El escándalo en redes; Por Sergio Octavio Contreras/Ana Lilia Gonzále (etcétera)


Por Sergio Octavio Contreras/Ana Lilia Gonzále, publicado en  etcétera

16 de octubre, 2014

Sergio Octavio Contreras/Ana Lilia GonzálezEn la sociedad contemporánea, cada vez son más frecuentes los escándalos derivados de la exposición de fragmentos de la vida privada que involucran a personas con cierta fama o que tienen cargos institucionales. La propagación de videos e imágenes en Internet que desnudan el estilo de vida de algunos integrantes de élites de poder por lo general demuestran que sus actividades íntimas no siempre corresponden con los fines que los legitiman: en la mayoría de los casos estos escándalos se encuentran vinculados a prácticas que atentan contra lo establecido en campos de regulación como el sexual o el ideológico.

En la era digital, el conocimiento y la información son expresiones de poder, nosolamente por su valor intrínseco, también por la capacidad de los individuos para adaptarse y dominar los dispositivos que desde la tecnología se desarrollan todos los días. La penetración de aparatos móviles en la sociedades puede concebirse como la condición sine qua non de la vanguardia. Si trasladamos el uso tecnológico al plano emocional, la usabilidad tiene una gran variedad de interpretaciones desde el sentido de pertenencia a un grupo determinado (caracterizado por la apropiación de dispositivos digitales) hasta las nuevas parafilias detonadas por el consumismo y las modificaciones de los hábitos.

En años recientes la actividad pública parece estar siendo sepultada en el imaginario colectivo por la actividad privada. ¿A qué se debe esto? Si bien una parte de pensadores con raíces tecnofóbicas acusa a las redes de propiciar las intromisiones a la intimidad, lo cierto es que parece que las causas tienen su origen en múltiples factores. En la intromisión hay otros ingredientes sociales que emanan del individuo, un usuario de medios que basa su sociabilidad en artefactos innovadores: las relaciones humanas están conformando un nuevo ciudadano-usuario de la tecnología que transita por la red, los chats y los foros, estableciendo relaciones humanas virtuales.

Desde las primeras interpretaciones que hechas sobre las redes digitales por parte de las ciencias sociales se intentó teorizar sobre la forma en la cual la nueva tecnología tiene impacto sobre el espacio público. Bajo esta lógica las actividades de los responsables del Estado y sus instituciones se han relacionado con la vida pública, es decir, las funciones de quienes están al frente del gobierno y de organismos cuyas decisiones afectan/benefician a la sociedad (como los institutos políticos, organismos descentralizados, sindicatos, etcétera) deben ser razonados a través del diálogo en el espacio público. En teoría dentro de lo público se deberían de discutir los intereses de todos y no solo aquello que le incumbe a un individuo o a un grupo en específico.

Desde la perspectiva de Jürgen Habbermas, las autoridades públicas alcanzarán su legitimación cuando persigan y alcancen los fines que los sostienen (para los cuales fueron creadas). Dichas actividades serán ejecutadas por personas o grupos que tendrán poder sobre otros, lo que Max Weber llama dominación legal: la obediencia a la autoridad a través de normas y leyes establecidas. El poder de dominación puede ejecutarse mediante mecanismos de control y castigo, Michel Foucault incluye no solo a los centros penitenciarios o a los psiquiátricos, sino también a la escuela, a los hospitales, etcétera. Pero más allá de efectos coercitivos, el Estado moderno aprendió que en un espacio público donde las personas pueden discutir los asuntos públicos, la única forma de interferir en este proceso de libertad es estableciendo los significados sobre los cuales discutir. En este punto, los medios de comunicación tradicionales han jugado un papel vital para la difusión ideológica de las élites de dominio.

En la actualidad, los Estados persiguen determinados fines, desarrollan programas de acción y mecanismos para cumplir sus metas, en su mayoría institucionalizadas, es decir, normadas a partir de un marco de regulación. Sin embargo, tal legitimación parece haber sido rebasada en la mayoría de los casos por otros intereses: los fabricantes de imágenes o arquitectos de la mentira han trasladado la legitimación al campo de la mercadotecnia. La pertinencia institucional no es un asunto que se legitima en la esfera pública, sino que en la mayoría de los gobiernos (y también en la iniciativa privada) se edifica mediante campañas mediáticas sostenidas por el mercado. La intención es dominar el campo de los significados, no con la violencia, sino a través del imaginario colectivo.

Como ha sido teorizado y demostrado en los últimos años, la introducción de una nueva tecnología dentro de las esferas sociales puede llegar a modificar (en determinados grados) las actividades colectivas e individuales. Con Internet y las redes digitales, lo institucional parece alejarse de su legitimidad mediática, pero no desde su campo de acción, sino desde la crisis misma del espacio público. Si bien los medios de comunicación tradicionales constituyen un poder simbólico a través del cual las élites diseminan su ethos, las redes digitales con menor control semántico parecen conformar nuevos espacios donde se discute sobre asuntos públicos y política.

Pero, ¿qué discuten los grupos en red sobre lo público? Al parecer lo que se discute tiene que ver con lo que se había mencionado anteriormente, los intereses individuales o colectivos, pero también con un nuevo ingrediente que cada vez es más visible: el escándalo. Los representantes y miembros del Estado ahora son definidos también por los escándalos que protagonizan en las redes. Ya no solo los escándalos políticos o mediáticos resultan decisivos en la fabricación de conceptos con cierta estabilidad, ahora también Internet es un escaparate para hacer visible parte de la decadencia del sistema político. El escándalo en la vida digital representa la exhibición de asuntos que trasgreden los valores establecidos y que habían permanecido ocultos, pero mediante las redes digitales son puestos en conocimiento de terceros.

La política en las redes está en crisis. Es una crisis en varios sentidos que puede ser observada desde distintos ángulos. Consideramos importante contemplar a lo público a partir de la crisis que genera en la legitimidad institucional la exhibición de la vida privada de sus integrantes. En las instituciones existen personas que tienen dominio sobre otros o cuyas decisiones pueden afectar a lo colectivo. Tienen un capital de decisión y de mando. Pero, ¿qué ocurre cuando su autoridad es diluida en el ciberespacio, donde no tienen dominio ni mando, donde no pueden pactar con el dueño de un periódico la noticia de ocho columnas del día siguiente o acordar económicamente con una cadena de televisión con qué tendencia cubrir determinados acontecimientos? Una de las respuestas a esta sencilla pregunta lo representa el escándalo en redes. Nueva tecnología, viejos problemas

Las redes de Internet pueden ser motor para convertir asuntos locales en temas planetarios. En lo global se afectan las esferas visibles, como el sentido institucional (Estado) y los significados simbólicos (nacionalismo). Por ejemplo, en las últimas dos décadas, en distintas sociedades los ciudadanos han mostrado interés por participar en asuntos institucionales a través de internet, pero tal participación puede estar condicionada a factores como gustos, hábitos, preferencias, costumbres, etcétera. Tales prácticas, por lo general, son gratificantes en distintos sentidos y pueden expandirse por la red sin límites físicos.

Los problemas individuales y colectivos parecen no haber sido resueltos por las utopías de la sociedad moderna. Conflictos que provienen del pasado se hacen presentes en Internet. La guerra irracional entre Israel y Palestina lo mismo ocurre en un territorio físico que en las redes; los sentimientos de fanatismo en todos sus sentidos también invaden algunos nichos del ciberespacio; los problemas de aceptación del otro, como la intolerancia, el racismo y el odio, están a la orden del día en Twitter: basta con revisar el postureo ideológico para comprobar que en la mayoría de los temas de debate prevalecen los insultos sobre la razón.

Múltiples casos existen para ilustrar esta afirmación, escándalos recientes protagonizados por políticos, servidores públicos y gobernantes, conversaciones filtradas en las redes que revelan negocios turbios entre las élites de poder, o la relación entre una legisladora federal ygrupos del sector privado para influir en la aprobación de leyes bajo determinada conveniencia personal, hasta la filtración a principios de septiembre de 2014 de fotografías de actrices famosas desnudas que presuntamente fueron sustraídos por un hacker de la “nube”, son evidencia de lafragilidad de la seguridad de la vida digital, de los hábitos de los involucrados y de una nueva cultura del escándalo que se cimienta en Internet.

A pesar de los avances en los sistemas informáticos y de comunicación, la nueva tecnología no resuelve los viejos problemas humanos. Un problema que comenzó a ser visible con la circulación de los primeros periódicos de la era moderna fue el escándalo, que continúa siendo un mecanismo de exposición de los medios tradicionales y ahora transita también desde las redes hacia los consumidores. Basta con recordar el célebre escándalo de Bill Clinton y Mónica Lewinsky para reconocer la efectividad de los escándalos, aunque hoy en día las redes digitales son más efectivas que cuando ocurrió el affaire del expresidente de Estados Unidos a finales del siglo pasado.

En septiembre de 2012, la viceministra de la Juventud de Costa Rica, Karina Bolaños, perdió su cargo luego deque se difundiera por la red un video donde aparece con ropa interior mientras envía un mensaje erótico a un presunto amante. Otro ejemplo lo protagonizó quien fuera candidato demócrata a la alcaldía de Nueva York, Anthony Weiner, quien a través de la página The Dirty envió mensajes sexuales a una joven de 22 años. La conducta de este político ya había sido transparentada en Internet cuando, a través de Twitter, mandó a varias mujeres fotografías donde aparecía desnudo. El escándalo en este caso pasó de ser un escándalo sexual a un escándalo en redes, y posteriormente a un escándalo mediático cuando la historia se difundió en los medios tradicionales.

A finales de 2012, habitantes del ayuntamiento de Yébenes, en Toledo, comenzaron a recibir en sus teléfonos móviles un video sexual cuya protagonista era la concejal socialista Olvido Hormigos. Las imágenes, grabadas por la propia política, saltaron del celular a la red y se expandieron por toda Europa y América, al grado que el caso se convirtió en uno de los asuntos más mencionados en Twitter. La aventura extramatrimonial de Hormigos llegó a modificar los cambios en el código penal español al establecer penas de hasta un año de cárcel para quienes roben videos íntimos, los distribuyan por la red y puedan provocar algún daño a los protagonistas.

Lo político también puede afectar otras esferas, como le ocurrió a Waluree Ditsayabut, de 22 años, Miss Tailandia, quien el 9 de junio del presente año renunció a su título después haber publicado comentarios de odio Facebook. En el proceso del golpe de Estado, que terminó con la caída en mayo del régimen de Ingluck Shinawatra, la joven pidió en las redes sociales la ejecución de los “demonios rojos” en referencia a los miembros del movimiento Camisas Rojas, quienes apoyaban al político derrocado. Su postura en las redes le costó caro a la ex reina de belleza, también conocida como Nong Fai, pues una campaña en su contra se desató en las redes sociales hasta provocarle problemas de salud que la llevaron a renunciar a su corona.

La vida diaria de las personas está registrando transformaciones generadas por la nueva revolución tecnológica. El poder de las nuevas tecnologías permite hilvanar cualquier experiencia humana (ya sea narrativa, como en el caso del soporte tradicional del conocimiento, y ahora bajo el sistema multimedia también existe la posibilidad de incluir sonido e imagen en movimiento) en un entramado de recorridos sin caminos establecidos, sin un estado-físico, sin rutas que tomar ni estaciones establecidas.

El escándalo en redes siempre está sostenido en algún soporte de distribución, puede ser texto, un video fotografíaso archivos digitales. Un reciente escándalo que involucra al gobernador de Nueva Jersey, el republicano Chris Christie, surgió del servicio de correo electrónico: a través de mails el político supuestamente ordenó a través de su asistente Brigdet Anne Kelly crear un congestionamiento vial en el puente que comunica a la ciudad de Fort Lee, con Nueva Jersey. El cierre de dos carriles provocó un intenso tráfico a los habitantes de Fort Lee al grado de que una mujer de 91 años murió debido a que la ambulancia no llegó a tiempo. La decisión política para dañar el tráfico se debió a que el alcalde de la ciudad vecina el demócrata Mark Sokolich, no quiso apoyar a Christie en su reelección como gobernador. En México, el político y exfuncionario queretano Carlos Manuel Treviño Núñez insultó el pasado 14 de septiembre en su cuenta de Facebook al futbolista Ronaldinho, nuevo refuerzo del equipo Gallos Blancos, a quien llamó “simio”, hecho que generó toda una serie de reacciones en las redes en contra del racismo del político y militante del Partido Acción Nacional (PAN).

Los efectos de Internet sobre los seres humanos tienen más preguntas que respuestas. A nivel planetario a pesar de algunos ciberoptimistas, las nuevas redes no pueden erradicar “súbitamente los fundamentales y desatendidos problemas de las enfermedades, la deuda y la marginación que enfrentan los países en desarrollo”.

Y es precisamente a través de las redes como los problemas humanos son cada vez más visibles: el 14 de junio, en Facebook se difundieron fotografías de Rodrigo Vallejo Mora, “El Gerber”, hijo del exgobernador de Michoacán,Fausto Vallejo Figueroa, sosteniendo una reunión y bebiendo cerveza con Servando Gómez Martínez, “La Tuta”, líder del cártel de Los Caballeros Templarios. Despuésde las imágenes fijas, comenzó a circular un video de 18 minutos de duración que muestra parte del encuentro entre el hijo de un gobernante y uno de los criminales más buscados en México.

La nueva estructura social se disemina por el planeta, en formas diversas y con consecuencias bastante diferentes para la vida de las personas, según su historia, cultura e instituciones. Al igual que en otros cambios estructurales anteriores, esta transformación ofrece tantas oportunidades como retos plantea. Su evolución futura es bastante incierta y está sometida a las dinámicas contradictorias que opone nuestro lado oscuro a nuestras fuentes de esperanza. Tener un perfil en las redes, publicar videos con múltiples significados, fotografías, grabar conversaciones y utilizar la mensajería instantánea para llevar una vida virtual aparentemente desvinculada de la realidad es algo inherente a la cotidianidad del siglo XXI. Pero también se vuelve cada vez más cotidiana la idea de que con el nacimiento de Internet y la proliferación de las redes la privacidad se ha convertido en una bella historia del pasado.

Tal vez el ejemplo más cercano a la descomposición política lo representa el reciente escándalo protagonizado por legisladores federales panistas, exfuncionarios, excandidatos y algunos operadores políticos, quienes aparecen en un video difundido en Internet por el portal Reporte Índigo,bailando y tomando bebidas etílicas mientras disfrutan de los servicios de bailarinas exóticas. Tres días después de que se difundiera el video grabado en una fiesta privada realizada en Puerto Vallarta, Jalisco, durante los días 23 y 24 de enero pasado, cuando se llevó a cabo la reunión plenaria del partido, el coordinador y vicecoordinador de la bancada panista en la Cámara de Diputados, Luis AlbertoVillareal y Jorge Villalobos, fueron destituidos de dichas encomiendas.

Una de las características de la sociedad actual está relacionada con un exacerbado individualismo y el uso de gran cantidad de artefactos tecnológicos para darle orientación al entorno. Para algunos pensadores, la sociedadactual ha superado la modernidad al entrar en una espiral de hipermodernidad, donde una de sus características culturales es la representación del mundo en pantallas digitales y el consumismo por la novedad,5 una neofilia que está ligada al ascenso vertiginoso de las redes digitales y sus innovaciones. Ese último punto, se trata de una claramanifestación de poder tecnológico: lo encarna el dominio de las tecnologías, el uso de artefactos de última generación y, desde luego, la incursión del individuo en el mundo virtual, concibiéndose en la actualidad como una parte esencial de la existencia misma. Estas expresiones de poder, sin embargo, parecieran no ser lo suficientemente comprendidas y asumidas por una gran cantidad de usuarios. Si bien es cierto que cada vez es mayor la penetración tecnológica, por momentos parece que estamos frente a un proceso de involución en aspectos básicos que en otras épocas tenían otro significado, como la privacidad, la reputación o la prudencia.

Esta serie de eventos transparentados en la red nos lleva a preguntar si hemos sido rebasados por los vertiginosos avances tecnológicos que no permiten reflexionar lo que hacemos, lo que somos, puesto que cada vez surgen distintas maneras de exposición y exhibicionismo, como muestra de los problemas emocionales individuales o colectivos. La élite política no se da cuenta de que la comunicación en redes no es como antes. Los representantes de instituciones pueden ser grabados por algún teléfono móvil en situaciones consideradas poco decorosas por la sociedad, o un comentario mal estructurado o escrito al vapor en las redes sociales puede implicar daños a su carrera. Pero alejados del individualismo, sus conductas como escándalo también alcanzan la reputación de las instituciones. La imagen que el imaginario colectivo de las redes por lo general tiene sobre algún político, también se relaciona con la imagen que tiene sobre la institución que representa dicho político.

Ya nada es como antes, debe quedar claro. En la red no existe algo que pueda permanecer oculto, no solamente por la existencia de nuevos medios para el espionaje, sino porque las sociedades han cambiado sus patrones de vida debido a la digitalización de parte de su existencia. Vale la pena preguntarse cómo asimila la esfera política las recientes formas de escrutinio social potenciadas por las redes y los dispositivos móviles donde el principal ingrediente es el escándalo. La revelación de conductas que atentan contra lo establecido siempre ha sido condenada,el problema es que ahora es más difícil lograr la fabricación del consenso a través de los medios tradicionales.

La sociedad informacional y sus consecuencias en la vida humana están ligadas al contenido de la información y a los usos de la red. Son un nuevo paradigma de socialización, un campo amplio de investigación y un tema que deberá ser atendido por instituciones y gobiernos. El cambio en las formas de socialización significa nuevas posibilidades de ser y existir. Significa vivir en un nuevo mundo sin fronteras, intercomunicado por millones de artefactos donde internautas comparten todos los días de sus existencias. Tal fragmentación de la vida también es expuesta por representantes públicos y personas con cierta fama, pero cuando los contenidos atentan contra valores establecidos la legitimación institucional simbólica se desmorona y la discusión racional sobre lo público es rebasada por el escándalo en redes.

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