¿Existen aún las redacciones?: M.A. Bastenier (El País)


¿Existen aún las redacciones?

Todo se hace más rápida y eficazmente por la comunicación inalámbrica

M.A. Bastenier, El País

9 SEP 2016

Todo tiempo pasado no fue necesariamente mejor, ni peor, sino distinto. Marx dijo aquello de que la historia se repite pero en clave de farsa, pero no era más que una ingeniosidad; las cosas no se repiten y las redacciones, menos. Tanto, que el concepto histórico de redacción como alma mater, casa-cuartel y escuela de formación profesional sin desaparecer del todo, sí que se ha diluido.

La redacción ha emigrado al éter, ya no es el cenáculo que te acunaba y abroncaba, y el periodista transporta en sus metafóricas alforjas una idea o mejor una práctica de redacción allí donde vaya. No solo puede trabajar en casa, lo que ya era común desde hace años, sino que con el smartphone accede a donde sea preciso en una variedad de plataformas, para hacer directamente el periódico.

 

En las redacciones más modernas el plumilla y el fotero necesitan adquirir nuevas destrezas, como estar permanentemente atentos a las redes sociales a título de buscadores o exploradores de todo aquello que ahora se llama viral; los analistas valoran al día, al minuto, si se cumplen los objetivos de visitación exterior de los diversos productos de la casa al tiempo que la publicación se instala con texto, vídeo, tertulia o análisis en las redes, incluso antes de decidir qué, cómo y cuándo, si ese es el caso, encuentre acomodo en la web del periódico, no digamos ya si llega hasta las venerables páginas del impreso. Y no hace falta decir que el periodista clásico ha tenido que hacerse de unos conocimientos de informática aplicada, con los que no hace tantos años ni se soñaba.

 

El lugar físico que llamamos redacción, continúa, con todo, existiendo y aunque no está prohibido que el ser humano se siga dirigiendo la palabra, la necesidad del contacto en reuniones, congregaciones y comparecencias personales se ha reducido hasta lo mínimo. Todo se puede hacer más rápida y eficazmente por la comunicación inalámbrica de forma que planes, sugerencias, hasta debates se desarrollan en zonas y formas predeterminadas del uso de Internet. El Slack está ahí para eso, un foro permanente, general, seccional o del ámbito que se le asigne, para que quien corresponda sepa todo, discuta todo, decida todo.

 

Se trata de la peligrosa inercia de creer que todo está y se puede hacer sin salir de Internet

 

Pero esa nueva realidad no deja de encerrar peligros que las mejores redacciones deben saber conjurar. Se trata de la peligrosa inercia de creer que todo está y se puede hacer sin salir de Internet, lo que es terriblemente cierto, pero con una trampa añadida, que sería especialmente dañina para el gran periodismo que nos queda, el de investigación, que ha de facilitar el valor añadido de lo propio porque lo que sabe todo el mundo, dan las agencias, repiquetean los medios audiovisuales, y se acepta prima facie, es material de segunda mano. Lo propio, que es la materia prima natural del periodismo de investigación, tiene un componente que todo el océano electromagnético no necesariamente posee: la persona, el momento, la palabra, el gesto, la figuración de lo que está pasando. Tocar humanidad sigue siendo imprescindible y hay que felicitarse de que las ondas nos faciliten mensajes de a dónde ir, a quién preguntar, qué hay que ver para describir e interpretar. Esa es la parte que nos remite a nuestra propia historia periodística, no porque sea idéntica a cómo lo hicimos en el pasado, sino porque es lo que los ingleses llaman la extra mile, el paso —o los pasos— que hay que saber dar para ofrecer al consumidor, o usuario o navegante o visitante, algo de nosotros mismos.

 

Está de moda hablar de periodismo digital como si fuera un contenedor aparte, hecho de efluvios intangibles, y aunque periódicos digitales sí que es evidente que los hay, me permito creer que la justificación histórica de nuestro trabajo sigue siendo la misma: el periodismo, aunque sea con redacciones ultramodernas y diferentes, es la técnica o el oficio de la cultura con la que se trata de explicar al público por qué pasan las cosas que pasan.

 

One thought on “¿Existen aún las redacciones?: M.A. Bastenier (El País)

  1. El periodismo se ha modificado, ha ido evolucionado a lo largo de los años y ahora lo que corresponde es que los periodistas se adapten lo mejor que puedan a las nuevas tecnologías, desde mi perspectiva el problema no está en si siguen existiendo las redacciones o no, para mí el conflicto está en cómo el periodista tiene que estar al pendiente de lo que sucede no sólo a su alrededor, sino en el mundo.
    Las redacciones siguen, son parte del periodismo más literario -desde mi perspectiva-, de aquel que aún sigue la investigación paso a paso y necesita un lugar de trabajo para poder tener una redacción que complazca al lector, pero desde el ingreso del Internet a la información esto evolucionó y no porque se volvieran obsoletas las redacciones -en realidad son muy necesarias-, pero la rapidez con la que sale la información es lo que ha provocado que ya no se necesite concentrar al equipo en un solo lugar.
    El periodismo continúa y nos llena de esperanza saber que la investigación sigue, pero en el periodismo de día a día, aquél en donde se hacen las notas que son noticia, el estar en una oficina cierra la visión, no se puede continuar haciendo eso y se pierde un aspecto fundamental, la mayoría de los usuarios de redes sociales pueden publicar y dar su opinión, con esto ganar la noticia. La gente ya no se espera a que salga el diario cada 24 horas, se necesita rapidez y eso no lo dan las redacciones, ha cambiado y eso es lo que se debe de entender.
    A diferencia de lo que tienen las personas, los periodistas dan certificación de la publicidad, razón por la cual el periodista debe de estar en el lugar de los hechos, conectarse e informar en el minuto a minuto, es necesario que las redacciones ahora sean virtuales, que los lugares se den en el ciberespacio, se pierde la comunicación interpersonal, pero se recupera con el periodismo de investigación en equipo, aquel que también se necesita y que a veces parece olvidado por la nota día a día.

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