Lecciones de la libertad de prensa: “The Guardian”: Federico Berrueto (Milenio)


Lecciones de la libertad de prensa: “The Guardian”

Federico Barrueto / Milenio

18/09/2016

El diario británico The Guardian es uno de los medios de mayor prestigio en el mundo. De orientación centro izquierda, en su larga historia destacan muchos episodios de mérito como desvelar en 1983 la instalación de misiles crucero estadunidenses en suelo británico, así como su postura de rechazo a la posición del gobierno británico y estadunidense a sus incursiones militares en Irak y Afganistán. Ha ganado importantes batallas por la libertad. Sus investigaciones por su calidad son objeto de atención e influyen de manera importante en la opinión pública internacional, particularmente la de carácter progresista.

En el pasado reciente en México ha tenido muy serias pifias. Todas se asocian a denuncias contra Peña Nieto, candidato y Presidente. Por el peso de su prestigio sus señalamientos han sido tomados sin reserva por una parte importante de los medios nacionales. Hace semanas desveló un supuesto conflicto de interés que involucraba a la esposa del Presidente y a un amigo de la familia, Ricardo Pierdant, un “posible” contratista del gobierno, lo que provocó una ola de indignación y denuncia contra el Presidente en los medios y en el sector político. La respuesta de la Presidencia respecto a que el señor Pierdant no tenía negocio gubernamental alguno quedó anulada por la magnitud del ruido fustigador.

Por lo publicado allá, la prensa y los políticos críticos del gobierno de acá llegaron a sus propias conclusiones, incluso más allá de lo que señalaba el medio británico, como el decir que Ricardo Pierdant era un simple prestanombres del Presidente y su esposa o que el departamento contiguo no era tal, sino una sola propiedad y él un simple testaferro o administrador de los bienes propiedad de Angélica Rivera.

Este sábado se dio a conocer que el diario retiró la nota y ofreció disculpa por haber incluido en su reportaje el señalamiento a Aurora Pierdant —hermana de Arturo— en la que decía que en 2011 había sido despedida de Pemex por negligencia administrativa e inhabilitada para trabajar en el sector público. The Guardian omitió un hecho básico y que provoca un inequívoco daño moral: que Aurora Pierdant impugnó y ganó su caso ante el tribunal de revisión, eso debió también publicarse.

Ya antes, en la campaña presidencial presentó reporte sobre hechos que documentaban la parcialidad de Televisa en la promoción del entonces gobernador Peña Nieto, señalamiento que tuvo que retirar al no poder acreditar la veracidad de documentos y que le obligaron a una aclaración conjunta http://bit.ly/2cuGM0J. Hace algunos meses también divulgó revelaciones de una supuesta hija deEl Chapo tales como la visita del criminal a ella en suelo estadunidense y que el criminal habría financiado las campañas de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto. Los abogados y la esposa de El Chapo desconocieron lo señalado y la supuesta hija aseguró que había sido engañada por el entrevistador, quien habría tergiversado sus palabras.

Sorprenden los reiterados descuidos de The Guardian. No es, ni por mucho, el estándar del buen trabajo periodístico que le ha llevado al lugar que tiene. El abogado o el director no están haciendo su trabajo cuando se trata de México. El daño que ocasionan no solo es a personas y gobernantes, también afecta al país y a sus instituciones. Es una conducta reiterada del medio y es deseable que los afectados actúen ante instancias judiciales para significar costos a la irresponsable cobertura.

Los medios de comunicación tienen una tarea importante e insustituible en el escrutinio y crítica al poder. Precisamente por tal consideración lo deseable es que se realice con estricto rigor, bajo los estándares reconocidos de la buena investigación periodística. La cuestión es quién sanciona a los medios que sancionan.

Es propio de la democracia que no haya fichas sueltas en el juego, sobre todo porque los medios tienen intereses y poder. Además, suelen erigirse como tribunal de única instancia y en buena medida lo son porque lo publicado tiene un efecto irreversible, aunque medie disculpa o explicación, como lo ha hecho The Guardian. Lo ocurrido con el diario británico no es ocasional y la frecuencia del desapego que hay en México de los medios a las normas de ética periodística se debe a la impunidad.

La lección mayor de lo ocurrido es que los medios y quienes allí trabajan deben estar sujetos a sanción por el abuso de poder. No es admisible la tesis de que el periodista tiene derecho a calumniar cuando se trate de un personaje público. Una eficaz autorregulación importa mucho, pero también las vías judiciales para hacer valer derechos, mucho más en estos tiempos canallas.

 

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