Aristegui, Lydia Cacho, Priscila, un año después: Ciro Gómez Leyva (El Universal/México)


Por Ciro Gómez Leyva, publicado en El Universal

El 8 de mayo del año pasado, poco después de las diez de la mañana, Lydia Cacho tuiteó: “Cuauhtémoc Gutiérrez ya tiene defensor oficial: es Ciro Gómez Leyva una vergüenza total”.

Horas antes, Carmen Aristegui había abierto fuego en su programa de radio en MVS. Me acusaba de servir a los peores intereses con información de baja ralea. Sus redes sociales me quemaban en leña verde. ¿Qué había, qué habíamos hecho?

Temprano por la mañana de ese jueves 8 difundimos en Radio Fórmula la declaración ministerial de Priscila Martínez, la supuesta enganchadora en la supuesta “red de prostitución” de Cuauhtémoc, el defenestrado líder del PRI en el DF.

Había corrido más de un mes desde la transmisión en MVS de aquella nota elaborada con voces anónimas y truqueadas para hacer pedazos a Cuauhtémoc, objetivo cumplido para entonces. Nosotros preguntábamos por qué ninguna de esas voces testificaba en el Ministerio Público para señalar en forma directa a quien en el programa de Aristegui llamaban “depredador sexual”.

A grandes rasgos, Priscila narraba en la declaración ministerial cómo le pagaron 60 billetes de 500 pesos para inventar la historia de la “red de prostitución”. Eran las primeras palabras expresadas por alguien con nombre y apellido. Eso no importaba en el mundo de Aristegui, Cacho y amigos. Virtuosos para descalificar y pontificar desde su pretendida y pavorrealesca superioridad moral, me llenaban, nos llenaban de lodo. No tolerarían la evidencia de que su “reportaje de investigación” era, en realidad, un montaje.

Ocurrieron muchas cosas en estos 365 días, entre ellas el fundamental trabajo de Aristegui y equipo sobre la casa de Angélica Rivera en Las Lomas. Pero en cuanto a Cuauhtémoc Gutiérrez, la información no se movió un milímetro. Lo anónimo, anónimo quedó. Las acusaciones penales no llegaron. Las sanciones al ex líder del PRI capitalino fueron políticas y la destrucción de su imagen.

A falta de datos sólidos, persistieron en la tarea de linchar a Cuauhtémoc, en uno de los casos de mayor racismo y clasismo que recuerde. Una infamia.

Pero como de aquel lado jamás se equivocan, no se disculparon. Qué vergüenza. En esa historia fueron y siguen siendo una vergüenza.

Lo dije hace un año. Lo repito hoy.

MENOS DE 140. Alerta en el PRI. El queretano Roberto Loyola baja en las encuestas y patina al defenderse en los medios.

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Un comentario sobre “Aristegui, Lydia Cacho, Priscila, un año después: Ciro Gómez Leyva (El Universal/México)

  1. En la presente columna, Ciro Gómez Leyva retoma el caso de Cuauhtémoc Gutiérrez, acusado de liderar una red de prostitución por parte del PRI. Gómez Leyva acusó, en ese entonces, a la periodista Aristegui por hacer una acusación de ese nivel sin datos sólidos que la sustentaran. La periodista Aristegui, Lydia Cacho y Prisicila acusaron, de igual manera, al colaborador de Radio Fórmula por defender al príista y por ser una vergüenza total para el periodismo.
    Gómez Leyva recuerda el hecho ocurrido un año atrás por la nueva investigación de Aristegui y su equipo: la casa blanca de Enrique Peña Nieto. La periodista contestó, en su momento, que habían tres víctimas del político quienes habían hecho la correspondiente denuncia.
    No obstante, más allá de las rencillas entre periodistas por diferencias ideológicas y líneas discursivas de sus correspondientes medios, resulta medular rescatar el hecho de que el conflicto entre ambos periodistas alcanzó una cobertura en medios, y pudo llegar a desplazar el verdadero meollo del asunto.
    No es la primera vez que un conflicto de intereses de la periodista Aristegui se vuelve noticia, no critico el hecho de que la periodista tenga el derecho de dar su opinión y tratar los temas como considere; sino más bien que las discusiones personales que tiene se vuelvan centrales en la agenda y puedan llegar a opacar sus investigaciones. Por citar algunos ejemplos podemos recordar el caso de Aristegui y Felipe Calderón al acusarlo de su supuesto alcoholismo o el caso de Laura Bozzo y Aristegui.
    Considero que resulta medular realizar un análisis de conciencia y reconocer cuándo los temas tienen relevancia para los ciudadanos por su relevancia en la vida pública, y cuando pueden resultar ser simples rencillas que terminan convirtiéndose en espectáculo.

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