Por David Páramo, publicado en Excélsior
Aun cuando el establecimiento de posturas para la licitación de espectro, siguen creciendo las posibilidades de que la licitación se declare desierta. Panistas y el propio Mony de Swaan han comenzado a dinamitar el proceso o, por lo menos, a lavarse las manos.
Javier Corral da elementos para quienes sospechan que Juan Molinar ha engañado al Presidente en torno a esta licitación. Según este hombre en una reunión con legisladores de Acción Nacional, Felipe Calderón dijo que los críticos a este proceso mentían, falseaban o, por lo menos, tenían información incompleta.
Hay un hecho muy evidente. Mientras que otros participantes en el sector de las telecomunicaciones han pagado cuatro mil millones de pesos por el espectro, la alianza Nextel-Televisa pagaría 180 millones de pesos.
El monto ofrecido no es culpa de la alianza del consorcio integrado por las empresas presididas por Peter Foyo y Emilio Azcárraga. El diseño de la licitación está mal hecho, puesto que establecieron reglas para beneficiar a supuestos nuevos entrantes cuando, en realidad, excluyeron a todos los interesados. No entró una sola empresa nacional o extranjera que no hubiera estado ya participando en el sector de las telecomunicaciones.
Gustavo Cantú tiene un punto cuando señala que ganaron con estas reglas y que, por lo tanto, les deberían dar su título de concesión. Sin embargo, no considera que hay un amparo firme que impide a la SCT entregar el título de concesión.
Así, no es extraño que De Swaan se esté lavando las manos tratando de justificar que el diseño fue hecho para nuevos entrantes y trata de diluir la responsabilidad de quien sigue siendo su jefe a pesar de que preside un organismo autónomo.
Ayer dijo en una entrevista de radio “en el diseño de las bases participan la SCT, la comisión (Cofetel), Comisión Federal de Competencia y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Así que, digamos, cada una de las instancias tiene sus responsabilidades”.
El presidente de la Cofetel reconoce que todavía no hay un ganador porque falta que el pleno de ese organismo analice criterios no económicos. Podemos adelantar que por lo menos hay dos comisionados que están en contra de que se realice la asignación por cuestiones de precios.
De Swaan reconoce que “no era deseable” que hubiera un solo participante; sin embargo, se apura a decir que si dan el fallo a favor habría un nuevo entrante, lo cual resulta ser sumamente dudoso. Más allá, dice que el Estado no puede controlar que haya participantes que no cumplieron los requisitos.
Si el Estado hizo las bases, ¿no puede controlar lo que sucede en ellas? Para quienes hoy ganaron en la fijación de precios y se sienten timados porque consideran que no les entregarán sus títulos de concesión; para quienes tuvieron que recurrir a procesos jurídicos porque sienten que sus derechos fueron violados y para los que simple y sencillamente dieron un paso al costado hay una coincidencia: las bases de la licitación están mal hechas.
Las pruebas son evidentes, pero Calderón decidió dejarse engañar por Molinar Horcasitas sólo porque es otro de sus Guille Franco. Mal haría el Presidente de la República en seguir cerrando los ojos a pesar de las evidencias. La licitación de espectro resultó ser, por donde se le vea, un verdadero fracaso y a él le vendieron espejitos.
El camino es francamente difícil a partir de este punto y la administración de Calderón tiene que elegir entre lo menos malo: Si entregan a los ganadores de la licitación el espectro, considerando que pudieran brincar el amparo que impide la entrega del título de concesión, estarían regalando un bien propiedad del Estado.
Si declaran desierta la licitación tendrían que reconocer el gravísimo error que cometieron desde el diseño de las bases y la operación. Tendrían que reiniciar el proceso sobre bases que, efectivamente, garanticen el mejor interés para el Estado.
Sea como sea, la principal víctima de los errores y engaños de Molinar Horcasitas es Calderón Hinojosa.