Editorial de El Universal
Ayer, la Comisión Federal de Competencia (CFC) comenzó el proceso de notificación de la resolución de su pleno sobre la solicitud de las empresas Televisa-Iusacell para fusionarse, mismo que ambas empresas confirmaron, les fue adverso.
Iusacell y Televisa consideran que se trata de una decisión que no fomenta la competencia en el mercado de la telefonía en México. En contraparte, ha sido pública toda una corriente de opinión entre analistas del sector de las telecomunicaciones, que durante las últimas semanas han argumentado en contra de la pretendida fusión de ambas empresas, por considerarlas, a su vez, parte de conglomerados mayores, concentradores del segmento de televisión.
La ruta a seguir de aquí en adelante se prevé en dos frentes: el judicial, a que tienen derecho las partes que se consideran afectadas, pero también en el del análisis de la competencia y su regulación, porque es un hecho que, bien sea en el ámbito de la telefonía como en el de la televisión, el país está urgido de una efectiva competencia, lo que no hemos podido conseguir a cabalidad y que nos lleva a situaciones límite y complejas de dilucidar como la dada a conocer ayer.
La falta de competencia, en esos dos ámbitos, ciertamente ha generado mercados distorsionados en los que el más afectado es el usuario final, que se queda con pocas opciones de precio y calidad. Más competencia siempre será en beneficio del consumidor. Conclusión que comparte la propia OCDE, según su documento dado a conocer esta semana sobre las políticas y regulación de las telecomunicaciones en México.
Para que esto se logre es preciso revisar y fortalecer el marco jurídico, de tal forma que queden muy claros los alcances y límites de las empresas en cada mercado y evite vacíos legales, sujetos a interpretaciones de la ley.
También se requiere revisar los órganos reguladores, para que éstos sean fuertes y capaces de poner orden, con un gran sentido de racionalidad económica, pero respetuosos en todo momento de la libertad de los actores económicos para invertir. La fortaleza y autoridad de los reguladores es vital para generar certidumbre en las empresas y beneficios en los consumidores.
Este es el principal reto de aquí en adelante: generar las condiciones para tener mercados sanos, competitivos, con oferta diversificada, en los que los usuarios finales puedan tener las suficientes opciones para elegir.