De intimidades presidenciales (Katia D’Artigues/Zócalo de Saltillo)


Katia D’Artigues Zócalo de Saltillo

Me llegó el nuevo libro de Isabel Arvide, “Mis presidentes. De Echeverría a Peña Nieto: Intimidades sobre el poder presidencial en México”. Me prometí hojearlo y acabé leyéndolo casi todo; no me pude resistir.

Escrito en primera persona es la historia de la misma Arvide -una de las primeras columnistas políticas del país-, pero quizá también de la relación de la prensa con el poder, sobre todo en los tiempos históricos del PRI, aunque Arvide incluye a Fox y a Calderón (a quien se nota que quiere mucho, por cierto). Una relación muy perversa que espero jamás regrese y que a mí que sólo tengo 20 años de reportera no me ha tocado vivir, afortunadamente.

Arvide siempre ha sido polémica, nunca ha ocultado sus amores, sobre todo con integrantes del Ejército, pero aquí también devela algunos con políticos y, sí, un ex presidente al menos. No diré mucho de ello. Sólo que Marcelo Ebrard seguramente no está muy feliz con el balconeo y no sólo por el romance que asegura que tuvo con él a lo largo de mucho tiempo, sino por el retrato que de él hace.

Pero más allá de ello, Arvide hace dos revelaciones interesantes. Habrá que ver qué dicen los protagonistas citados. Una de ellas es que Francisco Labastida, a quien le dedica el libro, fue llamado por Luis Donaldo Colosio antes de su asesinato en Lomas Taurinas. Le habría pedido, asegura Arvide, que fuera el nuevo coordinador de su campaña. Sí. Colosio quería relevar a Ernesto Zedillo, quien sería luego candidato forzado -en más de un sentido- a la presidencia. Y a quien ella llama repetidamente “traidor”.

La otra está en la página 148. Es un mensaje que Diego Fernández de Cevallos, candidato panista a la presidencia, le habría mandado al entonces presidente, Carlos Salinas de Gortari, a través de ella. Lo reproduzco tal cual lo publica:
“(Diego Fernández de Cevallos) Me pidió, textualmente, que le dijera que gran parte del resultado de la elección estaba en sus manos todavía. Que como mandatario podía inclinar la balanza en favor del PAN. A cambio, se comprometía a tratar a la familia Salinas de Gortari como si fuera la propia. Debe haber sido a finales de mayo o principios de junio de 1994”.

Versión original

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