Doble ventanilla
Por David Páramo, publicado en Excélsior
Los expertos en telecomunicaciones” nuevamente se están equivocando en sus sesudos análisis sobre la decisión de Felipe Calderón y Dionisio Pérez-Jácome de nombrar a un subsecretario de Comunicaciones y Transportes.
Fanáticos del análisis de microondas o la opinión desinformada, rápidamente dijeron que se regresa a la doble ventanilla y que, en suma, se trata de un paso hacia atrás en el sector. No olvide que muchos de estos tipos viven de generar problemas y después ofrecer solucionarlos. La realidad es que, como le hemos venido diciendo en esta columna, el titular de la SCT asumió por primera vez en muchísimos años que la política de telecomunicaciones corresponde a su oficina y que la operación del sector a Cofetel, que es un organismo autónomo dependiente de la SCT.
Lo que está haciendo el gobierno federal es establecer reglas claras para la operación del sector; que las empresas encuentren un terreno parejo a través del cual puedan competir de una manera sana a favor de los consumidores. El objetivo final, con todas las dimensiones del caso, es que la subsecretaría de comunicaciones fije la política para el sector y que el organismo encabezado por Mony Sacha de Swaan se encargue de la operación. Se busca un esquema similar al que hay entre la Subsecretaría de Ingresos y el SAT.
Quienes quieren ver el peligro de una doble ventanilla dicen, por ejemplo, que sienten temor de que Héctor Olavarrieta haya sido nombrado para echar hacia atrás las decisiones que ha tomado Cofetel, especialmente en la tarifa de interconexión. Los que han tratado con el nuevo subsecretario le califican como un hombre bastante comprometido, capaz y que no tiene miedo en tomar decisiones. Algunos opinan que su carácter es un tanto bonachón y que es un hombre dócil a las órdenes de sus superiores.
Sea como sea, la realidad es que Pérez-Jácome está haciendo un gran trabajo en establecer un terreno parejo a través del cual avance efectivamente el sector de las telecomunicaciones, un pendiente que tiene más de tres décadas.
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