Marín, Francisco y “MILENIO”…; Juan Pablo Becerra-Acosta (Milenio)


Por, Milenio, publicado en Milenio

Faltaban unos días para las elecciones presidenciales del 2000. Yo redactaba una columna diaria en El Sol de México y sus periódicos hermanos por todo el país. También hacía, de cuando en cuando, reportajes especiales.

Mi padre, Manuel, tenía una columna semanal aquí, en MILENIO, cada lunes. De hecho, este era su espacio desde que se fundó nuestro diario hasta que mi padre murió en junio de ese año en España, donde pasaba buena parte de su vida desde que inició su exilio en el sexenio salinista, cuando era director del unomásuno que había fundado en 1977, luego del golpe echeverrista contra el Excélsior del cual había sido subdirector.

En medio del dolor por mi orfandad paterna, Carlos Marín me llamó por teléfono. Fue el mismo día de su muerte, el 23 de junio. Me ofreció que viniera aquí, “a ocupar” la columna de Manuel. Platiqué con mi familia y le dije que sí, que no la ocuparía pero que sí trataría de honrarla cada semana, como procuro hacerlo cada lunes.

Luego empecé a hacer crónicas, entrevistas y reportajes en el diario, en MILENIO Semanal y más adelante mi querido Ciro Gómez Leyva me invitó a conducir noticiarios en MILENIO Televisión, donde estuve un año hasta volver a lo que más amo, que es estar en la calle reporteando. Y ya llevo aquí, de mis 32 años de andar en el oficio, casi la mitad de mi andar periodístico.

Grupo MILENIO, de muchas formas herencia emocional y periodística de mi padre hacia mí, es mi casa hasta hoy.

Mi padre en primer lugar, inigualable en mi opinión por su agudísimo olfato periodístico, por su vastísima cultura y abundante información, y luego Marín y Ciro son los tres mejores periodistas que he conocido. Y creo que conozco a todos los más importantes que han trabajado desde los 80 para acá en la Ciudad de México. Cada uno con sus cualidades periodísticas particulares, pero los tres me inspiran un respeto absoluto.

Marín nunca me ha censurado un tema. Nunca, y vaya que he escrito duro, durísimo en esta columna. Nunca me ha impedido reportear ni un solo tema, y vaya que he tratado los más conflictivos asuntos, de inseguridad, por ejemplo. Hemos tenido diferencias, pero es nuestro privilegio diferir como se debe hacer en esto: al final se imponen los datos duros.

Me ha encomendado desde la semana pasada algo que acepté con mucho gusto y agradecimiento, porque en el fondo se trata de lo que procuro hacer junto a mis demás compañeros reporteros y fotoperiodistas que (todos) tienen talento y mucha capacidad, aunque ahora debemos hacerlo mucho-mucho mejor, porque también hemos errado: en equipo, y sin adornos protagónicos, debemos generar más contenidos informativos de mayor calidad para satisfacer lo que nuestros lectores y televidentes nos exigen en todas nuestras plataformas: pulcritud y contundencia.

Gracias pues a Marín y a mi querido Francisco González por su generosa confianza…

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