Voceros del poder; John M. Ackerman (La Jornada)


Por John M. Ackerman, publicado en La Jornada

Andrea Legarreta y Raúl Araiza nos han hecho el gran favor de transparentar el enorme fraude de los medios de comunicación electrónicos en México. Todos los días individuos sin talento, carisma, capacidad o conocimiento nos informan sobre el acontecer nacional desde las cámaras y los micrófonos de Televisa, Tv Azteca, MVS, Radio Fórmula y otros consorcios mediáticos. Muchos ya lo sabíamos, pero ahora queda perfectamente claro que estos conductores en realidad no conducen nada, sino que son simples voceros del poder.

Después de mentir a la audiencia de Televisa sobre la supuesta falta de impacto de la devaluación del peso en la economía popular, Legarreta aclaró vía Twitter que “en un programa de televisión los contenidos, menciones y secciones no los escribimos los conductores”. La periodista también señaló que ella y Araiza “sólo somos el medio para hacerle llegar al público lo que esos anunciantes quieren compartir”.

En otras palabras, gran parte del periodismo mexicano ha perdido toda capacidad de reflexión o análisis propio. Los informadores que vemos en la pantalla y escuchamos en la radio no son más que autómatas que se dedican a repetir como pericos un guión escrito por los políticos corruptos y los oligarcas saqueadores. Estos grupos de poder saben perfectamente bien que si los medios electrónicos se pusieran al servicio de la verdad y de los intereses generales, el pueblo se levantaría y expulsaría inmediatamente a los parásitos del poder. Carmen Aristegui perdió su empleo en MVS el año pasado precisamente porque se había atrevido a seguir los dictados del profesionalismo periodístico en la conducción de su programa radiofónico.

En lugar de aplicar exámenes punitivos a los dignos maestros de primaria y despedir a comunicadores independientes, haríamos bien en evaluar primero a los conductores de los programas de radio y televisión. ¿Carlos Loret de Mola aprobaría un examen sobre la historia de México? ¿Joaquín López Dóriga conoce los principios básicos de la economía? ¿Cuántos y cuáles libros ha leído Javier Alatorre en el último año? ¿Raúl Araiza tiene la capacidad de escribir un párrafo sin faltas de ortografía?

Los conductores que reprobaran el examen general de conocimientos diseñados por expertos en la materia tendrían que buscar otro empleo. Y los comunicadores que venden su palabra a los patrocinadores deberían ser separados inmediatamente de sus cargos. Todos los conductores tendrían que ser elegidos a partir de un riguroso proceso de selección y una amplia consulta a la sociedad. El espectro radioeléctrico pertenece a la nación y su utilización por empresas privadas debe estar sujeta a estrictos criterios de profesionalismo e independencia.

En general, el sector privado tendría que estar sujeto a los mismos estándares de transparencia y rendición de cuentas que el sector público, sobre todo cuando se trata de empresas que hacen uso de bienes públicos. ¿Quiénes y cuánto les pagaron a Legarreta y a Araiza para mentir a su audiencia? ¿Quiénes son los accionistas y cuáles son las relaciones políticas de la docena de empresas patito que fueron favorecidas con contratos millonarios durante la ronda uno de la privatización petrolera?

El diccionario de la Real Academia Española define la palabra fraude como acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete. México hoy sufre no solamente bajo los efectos de los constantes fraudes electorales, sino también a causa del permanente fraude mediático que violenta todos los días la verdad, la ética y la rectitud.

En este contexto, las universidades públicas tendrían que fungir como contrapesos claves. Como instituciones diseñadas para fomentar la cultura y el análisis, son sedes ideales para articular el pensamiento y la crítica social tan necesarios para salvarnos del naufragio nacional. Y los medios de comunicación universitarios tienen la función esencial de poner en acción este pensamiento crítico para compensar por la desinformación estructural de los medios privados.

Es por ello que sorprende y decepciona tanto la decisión del flamante rector de la UNAM, Enrique Graue, de invitar a un locutor de Televisa, Nicolás Alvarado, como nuevo director de Tv UNAM. Tal nombramiento envía una terrible señal de desprecio y desconfianza hacia la comunidad universitaria de la máxima casa de estudios.

La buena noticia es que el tamaño del miedo del sistema autoritario a la pluralidad informativa es exactamente proporcional a la debilidad del control real que tiene sobre las mentes y las almas de los mexicanos. Ignorando, matando y encintando la boca de los mensajeros no reducirá el descontento, sino solamente lo aumentará en un crescendo cada vez más presente y contundente.

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One thought on “Voceros del poder; John M. Ackerman (La Jornada)

  1. El periodismo siempre ha sido corrompido por los intereses del gobierno en turno, eso es bien sabido. Pero ante tal degradación de una profesión, los individuos deberíamos saber de antemano que los voceros de programas de entretenimiento jamás podrán tener una visión objetiva. Debemos de buscar otras fuentes, así como personas dignas de ejercer el periodismo y no conductores que tratan de dar información tergiversada.
    No coincido con la precisión que hace el columnista al decir que deberían aplicarles exámenes a los diferentes conductores de televisa. No creo que ese sea el punto más importante. Hay otro factor primordial, a mi parecer, que es de especial atención; me refiero al público.
    No me opongo a la idea de que la televisión mexicana debería de contratar buenos conductores y manejar contenidos importantes. Pero ante un país en donde la mayor parte de la población pertenece a la clase trabajadora, y que no concluyo la educación media superior. Hablaríamos de lo que bien dice la teoría de Usos y gratificaciones, con los aportes de Elihu Katz, pues establece que la gente no dejará de ver este tipo de contenidos, por más errores garrafales que hayan cometido los conductores.
    Hay en todo ello una gratificación, y simplemente el espectador lo ve porque lo entiende y se siente bien. Un público que prefiere los comentarios sencillos, y el entretenimiento.
    Sugeriría a John M. Ackerman poner atención al consumidor de los medios más que los mensajes de estos, y tomara en cuenta su conducta comunicativa en función de su experiencia directa con los medios. Es decir, contemplar a los miembros del público como usuarios activos del contenido de los medios, más que como pasivamente influidos por ellos.
    El problema no sólo es de los medios, a mi parecer es más complejo, habla de la interacción social en donde muchos de los valores se han perdido. Y esto se debe al ritmo de vida. Como ya lo dije, un mexicano busca sobrevivir día con día, y no está dentro de sus prioridades inmediatas la manera de informarse.
    Nosotros como estudiantes universitarios y el columnista como especialista tiene la labor muy importante de generar estrategias que hagan posible que las personas ya no se sientan a gusto con contenidos superfluos.
    Buscar una manera en que la sociedad se informe, se cuestione y que no acepte todo lo que de alguna manera u otra lo dicta el gobierno en turno.
    Hace falta más profesionalismo. No hay que dejarse corromper por los intereses económicos. Se debe trabajar para la sociedad y no para uno mismo. Resalto la parte más importante del texto de Ackerman: gran parte del periodismo mexicano ha perdido toda capacidad de reflexión o análisis propio.

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