Falta pasión por la verdad (El Financiero/Mèxico)


Por Mauricio Mejía, publicado en El Financiero

Ante la falta de una cultura democrática en México, el historiador Enrique Krauze asegura que es la prensa quien debe promover los valores democráticos y no caer en la superficialidad y los dogmas. “Hace falta pasión por la verdad”, sostiene.

Enrique Krauze habla sobre el papel de la prensa en la actualidad.

Los temas son el lenguaje, la prensa y el papel que juega ésta en la construcción de una democracia efectiva en México. Las redes sociales, la digitalización de la vida cotidiana, han transformado radicalmente los hábitos culturales de un país que sigue esperando grandes cambios.

¿El agravio insatisfecho del que habla en la primera línea de “Por una democracia sin adjetivos”, y que da piso firme al ensayo, sigue vigente en México?

El agravio central lo causaba un régimen autoritario que despilfarró criminalmente la riqueza nacional y que, pudiendo llevar a México a un nivel aceptable de desarrollo, lo precipitó a la quiebra. Ese régimen político ya no existe. En ese sentido concreto, aquel agravio se zanjó. Pero han persistido otros y surgido nuevos. Persiste la atávica pobreza, la desigualdad, la corrupción, el despilfarro. Y ahora la inseguridad. México es un país crónicamente agraviado.

¿Qué obstáculos debe superar todavía el país para alcanzar una vida democrática?

Nuestra democracia tiene graves limitaciones. Hay un problema real de representación: la gente apenas conoce a sus diputados o senadores, y muchos no entienden con claridad el sentido mismo de la representación. Si la gente no se siente representada, opta por soluciones de hecho, no de derecho. La corrupción de los gobiernos estatales y municipales, la falta de transparencia en esos ámbitos, es otro problema. Se están dando los pasos para acabar con el IFE y reiniciar actividades como INE, con el consiguiente riesgo de que se centralicen las decisiones relacionadas con lo electoral. El IFE había dejado ya de ser ciudadano (sobre todo en la cúpula), sería esperable que los ciudadanos no nos dejáramos arrebatar, por los partidos, ese espacio que garantizó la transición democrática. Está también el abuso de los poderes fácticos.

Parece (sin jugar a la usurpación de funciones, usted es el entrevistado) que en el año 2000 la sociedad civil delegó en la clase política la responsabilidad de producir los grandes cambios requeridos para la consolidación de una transición democrática. ¿Hasta qué punto los hábitos culturales de los mexicanos están respaldados en una genuina actitud de madurez política?

La falta de una cultura democrática es un problema muy serio. Yo no preví eso hace 30 años, cuando escribí mi ensayo. Aunque haya vastas razones históricas para explicarla (la historia virreinal, las costumbres caciquiles o la reverencia al caudillo), esos determinantes históricos no pueden ser un pretexto para la inmovilidad o el cinismo. Hay que superarlos. Sin un Estado de Derecho (instituciones, prácticas, cultura) nuestra democracia será superficial. Añado: los valores de la democracia (civilidad, cultural del debate, tolerancia, capacidad de escuchar al otro) deben enseñarse en las escuelas y practicarse prioritariamente en los medios.

¿Cómo debería ser hoy esa prensa que nos hace falta? Usted dice que la prensa del siglo XIX, en los años de los liberales, era ágil, inteligente y combativa. También cita la definición de Daniel Cosío Villegas: la prensa mexicana es libre pero no usa su libertad. Parece curioso que hoy el tema de la libertad, indispensable para la democracia, no sea de mucho interés en la vida diaria de los periódicos, sometidos más a las leyes del mercado que al estricto oficio periodístico.

Ahora, más que en 1953, lo dicho por Cosío Villegas es exacto, y ya no sólo para la prensa sino para los medios en general. Pero concentrémonos en la prensa. Por un lado, en efecto, priva en todo el mundo el peligro de que la prensa tal como la conocemos (es decir, la de papel) ahonde su crisis financiera. Y no se han inventado aún fórmulas económicas enteramente viables o claras. Pero aún con esa Espada de Damocles, lo que sí sabemos es que “el contenido es rey”, que la buena prensa, que la prensa inteligente e imaginativa, se abre paso. Y en México, francamente, la prensa deja mucho que desear. (No hay reportajes de investigación como los que sí aparecen, con frecuencia, en El País). Y hay muchos vicios, no sólo el comercialismo al que aludes: superficialidad, inmediatez, dogmatismo. Y algo más grave: falta de pasión por la verdad. Hay excepciones, por supuesto. Quiero subrayar la vigencia de lo que dijo Cosío Villegas: hay un amplio margen para la creatividad, pero hoy, más que ayer, los diarios y medios libres no hacen buen uso de la libertad.

Para lograr una libertad política efectiva, ¿qué importancia tiene el lenguaje de la prensa?

Por ahí habría que empezar, o recomenzar. Devolver la claridad a las palabras, como decía Paz. Alguien debería escribir un libro sobre las distorsiones del lenguaje (ya no digamos las imperfecciones, incorrecciones etc.) del lenguaje periodístico en México. Una crónica o un reportaje bien escritos, calan y permanecen. Otro problema es la rutina: hasta en páginas editoriales hay una uniformidad de estilo lamentable. Hay que ver el contraste con los diarios ingleses o americanos, llenos de gracia literaria e innovación. Estamos lejos de esos modelos.

¿Cómo es posible cuidar ese lenguaje en tiempos en los que Twitter y Facebook ganan en el discurso político cotidiano?

Hay 140 mil cosas que no se pueden decir en 140 palabras. Nada sustituye la reflexión, la fundamentación. No todo pensamiento es aforístico. Y no todos son Salustio o Karl Krauss.

¿Qué papel debe jugar la prensa multimediática para en efecto ser un factor clave en la construcción de un país más justo, más libre y más igualitario?

El papel es cumplir cabalmente su papel. Cumplirlo con exigencias internacionales de calidad. Intentar reportajes que descubran la realidad en casos concretos, acotados. Reportajes que aporten datos duros. Que revelen lo que estaba oculto o confuso. No caer en la fácil denuncia y menos en el periodismo dogmático que remeda las Hojas Parroquiales de las iglesias. Documentar la realidad. ¿Cuántas veces hemos leído en The New York Times reportajes originales sobre México que no aparecen esbozados siquiera en la prensa nacional? Quiero agregar un elemento central: la transparencia.

¿Cuál es entonces su conclusión sobre el tema?

La prensa en el siglo XVIII fue el Cuarto Poder. Hoy la prensa, los medios y las redes sociales representan poderes sin precedente, que además compiten entre sí y se critican entre sí. Esa competencia y esa crítica de todos con todos a veces es puro ruido, pero yo creo en la fuerza de la libertad y creo que de ese nuevo y excitante marco de comunicación puede salir una noción más real e informada de la vida. Pero hay que trabajar con más profesionalismo y amor a la verdad para alcanzarla.

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