Una cortina de humo: Álvaro Cueva (Milenio/México)


Por Álvaro Cueva, publicado en Milenio

Soy el más pesimista con este asunto de los nuevos canales porque es algo que se debió de haber hecho hace 20 años, porque no le va a ofrecer contenidos distintos a la gente y porque sólo va a servir para que dos corporaciones más se enriquezcan.

Pero no se van a enriquecer porque vayan a hacer más y mejor televisión. Se van a enriquecer con el poder político que da, automáticamente, el hecho de tener una cadena nacional de televisión abierta.

Porque para lo único que sirve y va a servir la televisión abierta en el más cercano de los futuros va a ser para eso, presionar a los diferentes niveles de gobierno con el fin de tener más bancos, más hoteles, más dinero. Los contenidos ya no están y ya no van a estar en la televisión abierta: van a estar en los sistemas de distribución en línea y en lo poco que quede de la industria de la televisión de paga.

La televisión abierta a estas alturas del partido vive y sólo va a vivir por y para la estimulación, los escándalos, las estridencias. Es un asunto de biología elemental, de “rating”. Si el canal se vuelve más corriente, va a tener mayores números. Si va a tener mayores números, va a seducir a más anunciantes. Si va a seducir a más anunciantes, se va a volver más rico.

Entre eso y vender drogas la única diferencia es, insisto, el poder político. Porque como los canales de televisión abierta son los que más le llegan a las clases menos favorecidas, que son las más numerosas y las más ignorantes, son los que mejor se traducen en votos, en control de percepciones, en manipulación política y social.

Fui el primer periodista en publicarlo y lo sostengo: sacar nuevos canales en este momento histórico es una cortina de humo para tener tranquilos a los ingenuos que siguen pensando que vivimos en 1989 y que siguen teniendo fantasías justicieras con el tema de los monopolios.

Hoy nada de eso es así y si la idea era presionar a la industria para que se incrementara la calidad de los contenidos, el camino era otro. Tan sencillo como esto: ¿Dónde está la gran cadena de televisión pública nacional que Enrique Peña Nieto anunció el día que tomó posesión? En el remoto caso de que se comenzara a trabajar en ella hoy, ni siquiera estaría lista para salir al aire y competir contra Televisa y Azteca en 2018. ¡Nos engañaron!

Y no, no dudo que Grupo Imagen Multimedia o que Grupo Radiocentro vayan a sacar uno que otro excelente programa. Son gente de bien que cuenta con grandes talentos entre sus filas. Pero por más que se esfuercen, por las características intrínsecas de la industria de la televisión abierta nacional e internacional, después de un periodo de apantallamiento terminarán produciendo la misma basura que todo el mundo.

De hecho, así que dijera usted: cómo están haciendo contenidos diferentes en la actualidad, pues no, no están produciendo nada glorioso, nada que le meta un susto a nadie.

¿Con qué elementos podemos echar las campanas al vuelo y decir que van a cambiar la historia de la televisión de habla hispana cuando comiencen operaciones a gran escala?

¿Pero sabe qué es lo más triste? Que gracias a estos nuevos canales toda la televisión abierta mexicana se va a abaratar. Como el mismo dinero que hoy se reparte entre dos muy pronto se va a dividir entre cuatro, habrá menos dinero para cada televisora, habrá menos trabajo, peores sueldo y producciones cada vez más austeras.

¿Ahora entiende cuando le digo que soy el más pesimista con este asunto de los nuevos canales? Hasta no ver, no creer, pero esto me huele mal, muy mal. Me decepciona. ¿Y a usted?

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One Reply to “Una cortina de humo: Álvaro Cueva (Milenio/México)”

  1. La licitación de dos nuevas cadenas causó gran polémica entre la sociedad mexicana, desde mi punto de vista, por dos razones principales, la primera de ellas se originó por la posibilidad y esperanza que generaba entre aquellos que veían la oportunidad de abrir nuevos espacios y nuevas alternativas a la televisión tradicional que genera contenidos vacíos y de mala calidad; la segunda, porque la disputa entre las empresas por la licitación sería mortal.
    Tal y como lo señala Álvaro Cueva, ganar la licitación conlleva ganancias, y no precisamente la de proponer nueva programación, sino la de ganar poder político y económico. De esta forma, considero que la Reforma en Telecomunicaciones no generó ningún tipo de transición para la sociedad mexicana, fue una reforma, como muchas otras, para la esfera del poder, para que mantengan el control de la riqueza y de la sociedad.
    No hablemos de una nueva era en la que se producen contenidos de calidad, o contenidos sociales que promuevan la educación y la identidad cultural, sino de novelas trilladas que construyen el argumento nuevo con el viejo, de noticiarios que dan cobertura al gobierno en turno, a los programas de esperanza y fe, y a la transmisión de partidos de fútbol pero no de los debates políticos.

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