Soy prole TV

Por Álvaro Cueva, publicado en Milenio

Lo confieso, lo hice a propósito. Soy muy mala onda pero hay veces en que uno, como crítico y, por supuesto, como televidente, se harta.

¿De qué le estoy hablando? De “Huérfanas”. Se estrenó hace mucho, hace meses y yo, muy conscientemente, me esperé todo este tiempo para escribir de ella.

¿Por qué? Porque con las telenovelas de Azteca siempre es lo mismo.

Comienzan con toneladas de publicidad, con afirmaciones insólitas sobre sus maravillosos estándares de calidad y con decenas de elogios para sus repartos internacionales.

Y, claro, sus primeros capítulos son sensacionales. Locaciones monumentales por aquí, efectos especiales por allá, lágrimas, risas, sexo, amor, todo.

¡Bueno! Cualquiera puede enloquecer ante la falta de defectos. ¿Pero qué pasa después? Que toda aquella parafernalia se derrumba.

Adiós historia, adiós reparto, adiós locaciones, adiós efectos especiales, adiós telenovela y vienen los cambios, y vienen las actuaciones especiales de última hora y, misteriosamente, aquello se prolonga por meses, y meses y meses. ¡Ya nos la sabemos!

Cuando vi el capítulo uno de “Huérfanas” dije: a mí no me la vuelven a hacer y, contrariamente a mi costumbre, me esperé, no dos días, no dos semanas, me esperé más de tres meses porque quería tener todos los pelos de la burra en la mano.

“Huérfanas” es una mugre, un subproducto de cuarta que si funciona, es porque miles de personas están esperando a que acabe para sintonizar a Rocío Sánchez Azuara.

Como historia no vale tres cacahuates y como telenovela, menos. Y lo que más coraje me da es que ya se está publicando por todos lados que esta producción se dejó de grabar hace varios días.

¿Por qué me da coraje? Porque si sus responsables tuvieran un poquito de dignidad, seguirían trabajando buscando la manera de atender a los televidentes.

Me da la impresión de que son como burócratas que nomás vieron el presupuesto, se lo acabaron y se fueron, y pues no, así no es este negocio, así no son las telenovelas.

En esta industria, y más ahora, te mueres en la línea, vas al día preguntando, creando, midiendo audiencias, haciendo que la historia crezca, viendo qué te pueden dar y qué no te pueden dar tus actores.

Estoy muy enojado porque por ahí del capítulo nueve, a esta gente se le acabó la historia.

Imagínese, llevamos más de dos meses en un cuento que no trata de nada, con protagonistas que no dicen nada y con un inmenso despilfarro de actores porque, lo que sea de cada quien, en esta telenovela sí había talento.

Y no nada más hablo de las figuras consagradas como Ariel López Padilla, Ana Ciocchetti y Gabriela Roel, sino también por los jóvenes.

Cualquiera de esos chavos, en otro proyecto, en otro canal, se hubiera convertido en un ídolo nacional. Aquí todos pasaron con más pena que gloria. ¡Qué mala onda!

En el remoto caso de que usted no se sepa de lo que le estoy escribiendo. ¿Qué es “Huérfanas”? ¿De qué trata?

“Huérfanas” es la telenovela como de las 18:00 horas de Azteca 13. Digo como de las 18:00 porque ahí sólo Dios sabe a qué hora comienzan las cosas. Igual inicia a las 17:52 que a las 18:26.

Originalmente era la historia de tres chicas caídas en desgracia que buscan el amor mientras reivindican el buen nombre de su padres, quienes fueron asesinados de la manera más absurda que usted se pueda imaginar.

Menciono lo de originalmente porque ahora es de chile, de dulce y de manteca, de quesadillas, mamografías y peluquerías, y porque por más que uno le busca, no se siente el peso de tres figuras femeninas estelares, si acaso de una y decir una es decir mucho.

¿Suspenso? ¿Cuál? ¿Emotividad? ¿En dónde? ¿Humor? ¿Cuándo? Esto es tierra de nadie.

El otro día le puse unas escenas a varios colegas extranjeros, ¿y sabe lo que me dijeron? Que se veía como “El Chavo del ocho”.

“El Chavo del ocho” es de principios de los años 70. Esto es televisión de 2011. No es posible que no se sienta una evolución ni siquiera a nivel técnico y, lo peor de todo, que haya una postura de clase tan hiriente.

¿A qué me refiero con esto de la postura de clase? A que esto no viene del pueblo, viene de gente rica, de gente rica que piensa que para tener contenta a “la prole” hay que darle quesadillas.

¡Y pues no! Esto es más profundo, esto tiene su chiste y precisamente por posturas como ésas, por posturas de “prole”, es que a la hija de Enrique Peña Nieto se la siguen comiendo viva en las redes sociales.

En resumen, valió la pena esperar para hacerle la crítica de “Huérfanas”.

Hubiera sido muy fácil caer en el truco de sus primeros capítulos, hubiera sido muy fácil caer en el truco del típico modelo de las telenovelas de Azteca.

Ahora le toca el turno a “Amorcito corazón”. Nos vemos la próxima semana para hablar de ella. Prepárese porque no por nada me esperé tanto tiempo para escribir de esa telenovela.

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