Por Pedro Miguel, publicado en La Jornada
No hay que dramatizar: si el poder de Televisa fuera tan grande como se dice, hoy Peña Nieto tendría 98 por ciento de la intención de voto en las encuestas. Visto en retrospectiva, si ese consorcio hubiera tenido credibilidad, la oligarquía no habría tenido que recurrir al fraude electoral para imponer a Felipe Calderón en la presidencia, Andrés Manuel López Obrador habría obtenido 30 mil votos y los partidos que lo postularon estarían, a estas alturas, sin registro. El poderío de los dueños de la tele es vasto y aplastante, pero no invencible. Operarán, ya se sabe (nunca han dejado de hacerlo) al servicio del grumo político-empresarial que detenta el poder político y del que ellos mismos son parte, y pondrán en juego toda su capacidad de distorsión y su ascendiente sobre millones de personas para echarle una tercera o cuarta capa de blindaje a la impunidad imperante y para cerrar cualquier rendija por la cual pudiera colarse el oxígeno impostergable de la renovación nacional. Falta que tengan éxito. Sigue leyendo →