Necesitamos una nueva narrativa (Enrique Quintana, El Financiero/México)


por Enrique Quintana, director de El Financiero

Una de las formas esenciales de comunicar es con una narrativa.

¿Quiere usted que la gente no se acuerde de lo que está diciendo? Atibórrela de números, fechas y datos de lo más diverso y sin conexión.

¿Quiere que la gente entienda lo que le quiere decir y además lo internalice y lo recuerde? Entonces narre.

No tiene que escribir un cuento o una novela para hacerlo. Basta con que los hechos, datos, fechas, personajes, y en general aquello de lo que informa, tenga un sentido. Cuente una historia.

Sigo pensando -como se lo he expresado en este espacio desde hace meses- que los cambios institucionales que emprendió este gobierno, y que respaldaron algunas fuerzas opositoras del PAN y del PRD, ofrecen la oportunidad más grande que ha tenido el país en décadas para crecer más rápido y desarrollar al país.

Las reformas educativa, energética, de competencia, telecomunicaciones, política, con todo y los asegunes que se les quiera poner, son la modificación más profunda de las instituciones del país en una generación.

Pero, si alguien pensaba que al aterrizarlas, al hacerlas realidad, no se iban a afectar intereses de toda índole, y que éstos no iban a responder, entonces se trataba de una ingenuidad.

Por eso mismo, para concretar las reformas y no dejarlas en la estratósfera constitucional, era necesario dar batallas.

Y una de las batallas más importantes es la de la persuasión pública. Esa que no se consigue con discursos rimbombantes, ni con una cuidadosa operación política, sino con argumentos llenos de sentido, donde las cifras, los hechos, los datos, nos cuenten una historia.

Es increíble la falta de capacidad para defender la iniciativa de la nueva Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión. Se dejó correr por semanas la especie de que iba derechito contra la libertad de expresión y que al día siguiente de ser aprobada nos iban a desconectar el internet al estilo de los camaradas cubanos. No hubo respuestas a este cuestionamiento, y eran muy sencillas.

Apenas ahora estamos viendo que el gobierno federal la emprende contra entidades federativas a las que la reforma educativa les valió sombrilla.

Sigue prevaleciendo la idea de que la reforma fiscal es contraccionista. Aquí le argumentamos con datos, que en el balance gasto-ingreso tendrá necesariamente un efecto expansivo (aunque se tarde unos meses).

Y ahora nada más falta que cuando se empiecen a debatir las leyes secundarias, que darán cuerpo a la reforma energética, vuelva a argumentarse que son violatorias de la Constitución, ¡aunque ésta ya se haya reformado!

A veces da la impresión de que algo ocurrió este año y el ímpetu demostrado por el gobierno y parte de la clase política para empujar esos cambios que abren una oportunidad única al país se les acabó.

Bien haría el presidente de la República en juntar alguna vez a su gabinete y reclamarles por estar perdiendo la batalla de la opinión pública.

Más vale que pronto alguien construya otra narrativa y cuente la historia de los cambios, esa que, pese a los tropezones, todavía nos tiene entusiasmados a muchos mexicanos.

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