Del incendio global al morbo local; Más de José Carreño Carlón (El Universal)


Por Más de José Carreño Carlón, publicado en El Universal

José Carreño Carlón es académico, profesor, periodista y escritor. Es licenciado en Derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM, cuenta c …

En los años del condicionamiento de las libertades informativas dentro del país, en que los medios estaban más atentos a los mensajes y las pulsiones de Estado, que a las exigencias del mercado de la información, las empresas editoriales solían privilegiar las noticias internacionales sobre las locales. Para el público, las primeras eran más libres y atractivas, y las segundas, en general, monótonas, grises, o insoportablemente apoteósicas en el tratamiento de los poderes y los poderosos. Y desde el interés de los medios, las informaciones y los comentarios nacionales, en temas sensibles para los poderes políticos, podían acarrear riesgos y dificultades de interpretación sobre lo publicable y la forma en que debía publicarse algo: autocensura dirigida por recomendaciones o consignas de los gestores oficiales de la información.

Además, en términos estrictos de valor de las noticias, las internacionales se cotizaban mejor: guerras, revoluciones, golpes de Estado, en lo que hoy llamaríamos un continuo incendio global, al lado de grandes avances de la ciencia y la tecnología, ciertamente en el filo del estallido nuclear del planeta, y grandes revoluciones artísticas y culturales.

Frente a todo esto, poco tenía que hacer un periodismo controlado y reducido con frecuencia a los discursos de las élites políticas, empresariales y religiosas, en aquel ‘país del no pasa nada’. Y así, de alguna manera, lectores, radioescuchas y, más tarde, televidentes, eran más cosmopolitas que hoy. Y en todo caso, con la lente del escenario internacional, solían integrar una visión crítica de lo nacional en paralelo o incluso en contra de lo que registraban los medios locales.

Diversidad de spin doctors. De unas décadas a esta parte, con la expansión de las libertades internas de información y opinión, los medios se desplazaron al otro extremo. Es cierto que ya están más atentos a las exigencias del mercado que a los mensajes y pulsiones del Estado. Pero, así como en los viejos tiempos se solían abrazar de la información internacional como una forma de eludir las dificultades de procesar las noticias nacionales con los condicionamientos y complejidades de entonces, hoy se concentran con demasiada frecuencia en el anecdotario local, agregando nuevas formas de eludir complejidades y exigencias, y sin el mirador del escenario internacional para integrar y enriquecer las visiones nacionales.

Lo ganado en independencia del poder del Estado no se ha visto correspondido con lo avanzado en calidad o en transparencia de sus decisiones informativas. Y la autocensura y las consignas informativas oficiales del pasado, se han visto desplazadas por los gestores de hoy del control de los giros mediáticos (spin doctors, spin control) por parte de una diversidad de agentes de poder, que no excluye a los poderes criminales.

Catastrofismo nacional. Y así también, de alguna manera, lectores, radioescuchas televidentes y, ahora, navegantes de la red, aún con el contacto frecuente, pero generalmente trivial, con la globalidad, se vuelven hoy menos cosmopolitas, más ensimismados en los brotes morbosos de la aldea y en un catastrofismo nacional no ponderado con la asimilación de las experiencias de más allá de nuestras fronteras.

Hay que contrastar el conocimiento del taxista argentino o del estudiante brasileño sobre reforma energética mexicana, el poder de Carlos Slim y la reforma de las telecomunicaciones o la tragedia de Ayotzinapa, frente al habitual desconocimiento de estudiantes o taxistas mexicanos sobre la corrupción de Petrobras que agobia a la presidenta de Brasil o sobre los cargos que asedian a la presidenta de Argentina en torno a la muerte del fiscal que la acusó de encubrir el terrorismo antisemita de su país.

Éste es un anticipo de las cavilaciones provocadas por la lectura del libro “Muy buenas noches”. México, la televisión y la Guerra Fría, el tercer título de la nueva colección de Comunicación del FCE, que dará de qué hablar en días próximos.

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