Por Carlos Loret de Mola, publicado en El Universal
El gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, cuenta que antier a las 4 a.m. despertó con la llamada de su secretario de Gobierno. Le reportó que el presidente municipal de Tlahuitoltepec le había marcado para informarle que un alud había matado a entre 500 y mil habitantes.
El secretario de Gobernación, Francisco Blake, relata que él recibió la información de su coordinadora de Protección Civil, Laura Gurza (que a su vez cita como fuente al jefe de Protección Civil de Ulises Ruiz), y lo primero que hizo, a eso de las 4:30 a.m., fue marcarle al gobernador. Sus cifras coincidían (entrevistado por Denise Maerker, el secretario del Comisariado de la comunidad aseguró que ellos reportaron 50 víctimas, nunca mil).
A las 5 a.m., Blake levantó al presidente Calderón y telefoneó a los secretarios de Defensa, Marina y Comunicaciones. Antes de que saliera el sol, los gobiernos ya habían echado a andar la operación de rescate.
La información comenzó a circular en redes sociales —”mil muertos”— y después de las ocho de la mañana en medios masivos de comunicación, confirmada por el mandatario Ruiz, con base en reporte de autoridades municipales. El Ejército mandó por tierra a sus elementos. La Marina envió helicópteros y personal. La Policía Federal aportó agentes y naves. La Cruz Roja, cincuenta rescatistas. Salud, doctores. Todos, en extrema urgencia.
Imposibilitado el acceso por aire ante lo cerrado de las nubes, tras 9 horas de campo traviesa, un grupo de soldados llegó al sitio y reportó algo muy distinto: 4 personas fallecidas. Para las 7 p.m., los gobiernos difundieron que nadie había visto un solo cadáver.
Con una tragedia descomunal estimada enfrente, los medios se movilizaron con la misma prontitud y contundencia que el gobierno: reporteros, helicópteros, unidades de transmisión, antenas, teléfonos satelitales, cámaras, micrófonos, plantas de luz llegaron a Oaxaca. Y sin dejar de ser un asunto grave, no fue lo que se temía: ¿quién “voló la nota”? (como se dice en el argot periodístico cuando alguien exagera o inventa una noticia), ¿el gobernador Ulises Ruiz o el presidente municipal?
Hubo una información mentirosa, sobredimensionada, que desató una sobrerreacción de los organismos del Estado (malo que hubiese sido respuesta insuficiente ante una tragedia mayor).
Los medios nos merecemos también una crítica: desvanecida la noticia, lo que vino en las horas posteriores dio una medida de la escasez de material informativo propio, reporteado, en los medios de comunicación: mayoritariamente se siguió reciclando la información ya rebasada. El periodismo de declaraciones sigue siendo lo que nos domina. La falsa alarma oaxaqueña nos desnudó en ese sentido. La verdad es que no hay que creerles.