la sociedad el tema del cuál deberían hablar, tomando en cuenta que la sociedad al menos en México no es exigente en cuanto a contenido, puede generar contenido basura siempre y cuando siga atrayendo la atención de la audiencia. Pero uno de sus principales problemas a los que se enfrenta es generar credibilidad y confianza en cuanto a su contenido.

    Por lo tanto, puedo asegurar que el periodismo va en decadencia, ya que al menos el periodismo que se llevaba en el siglo XX tenía como características ser fático; porque el eje central era la nota, estaba basado en hechos; la fuente, siempre estaba en la nota, en caso de no tenerla se especificaba o en su defecto si no la tenía el director del medio asumía la responsabilidad; verificable y verosímil, porque cualquier persona podía verificar que el hecho era real. Con esto no estoy asegurando que existieron medios de comunicación que no cumplían con estas características, ya que desde épocas más remotas existieron géneros como los “canards que eran periódicos impresos de gran tamaño, a veces ilustrados con llamativos grabados para atraer a los más crédulos, llenas de bulos y falsas noticias que corrieron por las calles de París durante los siguientes 200 años”.

    Por lo contrario, el periodismo del siglo XXI es informal, a partir de la aparición digitalización y de las redes sociales, ya que las personas se informan a través de noticias de medios informales, en ocasiones no tienen fuentes y nadie se hace responsable por dichas aseveraciones, es decir, no son medios verificables.

    Por lo tanto, los medios de comunicación actualmente con más frecuencia que antes, gracias el gran impacto que ha tenido la era digital y las redes sociales, no les importa emitir información falsa (cuando la veracidad es principio fundamental del periodismo) siempre y cuando cumplan con el objetivo de hacer daño o perjudicar en un momento especifico. En política por ejemplo en tiempos de campañas una noticia en contra de algún candidato puede ser crucial para perder la contienda ante sus adversarios, aunque después el medio de comunicación se retracte posteriormente por haber aseverado falsas acusaciones.

  2. La ética periodística es un tema reiterado para quienes se manejan en el plano de los medios de comunicación social, pues no solo es un factor que afecta a la estructura de la información, su sentido e intención, sino también a los receptores quienes la reciben.

    Los principios éticos señalan a un periodista como portador del valor supremo de la profesión: la veracidad, y solamente por medio de las normas de la propia técnica se logra concebir el método más eficaz y rápido para alcanzar la verdad. La ética se consideraría el espíritu que rige a la técnica, en cuanto la técnica este colocada al servicio de la ética. Sin embargo, el comunicólogo, como un obrero, aporta su trabajo para ser intercambiado por un pequeño sueldo. Éste al ser integrante de una empresa, se convierte en un engrane más de su funcionamiento, y necesariamente se tiene que adaptar a las limitantes de la organización para no ser expulsado o, en los peores casos, “aniquilado”. En éste caso, la ética periodística descansa en manos de las empresas, no de quien crea una posibilidad argumentativa. Las insatisfacciones solo quedan plasmadas en la psique del comunicólogo que a la larga se convertirán en afectos perturbadores para los receptores: la sociedad.

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