La última y nos vamos (Gil Gamés se despide de La Razón)


Gil Gamés

Repantigado en el mullido sillón de su amplísimo estudio, Gil leyó y releyó el artículo de Pablo Hiriart en el cual se despide de estas páginas y abandona la dirección del periódico. Diantres, farfulló Gamés, esto está que arde. O más bien ya ardió. La razón para dejar La Razón: “Me voy por la inaceptable influencia de la directora de otro periódico en la vida interna de La Razón, que trajo consecuencias indeseables”. Santos defensores de la libertad de expresión, Batman, pensó Gil, esto es un escándalo.

Dejen adivinar a Gilga: un periódico y una directora, mmm, esperen; Gamés se mordía la uña del índice de la mano izquierda (sí, la izquierda). ¡El Hijo del Ahuizote! Frío, frío. ¿Margarita Maza de Juárez? No, ella no era periodista. No pues la cosa está más difícil de lo que parecía. ¿Josefa Ortiz de Pinedo dirigía un periódico? Tampoco. Gil se concentró al máximo: ¿Catalina Creel? Para nada, ella era solamente una rica malvada.

 

Gil caminó por el amplísimo estudio con los dedos índice y pulgar en el nacimiento de la nariz. ¿No estaría refiriéndose Pablo Hiriart a La Jornada y a su directora Carmen Lira? Oh, no: las sales para Gil, a la brevedad. Qué soponcio. El periódico de la izquierda (esa izquierda) exigiendo censura en otro periódico para desvanecer a sus críticos. Muy bonito, muy bonito. Esto lo va a saber Francisco Zarco.

 

C’est inutile, no tienen remedio. ¿Por qué habrían de ser tolerantes en La Jornada si sus directivos constituyen una banda de fanáticos y sectarios? Para muestra este botón del chaleco del periodismo mexicano a la antigüita, el que se arreglaba en lo oscuro y lo húmedo, entre engaños y extorsiones.

 

La lectora y el lector leen la entrega 999 de esta página del fondo, la última de Gil Gamés en su periódico La Razón. Gil toma su finísima maleta de corte escocés (preciosa), mete en ella sus efectos personales y dice hasta la vista, baby. “Uno hasta el fondo” le debe la vida a Rubén Cortés, subdirector de La Razón, que un día le propuso a Gamés escribir a diario. Al final, algo del principio: Gamés nunca recibió de Hiriart ni una sola sugerencia para modificar alguna de sus 999 entregas; que dice Gil sugerencia, ni una sola insinuación de censura a lo largo de los años. No es poca cosa. Cada quién en su lugar y Dios en el de todos, ¿o cómo era?

 

“Uno hasta el fondo” cierra su página cada día con máximas, aforismos, líneas de autores que viven en el ático y que a partir de hoy quedan en libertad. La última y nos vamos, del gran escritor Lobo Antunes, un trozo de “Buenas noches a todos”: “Cuando el tren arranque no digas adiós porque te quedaste en el andén. Fue sólo tu pasado que se marchó, en el tercer o cuarto vagón de segunda clase, precisamente el que acaba de desaparecer en el túnel. Fue sólo tu pasado el que se marchó: se quedó tu presente”.

 

Ahora mal: entre que son persas y son manzanas, ¿o cómo era?, los viernes de amigos verdaderos son sagrados. Gil esperará a los camareros dos días (vienen de muy lejos) hasta que se les pueda otear (gran verbo) en el horizonte con sus charolas soportando botellas de Glenfiddich 15. Y bien: Gil pasa a retirarse al amplísimo estudio. El último apaga la luz y revisa que no queden abiertas las hornillas de la estufa. ¿Estamos?

 

Gil s’en va

 

gil.games@razon.com.mx

Twitter: @GilGamesX

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