Los archivos de Irak
Por Gabriel Guerra Castellanos, publicado en El Universal
Cuando en 1971 el analista Daniel Ellsberg “filtró” a los medios un extenso y detallado estudio acerca de la estrategia y el proceso de toma decisiones del gobierno estadounidense en la Guerra de Vietnam, el mundo se sorprendió no sólo por su osadía, sino por las revelaciones de tal dimensión y alcance que apresuraron, sin lugar a dudas, el eventual retiro de EU de esa malhadada parte del mundo.
Ellsberg, un ex funcionario de alto nivel del Pentágono, tenía un profundo conocimiento del involucramiento del gobierno de su país y del rumbo equivocado que llevaba en esa guerra que tanta muerte y destrucción ocasionó en el Sureste asiático y tanto daño a la imagen de EU en el mundo, por no hablar siquiera de las profundas heridas y divisiones que provocó a la sociedad estadounidense. Denunciado y llevado a juicio por el gobierno, Ellsberg se salvó de ir a prisión pese a ser considerado “el hombre más peligroso de EU”.
Los “Documentos del Pentágono”, como fueron llamados, marcaron un antes y un después en la Guerra de Vietnam y la perspectiva estadounidense, pero tuvieron un impacto mucho mayor y de gran trascendencia, pues cambiaron para siempre la visión acerca del deber ciudadano y periodístico en EU. A partir de ese momento fue que ciudadanos y periodistas asumieron como propia la obligación de denunciar los abusos, los excesos, los errores del poder y de los poderosos. No es aventurado afirmar que fue ahí que la histórica relación de complicidad y tolerancia mutua entre los medios y el así llamado “establishment” de EU cambió para siempre.
Pasar al escándalo de Watergate y la posterior defenestración del presidente Nixon fue una consecuencia lógica de esa transformación y, de nuevo, el papel de los medios fue fundamental: así como la publicación en el Washington Post y el New York Times de los “Documentos del Pentágono” le dio a la filtración su verdadero impacto, la detallada y valiente cobertura de los abusos de Nixon y los suyos permitió poner en su lugar a la oficina más poderosa del mundo y a su inquilino: la Casa Blanca y el presidente de EU, que terminó renunciando en medio del oprobio generalizado.
Casi 40 años después, Wikileaks, un sitio de internet dedicado a divulgar y publicitar “filtraciones”, como lo indica su nombre en inglés, ha hecho públicos casi 400 mil documentos relacionados con el que algunos consideran el nuevo Vietnam estadounidense: la Guerra en Irak.
Ya a finales de julio, esa organización había divulgado unos 70 mil textos acerca de la intervención estadounidense en Afganistán, causando revuelo y una serie de recriminaciones por parte del gobierno de EU, que acusó a Wikileaks, entonces, como lo ha hecho nuevamente ahora, de poner en riesgo la vida de soldados estadounidenses y de sus aliados, instándolo a “devolver” los documentos filtrados, y provocando una cacería de brujas en contra de sus integrantes y directivos, muy particularmente, de su cabeza principal, Julian Assange, quien ha enfrentado un acoso digno de un criminal en serie y no de un “revelador de secretos” o whistleblower, para usar el término que se ha popularizado en inglés.
Desde su relativamente reciente creación en 2006, Wikileaks ha puesto de cabeza al mundo de la inteligencia militar y el periodismo y, de paso, se ha convertido en un auténtico dolor de cabeza para gobiernos secretistas o autoritarios alrededor del globo. Prohibido el acceso al sitio de internet en países como China o Tailandia, muchos otros lo ven con temor o reserva, como queriendo que nunca se ocupe de ellos.
Los “Archivos de Irak” no son quizá tan escandalosamente reveladores como algunos esperaban, pero sí dan testimonio de miles de muertes de civiles que no habían sido dadas a conocer; abusos de parte de las fuerzas del orden y/o del ejército iraquí; y lo más preocupante tal vez, el papel que han jugado los llamados “contratistas militares”, que no son otra cosa que mercenarios del siglo 21, que se conducen todavía hoy en Irak con la más absoluta impunidad y falta de control por parte de los gobiernos de esa nación y del de EU.
La relevancia de los documentos revelados por Wikileaks va más allá de su contenido: tiene que ver con la obligación ética y moral que tienen los ciudadanos del mundo, desde la trinchera que les toque, de denunciar y difundir los abusos del poder. Ojalá el ejemplo sea contagioso.
gguerra@gcya.net www.twitter.com/gabrielguerrac
Internacionalista
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