Televisa y las estrellas: Alvaro Cueva (Milenio)


Por Alvaro Cueva Publicado en Milenio.

El problema de los cambios en Televisa es que son tantos, tan radicales, de tantos tipos, en tantas áreas, que no hay manera de asimilarlos.

No sé usted, pero yo, entre cancelaciones y lanzamientos, tengo contabilizados 23 temas periodísticamente desarrollables.

¿A qué hora se los reporto? ¿Con qué profundidad? ¿Qué hago, mientras tanto, con los demás estímulos de las demás señales? ¿Los ignoro?

Y esto es lo que me pasa a mí, que me dedico a ver televisión. ¿Cómo le hace usted?

¿Cómo le hace un televidente común y corriente para elegir entre tanto relajo?

¿Cómo le hace una persona ajena al gremio artístico para quedarse con alguna de estas novedades teniendo tantas otras en el resto de la televisión abierta, de la televisión de paga, de las plataformas como Netflix y de internet?

Me siento confundido, como si me hubieran metido a la fuerza a una clínica de rehabilitación para corregir mis hábitos y costumbres sin siquiera haber sido adicto a algo. ¿Usted no?

A lo mejor no son cambios tan fuertes, a lo mejor es la misma gata revolcada, pero todo ha sido tan violento, tan grandilocuente, que queda una sensación como de fin del mundo.

Yo, como crítico de televisión, le quiero ofrecer una disculpa, porque a menos de que juegue a dedicarle solo dos renglones a cada estímulo no va a haber manera de hablarle con calma de cada uno de estos estrenos en menos de tres semanas.

Esto sin contar con que mis espacios no son exclusivos de una sola televisora y con todo lo que se nos va a atravesar de aquí a entonces en el resto de las ventanas que integran la industria de la televisión.

Podría comenzar por comentarle algún noticiario, alguna serie o alguna telenovela, pero no, voy a empezar por lo más importante, por la transición de El Canal de las Estrellas a Las Estrellas.

Me queda claro que los ejecutivos de Televisa, como los de todas las corporaciones mediáticas, son conscientes de que ahora hacen algo más que televisión.

Por lo mismo, como Tv Azteca hace un par de años, están ansiosos por modernizar sus marcas eliminando las palabras asociadas a los medios de antes como tele y canal.

Por eso el cambio. La palabra canal de la expresión El Canal de las Estrellas les sonaba anticuada.

La bronca es que, mientras esto ocurría en su contexto, en el nuestro, por diferentes razones, las marcas y los logotipos se han convertido en algo sagrado, intocable.

Se puede cambiar, se vale, es necesario, pero hay que hacerlo con tacto, como un asunto que se presenta de manera especial en un gran evento con muchos invitados de adentro y de afuera de las empresas.

¿Por qué? Porque esto involucra a todos los afectados, los hace sentir como parte de algo bueno, de una evolución, de un avance.

 

Y porque en ese evento, por regla general, se explican las razones del cambio, se siembra en la mente de propios y extraños una nueva forma de ser, de sentir y de pensar.

La transición de El Canal de las Estrellas a Las Estrellas ha sido todo lo contrario, un cambio más del montón de Televisa y eso no puede ser.

El Canal de las Estrellas, en México, es una religión, la verdadera Secretaría de Educación Pública.

No se lo pueden mover a las audiencias de un día para el otro como no se puede pasar del catolicismo al protestantismo de la noche a la mañana.

Por eso vemos todo lo que está pasando: que si el rechazo, que si los memes, que si la gente que dice que el nuevo logotipo se parece a otros, que si las interpretaciones oscuras.

Fíjese todo lo que pasa cuando las cosas se hacen a la carrera.

La bronca del nuevo nombre de El Canal de las Estrellas (luego hablamos del logotipo) es, básicamente, una cuestión de gramática.

Como que lo hicieron en otro país o como que lo hicieron personas que hablan otro idioma, que no entienden los antecedentes de esta marca.

El canal de las estrellas es una expresión compuesta por dos elementos: el canal y de las estrellas.

El canal es el sujeto. De las estrellas, la partícula que lo complementa, que lo modifica.

Si quitamos el canal nos quedamos con el puro complemento, sin sustancia, sin nada.

Es como si Coca Cola borrara la palabra Coca y se quedara solo con el Cola.

Usted no pide una Cola, ¿verdad? Pide una Coca.

Aquí es lo mismo. Uno no miraba las estrellas. Uno miraba el canal.

Tan fácil que hubiera sido iniciar esta transformación de otra manera, deslizando poco a poco el eje de la imagen de esa señal hacia el concepto las estrellas hasta que fuera el mismo público el que lo pidiera.

Porque la idea de evolucionar no es mala. Está mal planteada.

Lo más triste es que esto, que es lo más importante de todos los cambios que estamos viendo en Televisa, es lo que menos juega, lo que menos destaca.

Y no se vale. Es como si hubiera sido un capricho, algo sin justificación. ¿O usted qué opina?

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