Periscope y el #vecinogandalla: costos y beneficios: Nuria Valenzuela (nexos)


Por Nuria Valenzuela, publicado en nexos

El city manager de la Delegación Miguel Hidalgo y su programa #vecinogandalla han detonado acaloradas discusiones en los últimos meses. No es para menos, el tema tiene múltiples aristas: el uso de la vergüenza como estrategia de política pública, el uso de redes sociales por parte de las autoridades, el derecho a la imagen y protección de datos personales, el principio de legalidad y el fomento a la transparencia de las acciones de gobierno. Las consideraciones y los matices son tan diversos que resulta sencillo perderse en la discusión.

Una manera útil para entender muchos de estos temas que involucran el comportamiento de las personas y la eficacia de las políticas públicas es el concepto del análisis costo-beneficio. Todos guiamos nuestras acciones a partir de los costos y beneficios que esperamos obtener. Con esto no estoy implicando que la gente vaya con una calculadora en mano computando cada paso que da, es algo que se hace de manera intuitiva. Basta un ejemplo sencillo para ilustrarlo. Una persona con prisa debe detenerse en una farmacia que no cuenta con estacionamiento y toma la decisión de estacionar su coche en frente, sabiendo que está prohibido. El análisis costo beneficio consiste en identificar los costos esperados y contrastarlos contra los beneficios esperados. En este caso el beneficio esperado es conseguir el medicamento que necesita en el menor tiempo posible. El costo esperado es la multa por estacionarse en un lugar prohibido ponderado por la probabilidad de ser multado. Dado que espera salir rápidamente de la farmacia, considera que la probabilidad de ser multado es prácticamente cero, lo cual hace que el costo de la multa sea irrelevante. El beneficio es mayor al costo. Su decisión sería distinta si, por ejemplo, hubiera un policía de tránsito a la vista.

Bajo esta lógica, es fácil entender que el uso de la vergüenza como política pública resulte atractivo: aumenta los costos esperados. No es lo mismo pagar una multa que ser exhibido públicamente. Los detractores de estos mecanismos argumentan que este tipo de acciones suelen violar los derechos humanos y constituyen un castigo demasiado severo, en particular cuando se utilizan redes sociales, pues la exhibición se potencializa. Estas consideraciones no son menores y ciertamente es un debate que debe tenerse; sin embargo, esa discusión nos hace perder de vista el verdadero problema con el programa #vecinogandalla, el cual exhibe a vecinos que en una de esas son más racionales que gandallas.

Para que nosotros como ciudadanos seamos capaces de realizar un análisis costo-beneficio, resulta indispensable tener los elementos suficientes para poder calcular nuestros costos. Esa es la lógica de fondo de la seguridad jurídica y el principio de legalidad nos brinda esta certeza. Las autoridades no pueden actuar de manera arbitraria y discrecional, de lo contrario, viviríamos en la absoluta incertidumbre de manera permanente.

Aplaudir el programa #vecinogandalla no es sólo festejar –desde el banquillo de la superioridad moral, dicho sea de paso– el que se castigue a quien viola las normas, es también avalar el que una autoridad defina de manera arbitraria y discrecional nuevas sanciones. Si bien Arne aus den Ruthen se escuda en el hartazgo de la población y en la incapacidad de las autoridades para hacer cumplir las leyes, no debemos perder de vista que este tipo de mecanismos serían severamente condenados si el contexto fuera distinto. El fin no debe justificar los medios y sentar este tipo de precedente resulta gravísimo.

Por otro lado, si bien la actuación arbitraria por parte de la autoridad debe ser condenada, tampoco se trata de caer en puritanismos en cuanto a la definición de atribuciones de los servidores públicos. El uso de redes sociales, por ejemplo, o la iniciativa para crear programas públicos innovadores que mejoren el desempeño del gobierno deben ser incentivados a pesar de que excedan las atribuciones específicas de los funcionarios. Esto es, siempre y cuando este tipo de acciones no afecten (eleven los costos esperados) a la ciudadanía si no se cuenta con la atribución para hacerlo. Ciertamente, este no es el caso de #vecinogandalla.

Suponiendo sin conceder que el city manager de la Miguel Hidalgo tiene como único objetivo el transparentar sus acciones, su estrategia resulta deficiente, por decir lo menos. Cuesta trabajo pensar que el problema de la basura se resolverá yendo de casa en casa regañando a los vecinos. En realidad está escogiendo de manera aleatoria (en el mejor de los casos) a personas para utilizarlas como ejemplos vivientes de la falta de civilidad que nos caracteriza, elevando drásticamente sus costos esperados de cometer una falta administrativa al exhibir su cara, el lugar en donde vive, las placas de su coche y el lugar donde trabaja. Resulta preocupante que sobre él recaiga, sin ningún tipo de parámetro preestablecido, el determinar cómo, cuándo y dónde iniciará y terminará sus famosas transmisiones en vivo. De paso, quizá de manera involuntaria, se está haciendo autopromoción y violando –discutiblemente– el artículo 134 constitucional.

El problema de #vecinogandalla no es que esté aumentando los costos esperados de cometer una falta administrativa –lo cual podría resultar incluso deseable– sino que el apoyo ciudadano a este programa reduce el costo para las autoridades de actuar arbitrariamente. La cereza en el pastel: el aumento del beneficio individual esperado del buen Arne aus den Ruthen.

Ver nota original

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s