Un hombre pequeño: Marco Levario Turcott (Etcétera)


Un hombre pequeño

Marco Levario Turcott, Etcétera

06 de septiembre 2016

Este es un hombre pequeño. Pero por favor no se confundan, cuando digo hombre pequeño me refiero a la mirada despectiva que le dirige a su interlocutor, a sus aires de suficiencia con los que arenga, mueve las manos, interrumpe, apela, interpela y, en momentos casi grita; es decir,cuando digo hombre pequeño me refiero a sus aires de superioridad respecto del otro.

Es el periodista que enfrenta y si puede tritura al Presidente, a quien le exclamará que él es, el hombre pequeño, parte de las millones de personas que no nos identificamos con lo que hizo Enrique Peña Nieto cuando estuvo frente a Donald Trump. Que eso quede claro. No importa que durante más de cuatro años el periodista hubiera apoyado al político, que dirigiera sus misiles contra los adversarios de ese político y que hiciera la cabeza a un lado o de plano la inclinara para así eludir los temas que le eran incómodos al oficialismo. Lo de hoy es pegarle a ese oficialismo, desmarcarse, deslindarse porque los tiempos marcan otras direcciones e intereses, y esos tiempos transcurren en dirección opuesta a la memoria.

 

El hombre pequeño es el centro de la atención, o al menos eso pretende. Entrecierra los ojos en señal de paciencia infinita frente al obcecado interlocutor; refunfuña, irrumpe y concede; al diablo con la prudencia, parece decir, aunque ésta, la prudencia, no haya sido nunca su más alta virtud, porque ahora México está enojado, nos duele a todos, le duele a él, al periodista que comprende la ira y se funde con la ira, la impotencia, el enojo, por eso es que se atreve, que encara, acota y corrige. Aplaudamos porque el rey ha muerto antes de tiempo y que viva el rey hasta el momento de deslindarse de él y mostrar independencia y libertad. No importa la mesura que cuestiona pero que argumenta, que plantea, no que insulta, que busca en el interlocutor el espacio de diálogo, la argumentación y en efecto, desde luego, la polémica. Lo que interesa es sobresalir entre los sectores que creen, y muchos lo creen, que insultar sí es de valientes, de los que se atreven, de los que no tienen atavismo alguno ni más compromiso que las audiencias (aplausos). “Usted da la impresión de que ni noqueando gana”, le espeta atrevido el hombre pequeño que confronta, provoca, vilipendia. Por fin llegó su momento de gloria ante su estulticia de antaño y así lo disfruta. ¡Luces, cámara, acción!: los reflectores son suyos, Carlos Marín es un emblema del pragmatismo triunfador y así lo entiende: “Usted debió hacer un reclamo por la dignidad de la nación”, le indica al Presidente (clap, clap, clap).

 

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