“Los gladiadores” de Raymundo Riva Palacio (La Razón)


Primer tiempo: si pierde la compostura, ¿de verdad muerde? Agárrense. La maestra Elba Esther Gordillo, como hacía muchísimo tiempo no se veía, está tan enojada que no puede ocultar la rabia en público. Dos conferencias de prensa consecutivas es algo que no suele hacer, pues prefiere tejer sus enjambres políticos a puerta cerrada y administrar los tiempos para lograr sus objetivos. Pero que se revuelque en el lodo, amenace, identifique a la cabeza visible de sus enemigos —Carlos Loret— por nombre, y rete directamente a gobernadores —Ángel Heladio Aguirre de Guerrero y Mariano González de Tlaxcala— porque esta semana contribuyeron con sus críticas a los maestros al clima de linchamiento colectivo de la maestra, significa que está herida, quizás, como nunca lo había estado desde que fue ungida como líder del magisterio por el presidente Carlos Salinas en 1989. Envuelta en la bandera magisterial, desafió a quien quisiera oírlo, que si para salvar a los maestros era necesario que le cortaran la cabeza, ponía la suya en la guillotina. Eso dijo una vez Mirabeu de Luis XVI (“si para salvar la República hay que guillotinar al rey, que lo guillotinen”), y eso es lo que parece decir Gordillo de la maestra. Empapada en la ira de diciembre, amenazó con la resistencia civil, eso sí, pacífica y digna, como siempre define las suyas el ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, para defender los derechos de los maestros. No hay manera que ella esté de acuerdo con la Reforma Educativa que salió del Senado. ¿Y por qué habría de estarlo? Su poder y control en el magisterio emana del control que tiene sobre las plazas de maestros, a las que ha manejado con un carácter patrimonialista. Nada de méritos académicos; todo por lealtades incondicionales. La Reforma ataca su fuente de poder al elevar la evaluación de los maestros a nivel constitucional, con lo cual se le quita la posibilidad de sabotearla, y de sus capacidades depende que permanezcan en la plaza, con lo que le quita el don supremo de dar y quitar esas plazas. La rabia es justificada. ¿Por los maestros? No, hombre, claro que no. Por ella, que por vez primera desde hace un cuarto de siglo, su liderazgo está altísimamente en riesgo. Que recuerde a Mirabeau cuando hable, pero sobre todo, lo que pasó con Luis XVI: le cortaron la cabeza.

- SEGUNDO TIEMPO: Las debilidades de la doña. Primera señal: el éxito de taquilla de la película documental De Panzazo, donde Juan Pablo Rulfo y Carlos Loret desarrollan una crítica muy poderosa sobre la capacidad de los maestros y el control político que sobre ellos ejerce la sempiterna líder, Elba Esther Gordillo. Segunda señal: el clima de opinión pública negativa general y extendiéndose siempre, donde su reflejo, las columnas políticas de los diarios, son abrumadoramente críticas de ella. Tercera señal: el desprecio al candidato presidencial Gabriel Quadri, por el mero hecho de competir por Nueva Alianza, el partido que ella fundó. Cuarta señal: en el discurso inaugural de Enrique Peña Nieto como Presidente, el anuncio de una reforma educativa fue el tema más aplaudido, y el punto específico del fin de las plazas heredadas, fue lo más aclamado. ¿Entiendes Elba Esther? La Patria grande está contra ella. La Patria chica, leal a ella, se está reduciendo aceleradamente, si se mide en cuanto a pérdida de apoyos políticos. La Reforma Educativa llegó en el peor momento para ella en términos de imagen pública. Muy pocos la ven en términos de lo que ha logrado por los maestros —salarialmente elevó al menos cinco veces lo que ganaban hace seis años—, sino por su personalidad y sus excesos visibles. La vanidad mata y, al parecer, la empezó a matar. Incontables cirugías plásticas, de las cuales sale bien o mal, al gusto del ojo subjetivo, han sido motivo de los más crueles cartones. La vanidad de vestir con Prada, Chanel y Louis Vuitton, y de no ocultar misteriosas riquezas —porque toda la vida en el servicio público y al frente del magisterio no le darían los recursos suficientes para cubrir sus gastos—, le han añadido descrédito. La prensa mexicana le ha documentado desde hace varios años una fortuna que levanta cejas. Acumulan ella y su familia, según las denuncias, propiedades inmobiliarias en la ciudad de México por 67 millones de pesos, que no incluye sus propiedades en San Diego, París o Buenos Aireas, al menos, ni su avión. La maestra se ha convertido en el arquetipo del líder sindical rico con agremiados pobres, no porque sea la única, sino por ser quien no mantiene la discreción. Soberbia, dicen algunos del comportamiento que empieza con la vanidad. Mezcla terrible, que perfilan el declive de todas las cosas.

- TERCER TIEMPO: Aunque tardía, Justicia Poética al fin. Quién se imaginaría el vuelco de la vida en aquella primavera entrando a verano de 2003 cuando Elba Esther Gordillo, que perdía la fuerza política dentro del PRI por una batalla en múltiples flancos donde el general era Emilio Chuayffet, le dijo con sorna que le dijera lo que quería que escribiera en su epitafio. Poco más de nueve años después, es Chuayffet quien va de regreso. En en su cuenta de Twitter escribió lo que podría ser el epitafio de la maestra: “… el SNTE debe entender que México ha cambiado”. Hoy secretario de Educación Pública, Chuayffet se refería a la Reforma Educativa donde “es indispensable transformar el sistema y sus reglas, no necesariamente remover a una persona”. Cuidadoso, cuando se refiere al SNTE y su evolución, no se refiere al sindicato en lo abstracto, sino a su dinamo, la maestra Gordillo, que se ha rebelado ante la reforma. Críptico, frasea que “no necesariamente (la Reforma busca) remover a una persona”. Pero lo que no es necesario, también puede ser necesario. Lo que no es condición, tampoco es prohibición. No son juegos de palabras, sino el interlineado de la política. Si la maestra y sus gladiadores no entienden que el balance de poder cambió y la correlación de fuerzas se fue al traste con la Reforma, el Estado asumirá los costos. Si Gordillo camina con la Reforma, el Estado caminará con ella. Si no, está claro: aténgase a las consecuencias.

Artículo original.

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