Cofetel: cero autoridad
Por Javier Orozco Gómez, publicado en Milenio
La ausencia de autoridad en materia de telecomunicaciones se ha expresado en diversas formas y ocasiones; ejemplos hay muchos: la falta de definición de las áreas de servicio local, interconexión, imposición de sanciones y así podríamos seguir enumerando casos.
El tema más reciente es su silencio ante el servicio de televisión que está prestando la empresa Telmex, so pretexto de los juegos panamericanos.
Sólo buenos deseos y acciones a medias son los resultados que arroja el trabajo de la Cofetel en los últimos meses pues no hace mucho, el 1 de agosto, presentó sus “Acciones de Política Regulatoria 2011-2012”, donde se propuso un plan muy optimista y poco realista.
Pero más allá de la crítica de una realidad, se debe pensar en cómo cambiar a un regulador que lo han convertido en un “brazo político” del gobierno.
En la última década se han generado alrededor del mundo diversos cambios en la naturaleza, organización y facultades de los órganos reguladores en materia de telecomunicaciones. Dentro de las principales modificaciones está el hecho de que se les ha delegado funciones que correspondían a ministerios de gobierno, ha cambiado su jurisdicción y han sido reestructurados a través de la fusión entre los que regulaban las telecomunicaciones y los que normaban la radiodifusión.
Es inevitable que en México se haga una revisión del órgano regulador en materia de telecomunicaciones y radiodifusión, principalmente en cuanto a sus responsabilidades y actuación dentro del marco de la ley, a fin de fortalecer la estructura reguladora, que cuente con las facultades necesarias para llevar a cabo la exitosa convergencia de servicios y pueda afrontar las innovaciones que la tecnología ofrece día a día; pero siempre, con apego a la ley y no ser omiso.
Es importante que la Cofetel se adapte a los cambios en el sector de las telecomunicaciones, así como a las necesidades de los usuarios y de la industria; si no lo entiende de esta manera el órgano regulador, estamos perdidos, porque seguirá pasando el tiempo y las problemáticas que se tienen hoy seguirán existiendo, más las que se sumen.
La ausencia de autoridad no es más que el fiel reflejo de la injerencia gubernamental que, inexperta en la administración pública y su desesperación por retener el poder, no se da cuenta de los daños colaterales que deja pues lejos de aplicar la ley, solapa su desacato y burla.
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