Crítica a “La Tempestad” (Milenio)


Por Álvaro Cueva, publicado en Milenio

He estado observando con detenimiento La tempestad, la nueva telenovela nocturna del Canal de las Estrellas, la que entró en lugar de Amores verdaderos.

No me he perdido ni una sola escena, la he desmenuzado con bisturí, le he buscado todos los errores posibles. No he descuidado ni un solo detalle.

¿Qué le puedo decir? ¡Que me encanta! Es la telenovela más maravillosa que le he visto a Salvador Mejía (Fuego en la sangre) en años, un espectáculo melodramático glorioso, de gran corte internacional, la amo.

Me recuerda las mejores historias que don Ernesto Alonso (Amarte es mi pecado) hizo con la gran escritora Liliana Abud (Yo compro esa mujer).

Es volver al orden, a la espectacularidad de las emociones, a las ganas de hacer bien las cosas.

La tempestad es un proyecto que me tiene gratamente sorprendido, algo muy digno del horario estelar y de una empresa como Televisa.

¿Qué es La tormenta? La versión mexicana de una telenovela colombiana del mismo nombre.

¿Entonces esto es un sacrilegio porque, su supone, como no es original, es mala?

No porque no tenemos punto de referencia. Tal y como sucedió con Mañana es para siempre, jamás la habíamos visto.

Por si esto no fuera suficiente, Liliana Abud y Mauricio Aridji, sus adaptadores, la corrigieron, la aumentaron y le metieron tantas cosas, pero tan buenas, que en el remoto caso de que usted haya sido fan de La tormenta original, ni la va a extrañar.

¿De qué trata? Hasta donde voy, de los encuentros y desencuentros entre una chica de ciudad, bastante guapa y de buen corazón, y un marinero de lo más rudo y polémico, más secretos, intrigas y cosas intensísimas que se ven venir.

¿Y esto es recomendable? Mucho porque tiene todos los ingredientes que nos gustan a los amantes de las telenovelas de verdad.

Desde los besos y las escenas de cama hasta los hijos perdidos, los villanos tenebrosos, los ricos, pobres, el campo (en este caso el puerto) y la ciudad.

¿Sabe qué es lo que más le admiro a este proyecto? Tres cosas: su reparto, su dirección de escena y su cuidado en los pequeños grandes detalles.

¿A qué me refiero cuando le digo que admiro este reparto? A que se me hace un acierto monumental haberle dado el personaje protagónico a Ximena Navarrete, nuestra Miss Universo 2010.

Como usted sabe, soy un gran admirador de las reinas de belleza y creo que cuando hay talento, cualquier camino es válido para la superación personal y el ascenso social siempre y cuando se haga de manera honesta sin perjudicar a otros.

Y no, no creo que sea malo que Ximena, antes que actriz, haya sido reina de belleza.

Muchas de las mejores actrices de México y del mundo, incluso una que otra periodista, vienen del mundo de los concursos de belleza. Ximena no tendría por qué ser la excepción.

Obviamente no es Meryl Streep pero en el negocio del espectáculo hay muchos tipos de actrices, Ximena pertenece a otra escuela igual de respetable y lo hace más que bien.

De hecho, la miro y me acuerdo del momento en que otras luminarias como Lucía Méndez comenzaron su carrera. Si Ximena se cuida, llegará muy alto. De mí se acordará.

Por lo demás, el triángulo con William Levy e Iván Sánchez se me hace extraordinario.

William es una figura global indiscutible, un rostro queridísimo por las multitudes y a Iván millones de mujeres lo siguen idolatrando en más de un continente por su trabajo en La reina del sur.

Verlo juntos es como cuando, en los años 80, todo el mundo soñaba con juntar a Verónica Castro con Andrés García y José Luis Rodríguez. ¡Son el trío perfecto!

A esto súmele a una María Sorté divina, más entrañable que nunca, y regresando a mi querido puerto de Alvarado, Veracruz, como en los mejores tiempos de Más allá del puente.

¿Y qué me dice de Daniela Romo? ¿No le dan ganas de comérsela a besos en ese papel de madre luchando por recuperar a la hija perdida, cruz con hada madrina, pero en perfecto melodrama tradicional?

Aquí es donde tengo que felicitar públicamente a Mónica Miguel y a Eric Morales, los directores de escena de esta joya porque, a diferencia de Amores verdaderos, en donde cada actor hacía lo que quería, acá todos están muy bien entonados, profesionales.

¿Qué le trato de decir cuando le hablo de pequeños grandes detalles? A esos destellos creativos de poner a gente del pueblo a cuadro, de reflejar nuestras fiestas populares, de mover la cámara con rapidez, de jugar al suspenso, de contar todo con ritmo. Esto es muy bonito.

Ojo, no deja de ser una telenovela de consumo donde, por ejemplo, en el mar, hay tormenta, y donde en el puerto, no cae ni una gota de lluvia, pero así, como telenovela de consumo, con sus concesiones típicas, es bonita, ideal.

¡Dios! ¡Me he vuelto a enamorar de las telenovelas estelares de Televisa! ¡Gracias, Salvador Mejía! ¡Lo necesitaba! ¿Usted no?

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