Los problemas de Prisa

Por Samuel García, publicado en Milenio

Desde hace tiempo que los españoles pusieron su mirada en América Latina como el mercado natural para ampliar sus horizontes de inversión…y de influencia.

Fue el caso del Grupo Prisa, la mayor empresa de generación de contenidos en España y en el mundo de habla hispana y portuguesa. Contenidos producidos para prensa, televisión, educación y radio a través de poderosas marcas, muchas de las cuales son muy conocidas en nuestro medio como el diario El País, las editoriales Santillana y Alfaguara o las estaciones de radio del grupo Radiópolis en asociación con Televisa, como Los 40 Principales, W Radio o Kebuena.

En España el emporio que fundara Jesús de Polanco a partir de editorial Santillana en 1958 y de El País en 1976, se expandió rápidamente a través de la radio y la televisión por cable, consolidando su liderazgo en los medios de comunicación bajo el influjo de los vientos favorables que traían la expansión económica española y el gobierno socialista que encabezaba Felipe González.

Pero el territorio español —como a otras grandes empresas de la península— rápidamente le quedaría chico. La expansión de Prisa se desbordó hacia América Latina en la década pasada, y Polanco y compañía decidieron extenderse agresivamente a las Américas en momentos en que las nacientes democracias avanzaban de la mano de una mayor apertura de mercados para la inversión extranjera.

Así, Prisa creció por toda América Latina con importantes adquisiciones editoriales a través de Santillana y de alianzas y compras de grupos de radio cubriendo rápidamente todo el continente y convirtiéndose en una poderosa influencia mediática en la región. Si se vale la expresión, Prisa creció a prisa.

Pero la crisis no le perdonó su andar de compras, como ocurrió con Cemex en su momento. Las deudas le ahogaron y los banqueros le apretaron el pescuezo porque pensaron que más de 4 mil 500 millones de euros en deudas eran muchos para un grupo como Prisa, con un potencial de negocios mermado.

Llegaron las reestructuras financieras y con ellas las naturales pérdidas de control de la compañía para la familia Polanco, pero no ha sido suficiente. La deuda aún supera los 3 mil millones de euros por lo que en la junta de accionistas del 24 de junio pasado se habló de desprenderse de activos no estratégicos, de nuevos refinanciamientos de la deuda buscando mayores plazos y de apretar una vez más los costos en todas las áreas. La pregunta es si todo esto, de lograrlo, será suficiente para salir de un panorama sombrío.

Como Cemex, Prisa deberá desinvertir, muy a su pesar, algunos de los activos que no le han sido lo redituables que esperaban al inicio y más aún ahora que los banqueros han ganado asientos en su consejo de administración.

Quizá en esa lista se sitúe Radiópolis, con W Radio a la cabeza, una inversión editorialmente estratégica para Prisa, quien por cierto está a cargo de la gerencia, pero cuyos resultados han sido poco halagüeños y que, por lo tanto, tiene la presión encima de su socio Televisa lo que podría derivar en cambios importantes próximamente.

Como muchos otros, la crisis española y europea ha obligado a Prisa a redimensionar su crecimiento reciente y sus ambiciones de corto y mediano plazos. Su potencial está allí intacto, pero la necesidad de liquidez no tiene contemplaciones y los Polanco tendrán que ceder aún más, mientras que los cazadores están al acecho.

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