Sin noticias del Congreso y cada medio con su tema (José Carreño/El Universal)


José Carreño Carlón  El Universal

En la medida en que el Congreso deja de producir información sobre el curso de sus acuerdos o desacuerdos, como ocurre desde la aprobación de la reforma hacendaria, cada medio llena ese vacío con la confección de diversos discursos de la realidad, siempre en competencia por influir en la definición de la agenda de las conversaciones y debates públicos. Este es el nombre del juego en las democracias mediáticas o en las llamadas sociedades democráticas de mercado.

Hace tiempo los estudios de comunicación dejaron atrás la idea insostenible de que los medios reflejan —o deberían reflejar— ‘la realidad’. Como si las realidades fueran susceptibles de ser captadas en toda su complejidad por la mirada de un reportero o la atención un analista o columnista, o incluso por la imagen obtenida por un fotógrafo o un camarógrafo. Lo que hace cada medio, de acuerdo a las actuales investigaciones y teorías de la comunicación, es construir discursos de la realidad.

Y en la expresión más radical de este enfoque se llega incluso a plantear que los medios ‘construyen’ esas realidades y manufacturan con ellas el consenso, el consentimiento o el conformismo respecto a los poderes establecidos o en pugna. Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media, es el título del trabajo de Noam Chomsky y Edward Herman de hace tres lustros, a partir de un concepto de Walter Lippman de 90 años atrás.

Comparaciones sexenales

Pero volvamos al vacío de noticias del Congreso de estos días. Y veamos cómo suele llenarse con diversidad de enfoques sobre saldos, enclaves y acciones de las bandas criminales. Incluso una misma declaración de un mismo actor público puede ser presentada, por rutinas del periodismo, con giros opuestos. Y eso lleva a audiencias y lectores a decodificaciones contradictorias.

Por ejemplo, un reporte dado a conocer el lunes por el subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana de Gobernación, Roberto Campa, fue presentado el martes por Milenio así: “Creció 57% número de homicidios”. La frase, en el contexto de las frecuentes comparaciones que hacen los medios entre el anterior y el actual gobierno —y de los balances que suelen publicarse en las semanas finales del año— puede a leerse como el saldo del 2013, primero año del actual gobierno. Pero la ‘cabeza’ de EL UNIVERSAL cuenta lo que parece otra historia, más apegada al reporte del subsecretario. La noticia se refiere a que la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes aumentó casi 60% entre 2000 y 2012. Contextualiza: “Homicidios subieron 60% en el panismo”.

La otra veta informativa en la que los medios se disputarán la definición de la agenda pública —pronto enriquecida con el próximo informe de la Auditoría Superior de la Federación— es la de las irregularidades del sexenio anterior, como lo anticipa un recurrente discurso de la realidad a cargo de Reforma, con sus informaciones diarias sobre el desmesurado gasto en comunicación del gobierno anterior. Y aunque languidece por fatiga informativa y hartazgo de las audiencias, no termina de desvanecerse el tema de las protestas de la disidencia magisterial.

Campos de batalla

Desde luego, está el tema del extraño comportamiento de las autoridades venezolanas en el caso del derribo y de la más extraña aún destrucción de un avión con matrícula mexicana, cargado de droga, según el gobierno de Caracas, o cargado de narcotraficantes, según otros, entre los que estaría el nuevamente prófugo de la justicia mexicana y estadounidense Rafael Caro Quintero.

Claro, concentrados en su papel de nuevos campos de batalla, como los definió Bourdieu, pero reducidos con frecuencia en nuestro país a los litigios políticos de la aldea, los medios mexicanos finalmente voltearon a ver las 10 mil muertes de la tragedia de Filipinas, cuando las noticias de las víctimas de ese tifón llevaban 48 horas en los medios de la globalidad.

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Un comentario sobre “Sin noticias del Congreso y cada medio con su tema (José Carreño/El Universal)

  1. Como bien plantea José Carreño es un error atribuirle el peso a los medios sobre su labor de reflejar la realidad en sus soportes. No se puede cuando ésta tiene otro tipo de labores, no el de manipular gente, como si éstos fueran seres sin capacidades para pensar y analizar, sin poder tomar decisiones.
    No por eso tiene se tiene que hacer el sesgo más grande de lo que ya es y las interpretaciones que vienen desde las fuentes de información se debe de procurar ser apegados al texto sin juicios que desubiquen al lector/televidente/radioescucha.
    Un ejemplo claro es en materia de legislaciones o de índices que vienen de estadísticas. Donde las sobre interpretaciones tienen un lugar amplio en materia de clips informativos o en las primeras planas y contra portadas de los principales medios de comunicación.
    Contextualizar las notas, citar, conocer del tema, son los principales requisitos que tendría que tener cualquier periodista y/o encargado de dar luz verde a estos espacios que si no determinan, influyen de cierta manera en la población mexicana. A esto se le debe aunar que no sólo depende de cómo se mande a información, sino la importancia y espacio requerido que se le otorga a cada nota.
    Si se sigue viendo lo doloroso y empático como lo primero, no dejará que lo estructural dentro de una nación sea el tema principal dentro de las pláticas cotidianas de la sociedad mexicana, mismas que pueden entrar en un estado reflexión.

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