El final de “El sexo débil”

Por Álvaro Cueva, publicado en Milenio

Qué maravilloso estuvo el final de “El sexo débil”. ¿Por qué? ¿Por qué si, finalmente, este proyecto no tuvo ni el éxito ni el impacto de “Las Aparicio”?

Porque independientemente de cualquiera de estas cuestiones, en términos estructurales fue perfecto.

“El sexo débil” comenzó con el personaje de Itatí Cantoral diciendo que no en plena boda. ¿Y cómo acabó? Exactamente igual, con esa extraordinaria mujer negándose a caer en las redes del sistema en algo que a todas luces fue hermoso, diferente.

¿Entonces terminó mal? No, terminó muy bien porque su pareja, uno de los hombres más importantes de esta historia, estuvo 100 por ciento de acuerdo con ella.

¿Para qué casarse? ¿De qué sirve firmar un papel si el verdadero compromiso amoroso está en alimentar una relación todos los días, en responder, en hacer equipo.

¡Me encantó! Fue una gratísima experiencia donde, por supuesto, vimos lo inimaginable: se le quitó lo macho a los Camacho (la familia de hombres que le daba sentido a este concepto) y tuvimos unos epílogos deliciosos.

El que más me gustó fue el del patriarca, un tipo rudo y enemigo de los homosexuales que, después de vivir los más insólitos conflictos, terminó ligándose a una mujer que no era mujer… ¡Y lo aceptó!

Qué pena que por tratarse de un proyecto ajeno a Televisa y TV Azteca, “El sexo débil” no haya recibido el mismo apoyo por parte de la mayoría de la prensa especializada.

Y qué pena que todo se haya dado tan rápido porque, con un poquito más de planeación, aquello no hubiera tenido tantos baches como tuvo y hubiera terminado por ser una obra maestra.

De cualquier forma, “El sexo débil” acabó de maravilla y, sorpresa, sorpresa, acabó en domingo.

Para que vea que no sólo las grandes redes nacionales tienen derecho a despedirse con una transmisión especial. Para que vea que, buscándole, sí hay opciones.

¿Y sabe qué fue lo que más me gustó del cierre de este título? Que antes de la transmisión de su último episodio vimos un programa especial de una hora que fue algo así como un detrás de cámaras.

Fue divino ver a los actores transformándose en sus personajes, escuchar a los escritores, observar a los directores, ver cómo se trabaja en una casa productora como Argos y presenciar tantos destellos de humor, de amor y de honestidad.

A lo mejor no vimos los derroches que luego vemos en las producciones de Televisa San Ángel o Azteca Novelas, pero vimos tantas cosas tan padres, tan cercanas, que nos ayudaron a dimensionar la realidad de esta otra parte de la industria.

¿Usted no amó a las actrices platicando de sus experiencias viajando en Metrobús? ¡Actrices de telenovelas viajando en Metrobús! ¿Cuándo alguien se había atrevido a romper con ese esquema?

Nada que ver entre este programa especial y lo que otras casas productoras, incluyendo Telemundo, han hecho con sus melodramas seriados.

¿O qué, me va a decir que estuvo mejor el especial de “La reina del sur” con Cristina Saralegui?

¡Por favor! Si la señora lo único que hizo fue insistir en la importancia de las escenas de cama en lugar de haber profundizado en lo verdaderamente importante de ese proyecto. ¡Qué le costaba elaborar un retrato tan bonito como el que los señores de Argos hicieron con el detrás de cámaras de “El sexo débil”!

¡Felicidades!Y felicidades a ese repartazo integrado lo mismo por figuras consolidadísimas como Itatí Cantoral, Mauricio Ochmann y Marco Treviño que por gente fantástica que desde hace rato merecía otra clase de oportunidades como Raúl Méndez, Arturo Ríos y Adriana Parra.

Qué gusto, de veras, que en este país donde aparentemente todo se resume a “Laura”, “Guerra de chistes”, “Extra normal” y “Las lavanderas” de repente se cuelen contenidos de esta categoría. ¡Qué gusto!

Gracias a Epigmenio Ibarra, Verónica Velasco, Ana Celia Urquidi y a la gente de Cadenatres por echarse este trompo a la uña. Gracias por tener ganas de hacer otro tipo de televisión.

Ahora hay que esperar el lanzamiento de “El octavo mandamiento” el día ocho del mes ocho. Mientras tanto Cadenatres se acaba de aventar un estreno como para aplaudir de pie.

¿Cuál? La primera temporada de “The Tudors”, la famosísima serie de la que tanto hablamos en este espacio cuando se transmitió por LIV.

¿Qué tiene de maravillosa la llegada de “The Tudors” a la televisión abierta de este país? Que es un proyecto hiper-fuerte plagado de sexo, acción y crítica social que yo no sé cómo le van a hacer estos señores para transmitir sin represalias pero que definitivamente es glorioso y nos habla de un valor excepcional.

Luche por ver “The Tudors”, mientras llega “El octavo mandamiento”, por Cadenatres. Es una buena oportunidad para acercar a otra clase de público a esta diversidad de contenidos, un oasis en medio del desierto de televisión basura que estamos padeciendo. ¿A poco no?

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