El fin del periodismo mexicano (Nexos)


Por Nexos

25 ENERO, 2016

Escribo esta nota con preocupación y como provocación. Al hacerlo me pregunto si debo matizar y decir que lo que se acaba no es el periodismo mexicano sino los periódicos mexicanos. Sé que la afirmación “el fin del periodismo mexicano” puede generar una reacción, obvia, entre muchas y muchos periodistas mexicanos diciendo que soy un exagerado o un idiota que no reconoce el trabajo de miles de periodistas que todos los días hacen lo mejor que pueden por sacar la nota. Pero aún así quiero discutir si uno puede decir que hay ciertos patrones que permiten darle sentido a esta irritante frase: “el fin del periodismo mexicano”

Digo que estamos viendo el fin del periodismo mexicano, porque creo que cada vez hay menos razones para que se pueda hacer y se haga buen periodismo en México. Cada día que pasa en el desempleo radiofónico Carmen Aristegui y buena parte de su equipo de investigación, uno tiene que preguntarse si se puede hacer periodismo de investigación en México sin tener que poner la posibilidad de tener una vida relativamente satisfactoria y cómoda en juego. Cada vez que recuerdo que las subsecuentes investigaciones a las de la Casa Blanca de Peña Nieto no se publicaron en medios mexicanos ni se firmaron por periodistas mexicanxs  me pregunto cómo puede ser que no haya habido periodistas en México con la ventaja comparativa de conocer los lugares investigados, entender a los actores de la historia, y tener capacidad para documentar con archivos oficiales las transacciones de la casa de Videgaray, por ejemplo. De alguna manera a corresponsables extranjerxs les resulta más fácil conseguir los archivos de un catastro municipal y ciertas entrevistas que a periodistas que viven y han hecho su trabajo en México.

Veo las primeras planas de los periódicos en México repletas de boletines de prensa parafraseados sino es que copiados, y filtraciones cuyo objetivo principal es desprestigiar a lxs adversarixs del filtradxr. Veo entrevistas que no dan mucha información excepto la autocelebración de funcionarios públicos que se celebran y son celebrados por medio-hacer su trabajo. Hacía años que no veía el noticiero de las noches de Televisa. Hace poco menos de un mes lo vi, y cada nota presentada era el boletín de prensa de cada oficina de comunicación social. El presidente en X dijo Y, el director del CFE inauguró P y dijo que Q, el Arzobispo declaró que T porque S., etc. La única nota que no era sólo boletín de prensa fue sobre un intento de desalojo ilegal en la colonia Condesa del DF en la que, sin mucha información, ponían la imagen de una mujer que parecía dirigir el desalojo mientras preguntaban al aire: “¿puede una mujer así tener un modo honesto de vivir?”. No quiero ni imaginar lo que sale en el noticiero de TV Azteca, o en noticieros aún menos profesionales como los de Excélsior TV.

Veo periodistas que desde sus columnas hacen el trabajo de voceros que los gobiernos federales y estatales son incapaces y encuentran innecesario hacer. ¿Para qué hacer conferencias de prensa si la versión del gobierno o de grandes empresas sobre cualquier tema se puede reproducir mediante columnistas en casi todos los periódicos? ¿Para qué exigir que se puedan hacer preguntas en público a funcionarios públicos, si todos los días hay “primicias” con una invitación privada a comer o tomarse un café?

También me acuerdo de cómo la investigación sobre la corrupción de Wal-Mart y varios gobiernos locales y estatales fue publicada en el New York Times. O de cómo hay periodistas amenazados primero, y asesinados impunemente después, por denunciar pequeños actos de corrupción y el contubernio entre criminales y funcionarios públicos. Me acuerdo del reportaje de la masacre de Tlatlaya publicada por Esquire y Associated Press. Esto no quiere decir que no hayan periodistas mexicanxs tratando de hacer el mejor trabajo posible. Claro que los hay. El problema es que cada vez encuentran más editores que por simple sentido de superviviencia física y financiera no quieren publicarlos, y entre más rápido lo sepan más probable es que mantengan sus trabajos.

En una presentación sobre el periodismo en México, Diego Petersen, dijo que en muchos lugares del país las oficinas de comunicación social de los gobiernos tienen muchos más periodistas contratados que las redacciones de los periódicos. Es un fenómeno que tiene sentido; si de todas maneras los gobiernos van a financiar el periodismo, mejor reducir el número de intermediarios entre el boletín de prensa y la publicación en medios.Todxs quienes hemos sido periodistas jugamos un papel en el estado de las cosas. Este papel no depende primordialmente de nuestros atributos personales, sino de las cartas que tenemos que jugar dentro de la industria periodística que ya está organizada de cierta manera.  Por eso vale la pena imaginar la cadena de producción completa. Cómo el dueño de un medio, para tener la publicidad que necesita para hacer negocio, tiene que nombrar de director del medio a alguien que tenga las relaciones personales y políticas para conseguir publicidad pública y privada. Cómo ese director tiene que dirigir a sus editores y periodistas hacia notas y formatos que no provoquen llamadas telefónicas de quienes molestos por la publicación de cierta información amenazan con ofenderse y llevar “su negocio de publicidad” a otro lugar. Al mismo tiempo hay que imaginar al periodista que hace la nota y se la rechazan, que se la editan a tal grado que la dejan irreconocible. Ese periodista tiene que aprender rápido y adaptarse al sistema. Tiene que producir notas que no son rechazadas si quiere conservar su trabajo.

Comúnmente se dice que en México no hay mucha censura porque lo que hay es “autocensura”. Pero tengo la impresión que ni siquiera es “autocensura”, es simple y llanamente una forma de periodismo. Si uno quiere ser un periodista competente tiene que conocer las reglas de lo que se premia y los límites que de lo que se publica y avanza una carrera. Es decir, ser un periodista “competente” en México no tiene que ver con informar mejor al público, sino con satisfacer las demandas internas a la industria. El que no aprende estas reglas deja de ser periodista porque deja de practicar periodismo. El que aprende estas reglas y las acata, no necesita enfrentar el dilema de la autocensura cotidianamente, simplemente tiene que hacer el trabajo en el que rutinariamente esos dilemas no se presentan. Cuando uno parafrasea un boletín de prensa no hay autocensura, no hay censura, no hay dilema; lo que hay es el periodismo que aprendió a hacer para hacer periodismo en México. ¿Para qué salir del escritorio o de la declaración de banqueta si de todas maneras se publicaría la nota que parece hecha en escritorio o con declaración de banqueta

Por esta última razón tampoco tiene mucho sentido lamentarse y decir “es que en México no hay buenos periodistas”. No es que no haya buenos periodistas, sino que no hay condiciones para que se publique buen periodismo. Vale la pena preguntarse qué medio mexicano quiere contratar a periodistas que no están formados en la escuela del boletín de prensa rutinario. ¿Qué medio quiere periodistas que producen notas que les resultan impublicables?

Es verdad que hay destellos de un periodismo que está fuera de los procesos de la industria de medios que describí en el párrafo anterior , y que internet es un lugar privilegiado para éste. Sin embargo, hasta ahora, los proyectos de periodismo en internet tienen recursos limitados, y no han sido capaces (por razones, entre otras, de infraestructura)  de llegar al grado de difusión de otros medios electrónicos. En contraste, quienes sí tienen los recursos financieros para expandirse en estos espacios que están hoy en alguna medida fuera del control de la organización del medios que existe en México, son los periódicos y páginas de internet extranjeras. Por eso el éxito de los reportajes del Wall Street Journal; por eso la expansión de la versión en español y con notas producidas en México del New York Times; por eso el incremento en la producción de El País versión México.  Sí, es en internet donde está el fin del periodismo tradicional, pero temo que también es la convergencia entre internet y la prensa extranjera donde está el fin del periodismo mexicano.

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