Carmen Aristegui: sangre y espectáculo: Gerardo Esquivel (El Universal/México)


Por Gerardo Esquivel, publicado en El Universal

Para Carmen, Daniel, Irving, Rafael y el resto del equipo

Hay dos interpretaciones muy distintas sobre lo ocurrido en el conflicto MVS-Aristegui. Por un lado, hay quienes alegan que el tema es entre particulares y que se trata de un conflicto básicamente laboral y de abuso y pérdida de confianza. Por el otro, están los que creen que se trata de un tema de interés público y en el que está en juego el tema de la libertad de expresión en el país.

La primera versión es insostenible. No sólo es absurdo que una empresa aluda a un mal uso de la marca, cuando en realidad la relación que estableció Aristegui con Mexicoleaks era de índole periodística y no comercial. A menos, claro, de que estuvieran en contra del proyecto como tal, lo cual fue negado por la empresa en un comunicado posterior. Por otro lado, al haberle otorgado independencia editorial, también es claro que le daban libertad a Aristegui para que ella tomara las decisiones que considerara relevantes para la mejor realización de su trabajo (dentro de ciertos límites, por supuesto). La participación de parte del equipo de Aristegui en Mexicoleaks se daba entonces en ejercicio de esa independencia. Además, como bien lo aclaró el ómbudsman de MVS, en el portal de Mexicoleaks no se utilizó nunca el logo de MVS, lo cual contradice una especie muy difundida sobre el uso indebido de éste. Lo único que aparecía en el portal era el nombre de MVS como parte de la afiliación institucional de algunos de los miembros del equipo periodístico. En cualquier caso, es completamente inverosímil que un detalle como éste hubiera desatado una respuesta de parte de MVS tan desproporcionada y estridente.

La virulencia injustificada de la respuesta de MVS y la súbita aparición de unos (a)lineamientos que pretendían restringir la libertad editorial y de investigación de Carmen Aristegui, tampoco abonan a la credibilidad de un súbito malestar derivado de un uso indebido del nombre de la empresa. Todo esto más bien parece ser parte de un guión cuidadosamente preconcebido. En particular, todo parece indicar que desde alguna parte del poder se orquestó una escenificación que culminó con la salida de Carmen Aristegui. Es claro que las investigaciones del equipo de Carmen en torno a la Casa Blanca y a otros conflictos de interés afectaron la credibilidad de este gobierno. Hoy sabemos también que hubo intentos previos por censurar la difusión de la investigación en los noticieros de MVS. Así, las sospechas apuntan al gobierno y, en particular, a personas muy específicas dentro de la administración.

El actual coordinador de Comunicación Social de la Presidencia y ex vocero presidencial, Eduardo Sánchez, fue vicepresidente jurídico y abogado de MVS por varios años. Hasta enero de 2014, había sido subsecretario de Medios y Normatividad de la Secretaría de Gobernación, en donde tenía como subordinado a Andrés Chao, quien eventualmente lo sustituyó en la Subsecretaría al pasar el primero a ocupar la vocería presidencial. Andrés Chao es a su vez hermano de Felipe Chao, actual vicepresidente de Relaciones Institucionales de MVS y quien ha actuado como vocero de la empresa en todo este conflicto. Es ilógico pensar que con tan estrechas relaciones entre funcionarios de Gobernación y Presidencia con MVS no haya habido algún tipo de comunicación sobre el tema en cuestión. Si lo hablaron ex ante, mal, pues revelaría la colusión. Si lo hicieron o no ex post, también mal, pues habrían fallado por omisión.

Aurelio Nuño, jefe de la Oficina de la Presidencia, declaró hace poco que en el gobierno no cederían ante aquellos que clamaban en la plaza pública por “sangre y espectáculo”. Al parecer, los que buscaban precisamente eso están en casa y rodean al Presidente. Quizá incluso creen que le han hecho un gran favor. No se dan cuenta que el despido del equipo de periodistas que llevó a cabo la investigación periodística más importante de los últimos años afecta aún más la credibilidad del Presidente y de su administración entera. Basta ver las notas de la prensa internacional para entender que afuera se percibe todo esto como un manotazo del Presidente. Para los medios internacionales, Peña Nieto ya no es el gran mandatario reformador de 2013, sino que ahora aparece como un Presidente afectado por indicios de corrupción y censura. Flaco favor le hicieron al Presidente los que orquestaron y/o permitieron todo esto. Con esos colaboradores, para qué quiere enemigos.

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