La posverdad acecha comicios; la guerra sucia en las redes (Excélsior)


La posverdad acecha comicios; la guerra sucia en las redes

Expertos alertan sobre el impacto negativo que la información falsa en internet podría tener en los resultados electorales de 2018; la población se vuelve manipulable, advierten

Excélsior, Claudia Solera

CIUDAD DE MÉXICO.  Los mexicanos estamos entre los usuarios del mundo que más horas invertimos a redes sociales, sólo por debajo de Filipinas y Brasil, de acuerdo con el reporte We are social, por esto, a un año de que México elija presidente, varios analistas consultados por Excélsior emitieron una alerta sobre el impacto negativo que las noticias falsas en internet podrían tener en las próximas votaciones, como sucedió tras el gasolinazo, donde se viralizaron mensajes para sembrar terror y caos por supuestos saqueos, en las elecciones de Estados Unidos o el Brexit de la Gran Bretaña.

También los expertos encendieron las alarmas basados en la historia reciente de las campañas políticas en el país, pues la primera vez que México incursionó en internet, en 2006, se usó básicamente para difamar a los candidatos a través de correos electrónicos.

Un par de meses antes de las votaciones de ese año, entre cinco y seis millones de ciudadanos afirmaron haber recibido correos electrónicos con propaganda electoral durante los 30 días previos. La mayoría de quienes los abrieron se encontró con propaganda que argumentaba que Andrés Manuel López Obrador, aspirante de la Coalición por el Bien de Todos, era populista y un peligro para México y en menor número leyeron que el candidato del PAN, Felipe Calderón, era corrupto y cómplice del poder económico, de acuerdo con el reporte del Instituto Electoral del Estado de México (IEEM) Internet y las campañas electorales en México. La oportunidad postergada.

María Elena Meneses Rocha, profesora e investigadora de internet y medios del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, también autora del reporte del IEEM, aseguró que por primera vez las elecciones presidenciales en 2018 se trasladarían hacia las redes sociales.

Internet va a ser un medio central, porque a la gente que le interesan las cuestiones políticas está en las redes sociales. Es ahí en donde se encuentra el debate político. Entonces, verdaderamente creo que por primera vez Facebook, Twitter y YouTube van a ser un medio central en las campañas electorales y no la televisión abierta como lo fue en el pasado”, explicó.

Como se prevé que las redes sociales sean el gran nicho que los políticos usen para atraer votantes, también existe una gran posibilidad de que entre las herramientas con las que intenten derrocar a sus contrincantes sea a través de las noticias falsas.

Me parece que las prácticas perversas como los bots, trolls y noticias falsas que se pusieron de moda en las campañas presidenciales de Estados Unidos, también se van a seguir en México, pues las elecciones estadunidenses siempre suelen ser imitadas por el resto del mundo occidental. Sin embargo, creo que sería sumamente grave que esto lo importaran los políticos mexicanos, por una cuestión fundamental, y es que en nuestro país las campañas se financian con dinero público, a diferencia de Estados Unidos”, concluyó Meneses Rocha.

La investigadora consideró que la repercusión que podrían tener las noticias falsas o la guerra sucia en internet sería mucho más virulenta que en 2006, la primera vez que se usó información digital para destruir a los candidatos.

Por ejemplo, en aquel año sólo existían 16 millones de usuarios mientras que en 2018 habrán más de 70 millones, según la Asociación Mexicana de Internet (Amipci).

Tanto cambió el panorama en los últimos 11 años, que en 2006, Facebook ni siquiera había lanzado su plataforma con versión en español. Pero ahora México es el tercer país de todo el mundo que más tiempo pasa en las redes sociales, un promedio de tres horas y 20 minutos diarios, de acuerdo con el reporte de We are Social.

Sólo basta leer las conclusiones de la Secretaría de Seguridad Pública capitalina al investigar sobre las noticias falsas que se difundieron tras el gasolinazo y que el pasado 4 de enero terminaron por paralizar prácticamente a dos estados del país: “se detectaron 300 cuentas de redes sociales, las cuales interactuaron entre sí difundiendo temas que no eran ciertos, además de mil 500 publicaciones con situaciones falsas que buscaban generar caos en la sociedad y 11 grabaciones de voces narrando situaciones dramáticas falsas”.

En 2006, las noticias falsas en internet tampoco eran un debate central como lo es ahora y en nuestro país ya se usaba este tipo de prácticas para afirmar que López Obrador era “un peligro para México”.

No es un fenómeno nuevo, sólo que las redes sociales lo amplifican. La campaña en contra de López Obrador en 2006 era completamente falsa e intervinieron diferentes grupos para difamarlo: políticos, iglesia, empresarios”, argumentó Alejandra Ezeta, coordinadora de Comunicación Social de Morena en la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México.

Las noticias falsas se han infiltrado tanto en la vida de los usuarios que en 2016 el Diccionario Oxford eligió como palabra del año a la “posverdad”, es decir, la falsificación de la verdad. Además de que grandes líderes mundiales han expresado su opinión al respecto. El presidente de la Comunidad Europea, Jean-Claude Juncker, aseguró que las noticias falsas se convirtieron en una preocupación global. El papa Francisco comparó su consumo con comer heces y la excandidata demócrata, Hillary Clinton, incluso, advirtió que este tipo de informaciones pueden poner vidas en riesgo.

Javier Darío Restrepo, considerado como el máximo referente en asuntos de ética periodística en América Latina y director del Consultorio Ético de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, FNPI, alertó en entrevista sobre los riesgos en que la población podría caer al ser manipulada por las noticias falsas en un proceso electoral.

Más que proporcionar un manual a la población para que se proteja ante este tipo de manipulación en internet, los expertos llamaron a los medios de comunicación para que recuperen su credibilidad y con investigación desmientan las informaciones falsas que inundan la red, porque cada vez un mayor número de sectores están más vulnerables a estas noticias.

En primer lugar hay que dejar claro que no es un fenómeno exclusivo de algún grupo social. Nadie está  exento de compartir noticias falsas. Anteriormente, las fuentes eran identificables, tú podías ubicar rápidamente al periodista, al periódico y conocías su línea editorial y política; sin embargo, ahora es mucho más difícil ubicar a la gente que sube estas noticias, pues permite el anonimato”, concluyó Enrique Pérez Reséndiz, investigador del Seminario de Investigación y Juventud, de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Las informaciones falsas están al alcance de todos, en los muros de Facebook de familiares y amigos, en cuentas que se siguen en Twitter o llegan directamente a través de un whatsapp a los teléfonos móviles personales.

La verdad cada vez tiene menos mercado, porque la gente no tiene un mecanismo de defensa ni de credibilidad. La gente ya no consulta los periódicos, además de que ahora vivimos en una sociedad que cree mucho en los views, en los likes, en el número de veces que es compartida una información. Una mentira es fácilmente reivindicada por un me gusta”, explicó Ramón Morales Izaguirre, investigador en Comunicación Política, profesor universitario de la Universidad Panamericana y estudiante de maestría en la Universidad de Harvard.

Por eso los especialistas también invitaron a los usuarios a ser más reflexivos sobre el tipo de información que comparten y no sólo dejarse llevar por los encabezados de las noticias.

Creo que vale la pena cuando vemos una nota en redes sociales, darle clic, leerla completa y ver de qué se trata antes de compartirla, porque de lo contrario nos volvemos cómplices de la desinformación. No podemos sólo echarle la culpa a los sitios que promueven las noticias falsas, porque nosotros también tenemos responsabilidad en esto al difundirla”, dijo Guillermo Perezbolde, director de Mente Digital.

“EL FESTIVAL DE LAS PROMESAS FALSAS”

En un mundo en el que de por sí las campañas electorales “se convirtieron en el festival de las promesas falsas y de anuncios publicitarios” y en el que las noticias no verdaderas van ganando terreno, Javier Darío Restrepo, considerado como el máximo referente en asuntos de ética periodística en América Latina y director del Consultorio Ético de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), llamó a los periodistas para que recuperen una función esencial como lo es defender a la audiencia contra la falsedad y las verdades a medias.

En entrevista con Excélsior, aseguró que una de las causas que llevó a acentuar a la posverdad fue que el periodismo ha dejado de ser informativo para volverse publicitario.

Cuando esto sucede la verdad importa menos que las ventas o lo viral, hoy convertido en el gran objetivo que supera la pasión por la exactitud. Predomina la valoración utilitaria: raiting, circulación, ventas, como en lo publicitario y no la credibilidad e influencia que son los objetivos periodísticos”, afirmó Javier Darío, quien también fue merecedor del premio de excelencia de la FNPI.

¿Cuál es el reto que los periodistas deben enfrentar ante el boom de las noticias falsas en redes sociales?

La experiencia en el consultorio ético de la FNPI me ha demostrado que en la mayoría de los conflictos éticos de los periodistas opera una débil conciencia de su identidad profesional.

Esto explica el fenómeno que en nuestros días se ha agudizado: el abandono por parte de los periodistas de funciones tan esenciales como la defensa de los receptores de su información contra la falsedad y las verdades a medias. En este abandono lo digital no actúa como causa principal, pero sí se puede afirmar que esta tecnología ha sido utilizada como elemento coadyuvante para la difusión de la mentira. El papel del periodista no ha cambiado, (pero) sí ha sido abandonado como parte de una crisis de identidad.

¿Cómo los comunicadores podrían plantearse evitar ser parte de la difusión de las noticias falsas?

La posverdad registra un hecho que se acentuó en 2016, pero que venía gestándose desde antes con la ofensiva publicitaria y con la crisis de la estructura financiera de los medios. Casi sin sentirlo el periodismo ha dejado de ser informativo para volverse publicitario. La agenda prefirió los temas de mayor impacto, como en la publicidad, y no los de mayor potencial de cambio social que es el objetivo de lo periodístico; se les han dado mayor importancia a las formas: titulares, diseño, ilustraciones que son asuntos publicitarios y no a la solidez de las fuentes ni al contenido de las historias, principios genuinamente periodísticos. Predomina la valoración utilitaria: raiting, circulación, ventas, como en lo publicitario y no la credibilidad e influencia que son los objetivos periodísticos.

Cuando esto sucede la verdad importa menos que las ventas o lo viral, hoy convertido en el gran objetivo que supera la pasión por la exactitud. Por tanto habría que redefinir para qué se está haciendo periodismo. Si queda clara la subordinación de lo económico a lo periodístico, de la intencionalidad de servicio al ejercicio de un poder, la posverdad será una parte pasada de la historia.

¿Cuáles serían las consecuencias para la población si las noticias falsas ganaran más terreno y los medios de comunicación continuaran perdiéndolo?

El predominio de la información falsa, como ocurrió en la campaña presidencia de EU, o en el Brexit, o en el plebiscito colombiano vuelve manipulable a la población, entrega el poder a los publicistas y manipuladores de la opinión y destruye la confianza. La población queda indefensa y en poder de los manipuladores, sean publicistas, mercaderes o políticos.

La política pierde su capacidad de análisis y de propuesta y se vuelve emocional de modo que a los electores les sirve más sentir que pensar. Por eso un objetivo de las campañas políticas es el de indignar por sobre cualquier intento de hacer pensar. Una población manipulada por lo falso o por las medias verdades le da voz y fuerza al prejuicio, a lo instintivo y se aparta de lo razonable y juicioso; abandona la deliberación y se acoge a lo emocional con todos sus horrores. Esto explica la propuesta de constituir una comisión o grupo de trabajo en los medios, que se dedique a desmontar todas las mentiras y falsedades, como parte del servicio que el medio de comunicación le debe a sus receptores de información.

Puede citar algún ejemplo donde la prensa haya sido el canal por el que se difundió una noticia falsa.

El caso más conocido es el titular de El País sobre “Matanza de la Eta en Madrid” en que el director atendió una llamada del presidente Aznar que tenía interés político en que se le diera a la matanza del 11 de marzo ese enfoque.Y casos así tuvieron aceptación inicial, porque lo falso no demanda el ejercicio de la inteligencia ni impone la disciplina de la crítica. Lo falso está más cerca de lo instintivo que del ejercicio del razonamiento. Pero la razón principal de esa aceptación es porque legitima los deseos, cualesquiera que sean. En política el deseo de poder y la sed de venganza. En últimas, lo falso atrae como atraen el odio, el afán de destrucción o las acciones de fuerza y violencia porque siguen las peores tendencias de los humanos. Entre una sosegada y disciplinada búsqueda de la verdad, y la celeridad de lo falso, se prefiere ésta porque es una respuesta eficaz, rápida y fácil.

¿Qué recomendaciones podría dar a los periodistas que están próximos a cubrir elecciones en un momento de efervescencia de noticias falsas?

Desde que las campañas electorales perdieron su perfil democrático de competencia de propuestas para fortalecer el bien común y se convirtieron en el festival de las promesas falsas y de los anuncios publicitarios, el periodista las debe ver como un reto porque son una amenaza para sus objetivos profesionales.

En efecto, el periodista debe ofrecer información útil para todos los electores; mientras las campañas se proponen el favor de los suyos.

El periodista no acepta dogmas ni verdades absolutas; las campañas, por el contrario, tienen sus verdades indiscutibles y sus líderes intocables.

El periodista en defensa del bien de todos mantiene activa su capacidad crítica para examinar programas y personajes; las campañas silencian la crítica para exaltar, como absolutas, las propuestas y los personajes de casa.

Por tanto, en periodos preelectorales conviene que el periodista recuerde que su única lealtad es para con el elector, cualquiera que sea su adhesión política. Esto obliga a los periodistas a entregar información útil para todos los electores.

Consciente de que la publicidad política siempre es una verdad a medias, el periodista siente la obligación de entregar una verdad lo más completa posible, para poner la diferencia.

Son propósitos que activan en el periodista sus valores éticos: el compromiso con la verdad, la más radical de las independencias y la capacidad de responderle a toda la sociedad.

¿Cuáles son los desafíos que la era digital está imponiéndole a la prensa?

1.- El cambio de su estructura financiera. La que actualmente funciona está destruyendo la credibilidad de los medios. Ya muy pocos pagan por obtener información, porque ésta ha llegado a ser no creíble. Detrás de cada información asoma las orejas alguien que paga y que, por tanto, acaba con la credibilidad del medio.

2.- Puesto que se trata de recuperar la credibilidad se impone un cambio total y radical de contenidos. Lo digital le transfirió a cualquier ciudadano, junto con sus gadgets la posibilidad de informar, lo que antes era exclusividad de los periodistas. Hoy lo hace cualquiera de modo que el periodista, al informar, debe dar mucho más de lo que hace el periodista ciudadano. Esto significa la necesidad de otra clase de contenidos, distintos y superiores de los que puede ofrecer el que sólo tiene el aparato.

3.- Esa independencia financiera para recuperar la credibilidad, esos nuevos contenidos imponen una nueva relación con los receptores de información. Tradicionalmente ha sido una relación vertical, hoy debe ser horizontal, el lector no es un cliente, es un socio y es la fuente más nítida de libertad. La experiencia de reemplazar publicidad y patrocinadores por suscriptores es la audaz propuesta que hoy se está experimentando.

REPETIR UNA MENTIRA MIL VECES… UNA ESTRATEGIA

Uno de los mejores ejemplos de la posverdad ha sido la estrategia de Donald Trump, hoy presidente de Estados Unidos, quien para ganar apeló más a las emociones y la creencia personal que a la realidad:

  • El papa Francisco apoya a Donald Trump… una noticia falsa que según un profesor de la Universidad de Carolina del Norte, Zeynep Tufekci, fue compartida casi un millón de veces “y tuvo un alcance de decenas de millones”. La corrección no fue atendida en la misma magnitud.
  • Donald Trump aseguró en un tuit a finales del año pasado que había disminuido la circulación del periódico  The New York Timesdebido a la mala cobertura durante su campaña. No mencionó una fuente, simplemente lo dijo y no fue cierto.
  • Paul Horner, un cómico estadunidense, escribió en Facebook que los votantes de la candidata demócrata Hillary Clinton eran pagados para que hicieran protestas contra el republicano.  Además se atrevió a dar la cifra exacta de los honorarios de los manifestantes profesionales: tres mil 500 dólares a cada uno. Corey Lewandowski, jefe de campaña de Trump, tuiteó esa “noticia”. Era falsa.
  • Trump acusó a México el 8 de julio de 2015 de enviar criminales deliberadamente a Estados Unidos como indocumentados.
  • El hoy Presidente de EU negó en el debate presidencial de agosto de 2015 que hubiera usado expresiones denigrantes para referirse a mujeres. Según la organizacion Factcheck.org, le dijo en 2006 a la actriz Rosie O’Donell “fat pig” (cerda gorda).
  • Otras informaciones que circularon en las redes y no fueron verdaderas: Hillary Clinton gastó 137 millones de dólares en armas ilegales. Los Clinton se compraron una mansión de 200 millones en las Maldivas… Un agente del FBI implicado en la filtración de los e-mails de Clinton mata a su esposa y se suicida…

 

 

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One Reply to “La posverdad acecha comicios; la guerra sucia en las redes (Excélsior)”

  1. Una primera anotación: la posverdad no significa “la falsificación de la verdad”, como apunta el texto. El Término posverdad hace referencia a que “los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.

    Desde esta aclaración hay que analizar dos vectores fundamentales del texto:

    1) ¿Las campañas políticas se ganan o se pierden en el terreno digital?
    De ser esta primera hipótesis cierta, el movimiento #YoSoy132, que marcó sin duda en 2012 un hito en la historia de las redes sociodigitales en México, hubiera podido haber logrado más que asambleas y plantones fuera de Televisa. Su agenda de desprestigio al tele-candidato priísta no tuvo el efecto esperado en las urnas de las presidenciales de aquel año.

    Las elecciones en México han sido y son ganadas por tierra. Y echando mano de la política clientelar y el corporativismo como hasta hoy, quizás este hecho no cambie en mucho tiempo.

    2) Encuadre
    No hay que perder de vista que el modelo de negocios de los medios de comunicación es distinto de acuerdo a la plataforma en la que se desenvuelven; y que por supuesto el público no es el mismo. En plataformas digitales como Facebook o Twitter, por ejemplo, la inmediatez es fundamental; aunque el riesgo de las imprecisiones sobre los datos arrojados por los medios sea mayor.

    Sin embargo, los usuarios de la Internet, con todas las posibilidades que esta tecnología les brinda, deberían tener las habilidades mínimas para poder cotejar la información en distintas fuentes y así crear un filtro entre lo que es verídico y lo que lo es a medias.

    Más allá de la línea editorial de los medios de comunicación, que no todas las veces es visible, la mentada sociedad de la información tiene en sus posicionamientos políticos algo a lo que podría determinar dogmas ideológicos, en el que los individuos únicamente son receptivos a la información que refuerza sus ideas; no así con aquella que las contradice o las desecha.

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