Instrucciones para leer la televisión (Sin embargo)


Por Ramiro Padilla Atondo, publicado en Sin embargo

La televisión tiene un efecto importante en la manera que vemos la vida. Puede llegar a generar una guerra o promover la paz. A pesar de las nuevas tecnologías, la televisión sigue siendo la reina del entretenimiento. ¿Entrará en declive algún día? Es ya de muchos sabido que así como es un vehículo de entretenimiento, puede convertirse también en un camino seguro a la colonización de las mentes. El filósofo argentino José Pablo Feinmann explica el concepto a través de un programa llamado filosofía aquí y ahora, para los que quieran copiar el link: Es categórico al afirmar que en la televisión se trabaja para estupidizar a las personas. La televisión atrapa al hombre medio con el espectáculo infinito de la pavada (hechos tontos y sin gracia) y nombra la televisión como la máquina de distracción masiva. El filósofo argentino explica también donde empieza la libertad del individuo. Esta empieza en el momento en que decide apagar el aparato. Cuando cobra conciencia que hay una vida más allá de la televisión. Pero Feinmann no ha sido el único que habla de este poder corruptor.  Giovanni Sartori ayudaría a cambiar la percepción que tenemos del mundo al escribir el homo videns, la sociedad teledirigida. Sartori es el principal teórico de la comunicación y explica este cambio cualitativo de la manera en que vemos el mundo. Evolucionamos de un homo sapiens a un homo videns, esto es, llegamos a la cultura de la imagen. El pensamiento se transforma. Es muy distinto leer un periódico que ver una imagen en tiempo real explicando una noticia. Y aquí viene el quid del asunto. Sartori lo dice de manera contundente. La televisión ha acabado con el pensamiento abstracto, con las ideas claras y distintas, y llama a esto la video política, la conversión de un video-niño en un adulto sordo de por vida: Alguien capaz de defender el sistema que lo oprime pues así ha sido educado. Para no criticar. El filósofo Roberto Nuñez, radicado en Ensenada, hablaría de esto como un mecanismo para controlar la neurosis o encausarla a través de actividades distractoras o derivativas. Sartori diría a su vez que esta sordera del adulto sería sobre todo para los estímulos provenientes de la lectura y todo lo que tenga que ver con la cultura escrita. Ante el avance de la cultura audiovisual se pregunta si aparecerá un post pensamiento basado en estas premisas. Y vaya si está apareciendo. La televisión se convierte en un empobrecedor de la percepción. La información que llega al sujeto no es en la mayoría de los casos objetiva. Tiene una agenda. Una muestra de esto la daría el documental de Michael Moore, Farenheit 9-11: La mediocracia de ese país unida para vender una guerra que no tenía razón de ser. Se creó la percepción de las armas de destrucción masiva y los medios la vendieron. Algunos años después el teatro se cayó. Cien mil muertos después. Muertos que no tenían la culpa de que un loco con ganas de revancha enviase un ejército a masacrarlos. El efecto pernicioso de la televisión. El ya famoso disneyland state of mind promovido hasta la saciedad. Nuestro país por supuesto no está exento de esta influencia apabulladora. La televisión como aliada fiel del sistema. La masacre de estudiantes del 68 se distorsionaría de tal manera que aun en nuestros días no se tiene certeza de lo que sucedió en realidad. La fuente de información primaria dijo lo que al gobierno le convenía. Igual pasa en nuestros días. Vivimos en una supuesta “democracia”. Esto es la opinión pública tendría que ser determinante a la hora de la creación de políticas de gobierno. Pero la opinión pública a decir de Sartori es modificable y frágil. El problema estructural reside en el hecho de que para que una democracia representativa funcione, esta debe de estar basada en esta opinión. Pero la opinión como se puede comprobar está diseñada por la televisión. Esto es, el gobierno y sus aliados son juez y parte. La fuente primaria de opinión es la televisión y su penetración en nuestro país es muy amplia. La encuesta nacional de prácticas y consumos culturales hecha por la Conaculta dice que más del 95% de los entrevistados acostumbra a ver la televisión: http://www.fundacionpreciado.org.mx/biencomun/bc170/Numeralia.pdf. Una influencia demasiado tentadora para dejarla pasar de lado. La disputa entre televisión y lectura entonces es absolutamente desigual. Si algunas encuestas dicen que se leen solo 2.8 libros al año (aunque esta cifra es rebatible porque hay millones que en su vida jamás han leído un libro), la lógica indica que es bastante fácil manipular la opinión pública. Vivimos la peor de las situaciones. Un público que cree que es culto por mirar programas de opinión política que dicen por agenda lo que les conviene decir, al grado de soltar barbaridades como que leer es irrelevante a la hora de gobernar. Y los resultados son funestos. Un pueblo formado y crítico que ve a la televisión solo como un accesorio es en esencia poco manipulable. Pero para pasar de un pueblo teledirigido a uno realmente informado habría que hacer cambios sociales-estructurales. Un ejercicio interesante nacería de ver la televisión con una libreta y un lápiz en la mano. Yo lo hice en alguna ocasión. Un noticiero soltó la friolera de quince noticias negativas para empezar el programa. Después intentaron matizar la información diciendo que no todo era negativo en México. Luego vendría la formación de estereotipos raciales en nuestro país. La absoluta preminencia de modelos caucásicos en la pantalla chica es la regla, no la excepción. Tome su libreta y apunte la cantidad de mestizos que aparecen en los roles estelares de las telenovelas. Luego nombre la cantidad de personajes con ojos azules que aparecen. El resultado lo sorprenderá. Hay comerciales que bien pueden salir al aire en Suecia y nadie notaría la diferencia. La televisión ha sido descarada en la explotación de estos estereotipos. Nos dicen lo que no podemos ser. Y en base a estas categorizaciones nos creamos una percepción de lo bueno y lo malo. Entonces obramos en consecuencia. Al parecer una de las aspiraciones más socorridas es llegar a la pantalla grande. La panacea que resolverá todos nuestros problemas. Hemos llegado al extremo de la explotación de nuestros niños. Y esos padres que no saben cuan dañina puede ser esta sobre exposición mediática. Es por eso que es de suma importancia aprender a leer la televisión. Entender sus símbolos y mitología. Umberto Eco diría hace algún tiempo que aparecer en televisión hoy en día ya puede ser calificado como un acto grosero. Y profetizó en 1968 que existiría un vasto número de consumidores chatarra. Y la profecía no podría ser más cierta. Decodificar el lenguaje televisivo se convierte entonces en una necesidad primigenia. Conocer sus alcances y su perversidad a la hora de la manipulación de las opiniones. Porque todo redunda en poder. En el mayor número de clientes cautivos. Aunque esta labor Quijotesca esté cuesta arriba. Aún con las nuevas tecnologías la televisión sigue siendo la reina. Y mientras no leamos, los resultados  siempre serán los mismos. Candidatos telegénicos con analfabetismo funcional, y creadores de opinión (como Alazraki) que creen que son la verdad revelada. Seamos originales. Apaguemos el televisor. Hay una vida muy rica allá afuera.

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