Futbol y psicología social

Por Carlos Ramírez, publicado en El Financiero

Luego de una impresionante campaña de propaganda impulsada por las televisoras privadas que controlan, dominan y gestionan el futbol mexicano, la selección de México resultó derrotada no por el equipo de Argentina sino por la organización comercial del deporte.

Quiso la suerte que el primer gol fuera producto de un fuera de lugar que no marcó el árbitro porque entonces hubo a quién echarle la culpa de la depresión de los jugadores. Sin embargo, detrás de la derrota se ocultó una estructura de control del futbol que tiene que ver más con el negocio que con la representación del país en una contienda internacional.

Luego del deplorable papel en el Mundial, la selección de futbol de Francia fue reconsiderada directamente por el presidente Sarkozy. Aquí el diputado priista Éric Rubio pervirtió el papel del Congreso en la supervisión del negocio comercial del futbol al querer hacer comparecer al millonario entrenador Javier Aguirre para que explicara cambios en la alineación.

De ser serio, el Congreso mexicano tendría facultades para crear una comisión especial para el estudio de la industria del futbol y los negocios colaterales que impiden la profesionalización y que convierten a la afición en consumidores de las pasiones deportivas. La Federación Mexicana de Futbol y las comisiones de selecciones nacionales son hilos movidos por los titiriteros de las televisoras privadas.

Los seleccionados no fueron futbolistas profesionales. Una impresionante campaña de propaganda fue instrumentada por las televisoras privadas para explotar la pasión con un aumento en el consumo de todo tipo de bienes, servicios y productos anunciados por los seleccionados. Así, los jugadores fueron asumidos por las televisoras como factores de consumo, top models, no como profesionales de un deporte. Por tanto, el interés de las televisoras porque México pasara al quinto partido y la campaña absurda de que México podría ser campeón de futbol no respondía a la pasión del deporte o al nivel técnico del futbol mexicano, sino a la urgencia de explotar en utilidades la imagen popular de los futbolistas.

La crisis del futbol es social y resulta un reflejo de la crisis económica. Pero existen niveles: por ejemplo, los europeos que no habían conocido una crisis como la actual han resultado los peores equipos. Ahí está la apatía de los franceses, el fracaso de los italianos de Berlusconi, el sobreesfuerzo de los alemanes del colapso que viene en el gobierno de Angela Merker, la derrota de los ingleses. Y los españoles sin responder a las esperanzas de su afición porque la crisis los deprimió.

En cambio, los latinoamericanos no revelaron una relación directa entre crisis y futbol porque en el continente la crisis no es un problema de coyuntura sino un modo de vida. Ahí están los mexicanos que dieron la vida contra Argentina pero sin nivel técnico y con un entrenador que considera a México un país “jodido” pero que logró un contrato multimillonario en dólares. Y los argentinos en crisis permanente pero ganando con salero. Y los uruguayos pasando a las siguientes etapas. Para los latinoamericanos en crisis, las victorias son una satisfacción social ante las adversidades de las crisis económicas permanentes.

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