Detrás del caso Aristegui: Alberto Aguirre (El Economista/México)


Por Alberto Aguirre, publicado en El Economista

Aun sin los micrófonos de MVS Radio, la voz de Carmen Aristegui suena con potencia. La conductora con más credibilidad en el dial de las emisoras capitalinas tuvo que buscar rutas alternas para difundir su verdad, después de que quedaran definitivamente rotas las negociaciones con la familia Vargas Guajardo.

En sendas entrevistas con Proceso y Reforma, además de un briefing con los principales medios extranjeros y un videomensaje a quienes apoyaron su causa en Change.org, la ex titular de Primera Emisión de Noticias MVS delineó las razones detrás de su cese fulminante; el escándalo desatado por las casas de las Lomas y de Malinalco —más que el tema de Méxicoleaks y el presunto uso indebido de la marca- constituye una determinante.

Las últimas escaramuzas de este diferendo fueron reveladoras. Aristegui dijo al periodista Jenaro Villamil que “hubo una petición para que ese trabajo (el reportaje sobre la casa de Angélica Rivera en Las Lomas) no se difundiera en MVS” y de inmediato la empresa negó tajantemente esos señalamientos.

Palabra contra palabra. El contrato de prestación de servicios profesionales firmado por la periodista y Alejandro Vargas Guajardo, representante de MVS Radio, contiene tres anexos. El anexo B estableció un acuerdo general de política editorial y las reglas de conducta ética y allí quedó contemplado el “arbitraje particular de buena voluntad” aplicable en caso de un diferendo en el entendimiento o interpretación de los criterios. Ambas partes acordaron que esa figura fuera José WoldenbergKarakowsky, quien aceptó ese cargo el 23 de junio del 2014.

Y Aristegui invocó al mediador después del diferendo por Méxicoleaks. El ex presidente consejero del IFE se encontraba en San Francisco, California, cuando recibió un telefonema de la periodista, el domingo 15 de marzo. Woldenberg se comprometió a buscar inmediatamente a Vargas Guajardo y cuando lo contactó, el empresario se comprometió a regresarle la llamada, en cuanto consultara a sus abogados.

Pasaron 48 horas y no llegó la respuesta. Vino una nueva ronda de llamadas hasta que el director de MVS Radio notificó que el consejo de administración consideraba que no tenía cabida el arbitraje, pues el diferendo tenía que ver con asuntos de gobierno corporativo y no con asuntos de contenido. Para entonces ya habían cesado a 18 empleados adscritos a la Primera Emisión de Noticias MVS, de los cuales la mitad estaba contratado bajo el régimen de honorarios. Al cierre de la semana, sólo cinco de ellos habían rechazado la indemnización ofrecida por la empresa.

Inicialmente, el grupo había explorado una acción colectiva en instancias nacionales e internacionales para denunciar la violación de sus derechos laborales y humanos. Y mientras los inconformes recaban evidencias para acudir a la Junta Local de Conciliación y Arbitraje, la conductora ha definido la vía civil para demandar a los hermanos Vargas Guajardo, por incumplimiento de contrato.

El “conflicto entre particulares” —según la caracterización del gobierno  federal— no tendrá una resolución conciliatoria. Y si los abogados de los periodistas despedidos apelan a las disposiciones de la nueva Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, podría cambiar dramáticamente su curso; particularmente la fracción segunda del artículo 216, que faculta al IFT para “vigilar y sancionar las obligaciones en materia de defensa de las audiencias”.

¿Cuándo comenzó la aniquilación de este grupo de periodistas? Sólo dentro del Grupo MVS lo sabrían con precisión, aunque es sabido que el diferendo tuvo capítulos previos. Justo hace un año —para citar uno de los eventos relevantes— en las principales vialidades del Distrito Federal fueron visibles anuncios con Aristegui en la revista Mujer Ejecutiva, a propósito del Día Internacional de la Mujer, pero no le consultaron sobre tal campaña propagandística.

(Aquella ocasión, por cierto, las tres fotografías que ilustraron la portada y el texto del artículo eran de una de las campañas de MVS para promover Primera Emisión. ¿Entonces también hubo un mal uso de la marca y los recursos de la empresa?).

Sorprendida por ver su imagen en vallas y espectaculares, Aristegui saludó la generosidad de los editores de la publicación fundada por Walter Coratella, quienes usaron su imagen para promocionar el relanzamiento de la publicación. En cambio, observó con suspicacia los reportes de las llamadas telefónicas recibidas por centenares de capitalinos en sus domicilios, de parte de encuestadores que se identificaron como militantes de Morena, quienes preguntaban opinión y conocimiento sobre algunas figuras femeninas, entre ellas la titular del noticiero principal de MVS. Las preguntas finales de ese cuestionario se referían a su posible nominación como candidata a diputada federal, a senadora o a jefa de gobierno.

En el entorno de Aristegui dudaban que el partido de Andrés Manuel López Obrador hubiera recurrido a una pushpoll para identificar probables candidatas para el 2015. Y a propósito de una hostilidad generada por su ausencia en la presentación de un libro de Roberto Saviano, en el marco de una feria del libro, y otros incidentes ocurridos en las redes sociales en los meses anteriores —memes denostativos, trolls, bots y otras agresiones que hubieran ameritado la intervención de la policía cibernética—, asumieron que las preguntas sobre su probable postulación eran otro montaje que buscaba ralentizar su trabajo periodístico.

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