Por Fernando Mejía Barquera, publicado en Milenio
Los promotores de la campaña Iniciativa México apostaron a que la selección nacional “haría historia” y colocaron en pantalla el spot donde Javier Aguirre invita a la población a pasar del “México del sí se puede al México de ya se pudo”. Tenían confianza en que el equipo llegaría por lo menos a cuartos de final, y no es difícil imaginar la continuación de la campaña si ello hubiera ocurrido: escenas del Mundial con jugadas del Chicharito, Giovanni, Márquez o Cuauhtémoc, imágenes de los jugadores abrazados, unidos por México, festejando goles, y voces en off haciendo alusión al inicio de una nueva etapa en la historia del país.
Pero lamentablemente no se pudo y los creativos de la campaña tendrán que inventar algo espectacular, porque la presencia de Iniciativa México en la pantalla se ha tornado aburrida.
Control de balón
El fracaso del futbol mexicano en Sudáfrica, donde la selección nacional no logró ingresar a la élite de los ocho mejores equipos del mundo, tendría que hacer reflexionar a los directivos de la Femexfut y a las empresas que la controlan, encabezadas por Televisa y Tv Azteca, sobre el futuro del balompié profesional de nuestro país.
Lo ideal para el futbol mexicano sería que la Femexfut se independizara de las televisoras y fuera un grupo de profesionales del balompié el que diseñara las estrategias para el desarrollo de este deporte. Pero hoy eso es impensable; en primer lugar porque las televisoras son propietarias de cinco de los 18 equipos de primera división (25 por ciento del total) y porque un número similar pertenece a empresas estrechamente ligadas, como anunciantes, a la tv. Pero también porque existe el antecedente de 1989, cuando un grupo de dirigentes futboleros, encabezado por Emilio Maurer y Francisco Ibarra, asumió el control de la Femexfut e impuso nuevas condiciones para el manejo de los derechos por las transmisiones televisivas y la administración de la selección nacional. Como es de sobra conocido, Televisa —entonces Tv Azteca no existía— se negó a acatar las nuevas disposiciones (debía contratar los derechos directamente con la Femexfut) y combatió a Maurer y a Ibarra hasta que los sacó de la federación.
Futbol subordinado
Así como en la política nacional no se aprecia una fuerza que pueda disputar el poder a los partidos conservadores, encabezados por el PRI y el PAN, tampoco en el ámbito futbolero se percibe la existencia de alguien interesado en disputar a las televisoras y sus aliados el control de la Femexfut para transformarla en una entidad independiente que privilegie lo deportivo sobre lo económico; porque es precisamente el predominio de los intereses comerciales sobre el desarrollo futbolístico uno de los factores que impiden el avance de nuestro balompié.
Así lo demostró la reciente concentración de 75 días que la selección mexicana llevó a cabo antes del Mundial y que el ex guardameta Antonio Carbajal analizó con agudeza el 25 de mayo pasado: “La he dividido en tres etapas; la primera fue para hacer anuncios, ¿el dinero para quién es?; la segunda, para hacer más dinero con los juegos en Estados Unidos y la tercera etapa son los partidos contra Inglaterra, Italia, Holanda y Gambia”.
De esas tres etapas sólo la última tuvo provecho futbolístico. De la primera quedará como testimonio el caudal de comerciales con que al menos siete de los catorce patrocinadores oficiales de la selección inundaron las pantallas televisivas en los días del Mundial y donde el spot “Haz sándwich” es emblemático de cómo un producto cuyo consumo abusivo produce obesidad utiliza al deporte para promoverse. De la tercera quedará el recuerdo de cómo jugadores sin la menor oportunidad de acudir al Mundial (sus lugares iban a ser ocupados por los “europeos”) fueron utilizados para participar en partidos inútiles futbolísticamente pero que llenan las arcas de la Femexfut.
Visión futura
Si las televisoras y sus empresas aliadas quieren conservar el negocio del futbol tendrían que mirar más a lo deportivo. El esquema que han seguido hasta ahora es garantía para no progresar. Es urgente limitar la contratación de jugadores extranjeros, cuyo número exagerado en México impide el ascenso de futbolistas nacionales a la primera división y a la “primera A” (la Liga Premier de Inglaterra sólo permite la contratación de jugadores extranjeros que sean miembros de la selección nacional en su país; claro, sería mucho pedir que ocurriera aquí). Igualmente, la selección mexicana sólo debería jugar partidos de “fecha FIFA”, con sus mejores futbolistas, no con alineaciones armadas al vapor. Al menos tendría que reducirse drásticamente el número de partidos en Estados Unidos contra equipos de medio pelo.
Habrá que ver si los dueños del futbol profesional mexicano son capaces de mirar al futuro e introducen reformas en el manejo de su negocio, o continúan privilegiando el ingreso fácil y abundante de dinero por encima de los aspectos deportivos.