La importancia de la deontología


Por Celia Rosado Romero, publicado en El Financiero

El escenario que ha puesto la revolución tecnológica: vivir en un mundo físicamente representado por átomos y otro denominado “nube” por su representación en bits, pone a la sociedad en la disyuntiva de un futuro feliz como la alternancia de una nueva historia, que amplía el conocimiento del mundo que nos rodea.

Por ende, son los medios de comunicación núcleo indiscutible de ese tornado, que ametralla información desde los ángulos impresos a los virtuales para crear la “sociedad del conocimiento”.

La interrogante será la que siempre ha prevalecido desde que los inventos tecnológicos se han cruzado por la historia universal: ¿Cuál es el destino que le depara a la prensa escrita y a los medios electrónicos en este mundo avasallador?

Difícilmente puede pronosticarse. No hay pitonisa que asegure cuál será el final del camino tras recorrer la pista de la información.

Mientras la sociedad camina a pasos moderados, la cultura tecnológica apresa a los jóvenes que hoy en día se hacen del conocimiento por medio de Internet, televisión y radio; a ellos le confían su credibilidad. Y los de la vieja guardia, acostumbrados a informarse en las “sábanas” periodísticas, se han apropiado por comodidad de los nuevos canales de información.

La oportunidad de una interactividad con los medios de comunicación mediados por la cibernética le da otro uso a la información: la retroalimentación. El lector no se encuentra aislado sino que se permite el incorporarse a un “periodismo ciudadano”, al medio digital, llegando a formar parte del círculo que parecía inalcanzable, ése denominado por tradición “cuarto poder”.

Plantear y reflexionar en ese contexto los medios de comunicación resulta en la posmodernidad y en la globalización un estremecimiento de los cimientos de los medios tradicionales, y abre a la sociedad y a los periodistas un nuevo camino para contar historias.

Sin embargo, pone en el tapete de la discusión el perfil del periodista profesional y su actuar veraz, pues ya para principios de la década de los noventa un 74 por ciento de los periódicos de Estados Unidos tenían programado integrar sus redacciones a la red. Más habrá de preocuparse por el profesionalismo de los obreros de la comunicación que por los medios digitales. De ahí que la deontología ocupará, en este proceso revolucionario, una página a llenar.

La necesidad de poner énfasis en el humano más que en la tecnología es imperativa. No un código jurídico, sino uno basado en la conciencia personal y la ética de los medios de comunicación, no importa si son impresos o audiovisuales.

Mirar hacia el futuro en los nuevos medios tecnológicos tiene como interrogante en la realidad social, ahogada en paradigmas difusos, la necesidad de la “credibilidad” para darle certeza democrática a la información. 

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