Periodismo para la salud y algunos de sus padecimientos.


México D.F. 29 de Noviembre de 2013.

Nota: Este texto fue recomendado para su publicación en el blog Omcim por la Dra. Mireya Márquez Ramírez, profesora de la maestría en Comunicación de la Universidad Iberoamericana.

por Lucano Romero Cárcamo.

La explosión del conocimiento científico, unida a la proliferación vertiginosa de los medios de comunicación – visuales, hablados o escritos – en la segunda mitad del siglo XX, le ha otorgado a la noticia de carácter científico y de salud un puesto de importancia en la información cotidiana, a la altura de los informes políticos, económicos o sociales. A ello contribuye también el acelerado desarrollo de las tecnologías de la comunicación a través de Internet, puestas rápidamente al servicio del hombre. Todo ello define parte de los orígenes y constancia del periodismo para la salud, pero cuyo nacimiento quizás se confunde y remota con el surgimiento mismo del periodismo a nivel mundial.

En la última década, el debate en el periodismo, principalmente en el periodismo de los Estados Unidos, tuvo como protagonistas dos posiciones generales: una que sostiene que la prensa debe ofrecer “noticias que los lectores necesitan”, y la otra que argumenta que debe producir “noticias que los lectores quieren”. Es, de algún modo, una batalla del antiguo debate sobre si el periodismo debe “educar” o “servir” al lector. Lo mismo sucede con la comunicación. Ambas posiciones reflejan una mayor sensibilidad en las redacciones a los intereses y gustos de los lectores y audiencias. ([i])

La información periodística sobre medicina y salud ha sido uno de los temas que también ha contado con espacios destacados en los medios de comunicación. Probablemente esto se deba a la importancia que se le otorga en amplios sectores de la población que ven en los contenidos de los mismos una posibilidad de acercarse a conocimientos que podrían mejorar su calidad de vida.

De hecho, investigaciones realizadas en España (Informes Quiral desde 1996 a 2007) y las latinoamericanas (Proyecto Comsalud en 2001) dan cuenta del amplio interés de las audiencias por la información periodística en salud. De acuerdo con recientes estudios sobre los medios de comunicación, como el publicado por Archives of Internal Medicine (2010)  se ha puesto en evidencia que Internet es el  medio de comunicación que se impone como lugar de consulta, ya que  6 de cada 10 internautas de Estados Unidos – alrededor de 132 millones de personas – han buscado información de salud en la red. Esta situación ha sido visible en México: secciones en periódicos, emisoras de radio con programas específicos sobre temas de salud y enfermedades, publicaciones, páginas electrónicas, suplementos especiales, incluso encuestas y mediciones reafirman el consumo de los temas de salud pública por parte de la gente. Sin embargo, este crecimiento trae consigo riesgos y desafíos que podrían estar introduciendo cambios fundamentales tanto en las funciones como en el tratamiento de la información sobre salud en los medios de comunicación.

El presente ensayo tiene el objetivo de pasar revista a las funciones y características del periodismo en salud, otras veces llamado comunicación para la salud, e intenta acercarse al análisis de algunos aspectos fundamentales de su desarrollo, por ejemplo, la formación educativa o especialización de los periodistas que cubren la fuente de salud, así como algunas de las prácticas que debilitan la posibilidad de ejercer un periodismo con mayor criterio y profesionalismo.

 

El periodismo de salud, la consulta al médico.

La explosión en la cantidad de información dedicada a salud en los medios, en gran parte, obedece al interés que despierta entre las audiencias. A pesar de existir más información disponible, la población sigue estando mal informada sobre temas de salud. Esta situación plantea un desafío y abre enormes posibilidades para el ejercicio del periodismo: una población interesada en salud pero que carece de suficiente y adecuada información y medios inclinados a cubrir únicamente ciertos aspectos vinculados a la salud pública (Farmacéuticas, empresas de relaciones públicas, etc.). Es necesario entender que el periodismo en salud abarca una variedad de temas y enfoques: incluye, entre otros, noticias sobre “estilos de vida”, entornos saludables, avances médicos, el estado del sistema de salud, entre otros. Son tantos los contenidos que las audiencias “quieren” como los que “necesitan”. Esto requiere pensar en distintas formas de comunicación o periodismo y cómo contribuyen a una mejor comprensión y difusión de temas de salud. De ahí la necesidad de promover la construcción de espacios informativos de calidad que reconozcan el pluralismo y aprovechen la deliberación como instrumento para la formación y funcionamiento de una esfera pública.

Los periodistas y comunicadores constituyen figuras influyentes, no sólo en el sistema de medios, sino en el sistema social y político (como intermediarios de la información). De este modo, desempeñan un papel central dentro del proceso democrático (Deuze, 2002). La importancia de la relación entre los periodistas y las fuentes informativas es fundamental. Esto se debe a que en gran medida las noticias e informaciones son resultado de las estrategias de acercamiento que los comunicadores, periodistas, productores y editores mantienen con las fuentes informativas para obtener tales contenidos  que reproducirán en sus medios. En general, ambos comparten intereses en el proceso de la cobertura informativa; la fuente desea aparecer en el medio porque eso le da presencia en el espacio público, mientras que los reporteros se benefician al obtener información que requieren para satisfacer las necesidades de sus producciones. Los medios necesitan de la información que brindan las fuentes. El valor que adquieren los contenidos es de mercancías y son vistos como un espacio de negociación con el poder. (Martini, Luchessi, 2004, pág. 64).

Retomando el estudio publicado por Archives of Internal Medicine (2010), la primera encuesta oficial realizada por las autoridades de Estados Unidos sobre la utilización de las distintas fuentes disponibles de información médica y sanitaria, confirma que Internet se ha convertido en un medio de referencia en este ámbito. Pero, además, el trabajo evaluó aspectos claves en el consumo de información de salud, entre ellos, la credibilidad que le otorgan los usuarios a las distintas fuentes y el lugar que ocupa cada una de ellas en sus preferencias. Para determinar las cuestiones, especialistas de distintos centros científicos y académicos de Estados Unidos, entre ellos el Instituto Nacional del Cáncer, la Universidad de Harvard y el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, realizaron este sondeo en una muestra representativa de la comunidad estadounidense. El estudio concluyó que el consejo médico sigue cosechando un 93 por ciento de confiabilidad, y los medios de comunicación reciben una adhesión bastante pareja: Internet 64. 8%, los periódicos 63. 4, las revistas 66. 2 y la televisión 71%. Además, los periodistas que cubren medicina suelen tener el lujo de sólo dedicarse a los nuevos hallazgos, los descubrimientos emocionantes. Pero de un tiempo acá, se han visto obligados también a servir como salvaguardias de la sociedad. Informar y comentar sobre medicina y salud requiere (además de hablar con las fuentes involucradas) proveer del contexto político, social y científico del nuevo avance, descubrimiento y estilos de vida. Hoy en día, una buena historia sobe temas de salud en los medios requiere más que simplemente entender el diseño de pruebas clínicas, nuevas enfermedades y medicamentos.

El periodismo de salud en terapia; encontrándose así mismo.

El periodismo en salud está entroncado filialmente con el periodismo científico, y por tanto comparte con ésta especialización su finalidad divulgativa, así como sus dilemas en la relación con las fuentes de información y la responsabilidad con el desarrollo de las audiencias o comunidades hacia a las que se dirija. Algunos autores, como Serafín Chimeno, aseveran que el periodismo en salud fijaría “las formas correctas de conectar el desarrollo de la actividad sanitaria con los públicos afectados por la misma, y hacerlo siempre en el marco de la periodicidad fijada por cada medio o programa” (Chimeno, 2004, pág. 434). Por su parte, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) define al periodismo en salud como “la presentación de la información sanitaria en la prensa y los medios electrónicos” (1998). También se le ha caracterizado como aquella información relacionada con noticias, datos, hechos y opiniones sobre salud difundidas con la finalidad de satisfacer el deseo de un colectivo determinado de conocer sobre padecimientos, prevención de enfermedades, curas inmediatas, alternativas de tratamiento, etc. En realidad, como toda información periodística, el periodismo en salud responde a necesidades sociales de conocimiento y por tanto debe trascender la reseña de lo actual o novedoso. Como afirman Kovach y Rosenstiel (2004); “el propósito principal del periodismo es proporcionar a los ciudadanos la información que necesitan para ser libres y capaces de gobernarse a sí mismos”. Esta difícil misión obliga a una relación siempre tensa con los objetos y sujetos de la información, así como a una atenta vinculación con las audiencias, la cual no siempre resulta fructífera. Esta es la razón por la que en el periodismo se hace énfasis en la importancia de que se produzcan discursos equilibrados, complejos, procedentes de fuentes diversas y capaces de mostrar la mayor cantidad posible de ángulos de la realidad que se intenta reflejar por lo que “… [el texto periodístico] tiene que ofrecer una clara impresión de veracidad, de equilibrio, de imparcialidad y de razonamiento que satisfaga lo más plenamente posible las necesidades informativas de la audiencia” (Sanmartí, 2003, pág. 343).

El periodismo, sea cual sea su signo o área de especialización, debe ser responsable, plural e independiente. Este es también el norte del periodismo en salud, que se enmarca –como ya hemos dicho – dentro del concepto mucho más amplio de periodismo científico, es decir, aquel cuya práctica periodística especializada está relacionada con la actividad científica y tecnológica que además ofrece a los ciudadanos (…) “informaciones, análisis y opiniones sobre esa actividad; al tiempo que mantiene presentes los aspectos educativos, políticos y de servicio de la comunicación para el desarrollo, orientado al mejoramiento de las condiciones de vida de las poblaciones” (Ferrer, 2003, pág.175).

Si bien el periodismo en salud debe cumplir con los requisitos de pluralidad, equilibrio informativo y veracidad que corresponden a toda información periodística, es preciso establecer que como especialidad debe satisfacer también otras necesidades y criterios, especialmente porque se mueve en campos de especial sensibilidad, que afectan la cotidianidad y el bienestar de los colectivos. Debe ir más allá de la denuncia de problemas de salud pública, o de riesgos sanitarios. Como precisa la periodista Jenny Vásquez – Solís (2005) “El público exige respuestas y asesorías claras; no sólo advertencias y problemas. El público debe saber cómo mantener su salud, prevenir enfermedades y recuperar su salud. Debemos ayudar al público a sentirse bien para vivir mejor” (Pág. 14). Según Jerome Aumente (2005), el periodista que trabaje en esta fuente, además de tener todas las competencias de los profesionales de la comunicación, ha de ser capaz de producir mensajes diversos, dirigidos a audiencias concretas y específicas, que tengan en cuenta las distintas variables que condicionan la salud individual y colectiva, tanto de hombres como de mujeres a lo largo de su ciclo vital. Estos mensajes, además, deberán estar adecuados a las prácticas de salud, los valores, las creencias, la cultura, el contexto histórico y las características socioeconómicas de esas audiencias. La información, recalca este autor, deberá tener como meta el desarrollo y el bienestar colectivos, siempre en un claro marco deontológico: el periodista de salud también está sujeto a las exigencias especiales de sus normas éticas en lo que se refiere a respetar la privacidad de los individuos y ser sensible a la vida de las personas objeto de sus reportajes.

El trabajo del periodista de salud tiene un importante efecto en la política pública y el entendimiento del tema por el público en general; así como en la forma en que el gobierno y el sector privado actuarán en el futuro (Aumente, 2005, pág. 10). Es decir, una adecuada práctica periodística en salud también implica respetar los valores del periodismo general pero debe ir más allá: ahondar en el papel formativo, en la responsabilidad social del periodista con sus audiencias y en general con la sociedad. No sólo se debe informar sobre lo que el periodista, editor, jefe de información o productor considere importante, sino lo que el público desea saber y referirse a otras perspectivas y miradas más trascendentes. De allí que, como sostienen Silvio Waisbord y Gloria Coe (2002):

 

Es necesario que el periodismo sea sensible a los intereses y necesidades de los lectores, y que al mismo tiempo muestre aquello que de otro modo las audiencias no sabrían, con vista a contribuir a formar una población con más conocimiento sobre diferentes aspectos de la salud. El objetivo es tener una perspectiva amplia del periodismo en salud que abarque una variedad de fenómenos y desarrollos, un periodismo que no se limite a aquello que los periodistas piensen que los lectores/audiencias “deben saber” ni a temas sugeridos por encuestas y focus groups. Adoptar tal actitud en la cobertura de salud es importante porque no solo contribuye al bien público sino que además puede atraer y mantener lectores. (pág. 93).

 

Pero aparentemente la calidad de la información periodística en salud permitiría abrir el debate y generar más investigaciones respecto de saber si tales datos o notas sobre aspectos de salud satisfacen verdaderamente a las audiencias y al público especializado. Con gran frecuencia se hacen sentir las críticas de los investigadores, médicos, científicos en general y del ciudadano común ante la información que proveen los distintos medios. En buena parte los problemas se han atribuido a la precaria formación especializada del periodista o a la escasa cantidad de periodistas formados en el área que trabajan en los medios de comunicación.

 

Malestares del periodismo en salud.

Los autores del Informe Quiral detectaron que, tan solo en España, desde 1997 hasta 2005 el número de periodistas especializados en los periódicos prácticamente no había variado: “Esto significa que algunos redactores y redactoras de medicina y salud tienen que gestionar y elaborar prácticamente 200 artículos como media al año” (De Semir y Revuelta, 2006, pág. 12). Autores como Salgado (1990) y De Semir (1997) se han referido a algunas de las prácticas erradas en periodismo en salud: espectacularización, trivialización (o sobre simplificación) de la información, o por el contrario incapacidad de decodificar al punto de volver incomprensible el proceso que se pretende explicar.

La espectacularización es probablemente una consecuencia de la irrupción de la televisión. Convertir cada noticia en un hecho único, rodearla de un marco atractivo, sensacional, permite atraer la atención de un televidente sobresaturado de estímulos. Por este camino han seguido no sólo la televisión, sino también los otros medios, lo que a su vez también ha perneado la práctica profesional de los periodistas. Peligro semejante ofrece la trivialización de la información. Presentar los hechos científicos simplificados les resta su significación real y los coloca en el ámbito del conocimiento prescindible. Una de las fallas más comunes y de mayor impacto es la falta de decodificación, es decir, el uso del lenguaje especializado en vez del tratamiento informativo que permite resignificar los conceptos, convertirlos en elementos más accesibles para las audiencias. Otras disfunciones que recoge el investigador español Serafín Chimeno (2004) son la confusión entre información periodística en salud y contenido publicitario o propagandístico; y el encumbramiento de ciertas figuras profesionales, así como de sus productos y servicios en detrimento del interés de la audiencia: “Muchas de las informaciones sanitarias, más que servir a la sociedad, son plataformas de autocomplacencia y exaltación de la actividad técnico-sanitaria, tanto a nivel de asistencia como de investigación” (Chimeno, 2004, pág. 445).

El campo del periodismo de salud se ha asociado a la idea de generar mensajes relacionados con determinadas enfermedades, sobre todo cuando éstas preocupan a la población por su magnitud, riesgo epidemiológico o reciente aparición. Este enfoque sigue vigente y es muy importante desde el punto de vista preventivo; sin embargo, no es el único, ya que cada día presta más atención a todo aquello que contribuya a mejorar la calidad de vida de la población. En ese sentido, el periodista en salud tiene que desarrollar, aparte de su labor informativa, una tarea pedagógica y didáctica que contribuya a la formación de la sociedad en temas de prevención, control y tratamiento de enfermedades. Para posibilitar la comunicación entre los profesionales de la salud y los ciudadanos, el periodista debe estar bien informado (investigar el hecho, evaluar su relevancia social, verificar sus fuentes para evitar engaños o fraudes científicos, utilizar géneros periodísticos apropiados), conocer la línea editorial de su medio y usar un lenguaje comprensible y adecuado según las diferentes audiencias. También es importante no caer en prácticas que desmerezcan el trabajo profesional y que puedan poner en riesgo a la población directa o indirectamente. Por ejemplo:

1.    El sensacionalismo: abundar sin necesidad en aspectos morbosos de la información.
2.    Propiciar o crear alarma social: tratar los problemas de forma superficial, lo que puede originar temor injustificado entre la población respecto a ciertas enfermedades. (Recuérdese la influenza en México, en el año 2009. Solo por mencionar un caso).

3.    Generar falsas expectativas: informar de posibles remedios no contrastados suficientemente o presentados sin sustento científico. (Muy frecuente en estaciones de radio en la provincia de México).

4. Incitar al rechazo o consumo de medicamentos o alimentos sin prescripción médica. (Contémplese la venta y apertura de espacios radiofónicos a grupos médicos que, sin supervisión sanitaria y con fines meramente de lucro, publicitan y aseguran curar todo tipo de enfermedades).

El periodismo y la comunicación en salud tienden o pueden incurrir en estos errores, pero para que el periodista pueda superarlos, además de una preparación adecuada y una mayor atención de los medios hacia estos temas debe, ante todo, pensar en su público con ética y profundo sentido de responsabilidad social. Un alerta adicional proviene del Proyecto Change (2002). Este grupo de investigadores detectó que en las informaciones sobre salud en 5 países de América Latina, “el sentido de los mensajes ha estado centrado en lo que es enfermedad, muerte y daño, empleando el miedo como un recurso de persuasión para el cambio de comportamiento” (Castro, Coe y Waisbord, 2002, pág. 10).

Para seguirnos dando cuenta de los puntos que debemos reforzar en la cobertura de temas de salud es necesario continuar revelando los errores más comunes en los que solemos caer los periodistas y someterlos a un análisis minucioso para encontrar alternativas de solución. Podemos señalar otro largo listado de faltas en las que se incurre frecuentemente, pero plantearemos algunos puntos de acuerdo a algunas dificultades que el Fogarty Internacional Center  – organismo internacional de colaboración con el desarrollo de investigaciones y capacitación en salud – ha señalado respecto al tratamiento de temas como el VIH, que bien pueden generalizarse a otros tratamientos de temas sanitarios. Del análisis se desprende que los problemas más comunes en el abordaje periodístico radican en:

1. Uso equivocado de datos, términos y conceptos.

2. Amarillismo/Sensacionalismo.

3. Enfoque en la enfermedad, no en la prevención.

4. Falta de comprensión de las causas de la epidemia (sociales, económicas, etc.).

 

Otros obstáculos que podemos agregar son:

1. Poco interés de los editores o dueños de medios en el tema.

2. Obstáculos para abordar temas de alta sensibilidad social y cultural.

3. Prejuicios personales de los periodistas.

4. Puesta en agenda de estudios que aún no han sido debidamente corroborados, o no han alcanzado la fase correspondiente para tener una difusión masiva.

5. Falta de herramientas para manejar conflictos éticos.

6. La injerencia de temas publicitarios en los contenidos periodísticos.
La realidad demuestra la imperiosa necesidad de la capacitación como herramienta clave para vencer los obstáculos, de manera que resulte una práctica reflexiva que apuntale a los objetivos de la comunicación en el campo de la salud.

 

La preparación del periodista en salud como analgésico para el malestar.

El periodista podría y debería, en un ejercicio de reflexión, observar los inconvenientes propios del desarrollo profesional y encontrar una forma rápida de  sobrepasar los obstáculos más habituales, lo que redunda en un beneficio general. No se puede pensar en el abordaje de contenidos tan complejos como estas áreas temáticas sin una debida preparación en la materia. Por ello las escuelas, universidades y otras entidades de formación de periodistas deberán incluir en sus  respectivas currículas materias para apuntalar la educación formal, así como cursos de posgrado, seminarios y talleres de divulgación científica y capacitación profesional. Pero del mismo modo, el periodista tiene la obligación de capacitarse, de continuar su formación tanto de manera formal como informal, ya sea a través de literatura que promueva una reflexión crítica entorno al papel que desempeña, como de contenidos específicos sobre los temas que aborda, en forma conjunta al acercamiento a fuentes de información calificadas. Esa dedicación y esmero que debe poner de manifiesto el profesional de los medios de comunicación es el principal desafío que hoy encierra el periodismo en salud, junto con una mayor sensibilidad por las problemáticas sociales.

Por otro lado, las condiciones sociales en las que se encuentren inmersos los periodistas de la fuente de salud influyen en las prácticas que lleven a cabo para la recolección de datos relacionados a salubridad, así como los acontecimientos que interioricen para considerarlos noticias de importancia. La cobertura de conflictos y pugnas gremiales generadas en sindicatos de hospitales, médicos y otros prestadores de servicios en salud también pueden enfermar al periodismo de la fuente, con lo que pueden quedar relegados los temas relacionados con bienestar, promoción de la salud y prevención de enfermedades. Esto significaría que se cumple poco con la misión formativa que debe acompañar a todo periodismo científico.

Un constante dolor de cabeza: escasas fuentes del periodismo en salud.

Cada vez más los diarios, programas de radio y televisión, así como algunos sitios en Internet, tienden a ser dependientes de la información internacional, en particular de las agencias de noticias y – cada vez más – de los boletines/notas emitidos por los departamentos de prensa de la industria farmacéutica y de las revistas científicas internacionales.

Estamos en presencia de un periodismo apremiante: privilegia la noticia, legitima únicamente a ciertas fuentes restándole importancia a otras, está enamorado de la novedad y de los conflictos; mira más hacia fuera que hacia adentro y parece poco aficionado a formar. Pocas veces se cumple el triple rol que se ha asignado al periodismo en salud: de divulgador, de intérprete, y de contralor (Martínez Solana, 2006). El uso general de escasas fuentes parecería condenar a los lectores a la falta de pluralidad, de equilibrio y de profundidad. No extraña entonces que se califique al periodismo para la salud como superficial o trivial.

Aparentemente el periodismo en salud estaría privilegiando tanto la perspectiva como la presencia médica en las informaciones, lo que configuraría una doble exclusión: la de los demás profesionales de la salud y la de las personas del común. Tengamos presente que en muchos sentidos el discurso médico suele ser vertical y excluyente, y el discurso periodístico corre el riesgo de parecérsele cuando se aferra principalmente a esas voces (Institucionales, propagandísticas y publicitarias).

Esto puede relacionarse con la simple indagación, a manera de ejercicio breve y rápido, sobre información en salud en revistas especializadas, en la que se evidencia una visión de salud autoritaria, en la cual hay un gran sanador (el médico) y una serie de figuras subalternas, de las cuales la de menor influencia es el propio ciudadano (siempre en la condición de paciente). En la mayor parte de los programas de radio, televisión y prensa es muy notorio el énfasis notable en los productos (ya fuera medicamentos, equipos, etc.) como fuente de salud, y en la necesidad de intervención de factores externos al individuo o al grupo familiar para obtener la condición saludable (Montes de Oca, 2004a).

Otro aspecto a destacar es que el predominio de fuentes públicas, principalmente de representantes gubernamentales, podría evidenciar una cobertura en forma sistemática y cuyas actividades y declaraciones son noticiables en gran medida (Declaracionitis). Al grado que los funcionarios/fuentes pueden ofrecer declaraciones noticiosas; independientemente de la pertinencia de sus señalamientos, el material es recogido por los reporteros y presentado.

En cuanto al crecimiento del uso de fuentes privadas, llama la atención la presencia de voceros de laboratorios y empresas de informaciones promocionales, lo que genera – y podría agudizar – la pasividad de los reporteros para conseguir historias en las que escapan la aplicación de criterios periodísticos a profundidad, falta de planeación y coordinación de la cobertura informativa, así como de una agenda que permita organizar fuentes, hechos y seguimientos.

Necesario es resignificar el capital social que encierra hablar de “salud” en tanto concepto teórico que implica un proceso de construcción social en el cual el Estado tiene un rol protagónico, y en donde los periodistas y los medios de comunicación deben asumir su  desempeño con responsabilidad profesional, sin quedar entrampados en la mera difusión propagandística, de manera que la información de salud sea atractiva, con un efectivo discurso, sencillo pero científicamente cierto.

Es importante destacar que en 2002, en la investigación que realizaran María Alejandra Berroterán y Patricia Pérez acerca de la información sobre ciencia en tres diarios venezolanos, estas autoras encontraron una presencia significativa de publicidad redaccional en textos que se estructuraban como periodismo científico o de salud (Berroterán y Pérez, 2004). Dos años más tarde se encontró que más de 40% de los trabajos que se analizaron en una muestra representativa de informaciones en salud publicadas en las revistas dominicales tenían intención promocional (Montes de Oca, 2004b). Esta información es significativa porque, como dice Charles Moumoni (2005): “La información periodística y la publicidad no son una buena junta. La información tiene la finalidad de ser exclusivamente un servicio de interés público, y se distingue de la publicidad, ésta en principio se halla únicamente al servicio de intereses particulares”.

Este análisis sobre algunos de los aspectos referentes a la producción y consumo de información de salud nos da pie para considerar dos asuntos claves: el lugar que ha ocupado el desarrollo de noticias de este tipo en los medios de comunicación y el rol que tienen los medios de comunicación y los periodistas en las estrategias de salud.

Históricamente, los temas de salud fueron abordados dentro de las denominadas “secciones blandas” en el esquema periodístico de los medios gráficos – junto con espectáculos, turismo, ecología entre otros –, donde por lo general se interpelaba a un lector poco formado y donde los temas surgían a partir de un hecho “noticiable”, por lo cual aparecían de manera esporádica como contrapartida de la resonancia pública que podía alcanzar un tema.

En la actualidad las mismas encuestas realizadas recientemente  demuestran que el prototipo del consumidor de información de salud corresponde a personas jóvenes, con educación superior y nivel de ingresos medio o elevado, al tiempo que revela el papel preponderante que se le reconoce a Internet al momento de buscar información en forma activa.

Por ello, el periodismo en salud requiere periodistas adecuadamente entrenados, sin embargo no hay consenso sobre en qué consiste una adecuada preparación. Un tema es la necesidad de tener una especialización formal brindada por universidades, escuelas de periodismo o adquirida en cursos, seminarios organizados por fundaciones, empresas, organismos no gubernamentales y organizaciones regionales. Más allá de la cuestión de qué conocimientos es deseable que los periodistas tengan, es necesario también preguntarse si el “periodismo para la salud” debe ser una especialización de grado. Este es un tema delicado que debe entrar, tanto en el debate como en los estudios sobre periodismo en América Latina para comprender mejor la práctica y las diferencias que guarda con otras formas o categorías dentro del periodismo.

Un diagnóstico esperanzador.

Aun cuando haya coincidencia respecto que tal formación es necesaria para el periodista que cubre las fuentes de salud, el tema no se agota ahí. No existen respuestas únicas sobre qué conocimientos son necesarios para que alguien cubra responsablemente tales temas. ¿Es preciso que los periodistas sepan epidemiología, por ejemplo? ¿Qué otros contenidos deben ser ofrecidos? ¿Es deseable que los periodistas estén familiarizados con la producción de información médica? Resultados diferentes muchas veces se deben a que diversos medios  tienen diferentes requisitos sobre las características de las investigaciones que difunden. Sin embargo, es recomendable que los periodistas estén preparados para enfrentarse a una variedad de dilemas éticos que son específicos al tema de salud, tales como la interacción entre intereses comerciales y públicos. Las secciones de salud en los medios así como también varios sitios en Internet dedicados al tema existen por su capacidad de atraer anunciantes, por el interés que tienen entre los lectores, y por su relevancia pública. El periodismo en salud se encuentra en el cruce de una variedad de intereses y, por lo tanto, requiere periodistas sensibles a tales cuestiones y entrenados en una variedad de temas, particularmente si entendemos a la salud en sentido amplio y no meramente como vinculada a temas médicos.

Más allá de la discusión ética – de indudable importancia – sobre cómo la información deviene en mercancía, será importante investigar las distintas formas de hibridación de la información con la publicidad y sus implicaciones tanto en el ámbito legal como en lo relativo a libertad de información. Hay varias oportunidades para el periodismo de salud considerando los cambios continuos que está atravesando la profesión, las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías, la profesionalización del periodismo, y el interés constante de las audiencias por temas de salud.

Aunque es evidente que hay una nueva apariencia debida a los rediseños y alternativas gráficas, tanto en medios impresos como en plataformas digitales, todo parece indicar que el cambio ha sido superficial, más de maquillaje que de concepción periodística. En lugar de aprovechar las nuevas tecnologías, cambiar el paradigma informativo, valerse más y de mejor manera de las infografías, los periodistas de la fuente de salud mantienen los mismos esquemas informativos que los periodistas de otras fuentes como la política. El resultado es menos información, calidad discutible y agendas poco variables a pesar de la aparición de nuevos actores.

 

 

 

 


 

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[i] Adaptación de documento escrito bajo contrato para la OPS de Waisbord Silvio (2001) “Nuevas tendencias y escenarios futuros en el periodismo: Oportunidades para el periodismo en salud”. Organización Panamericana de la Salud, Quito, Ecuador, enero 2001

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