Aquel Unomásuno, y diez años de Manuel…

Por Juan P. Becerra-Acosta, publicado en Milenio

El miércoles pasado fue el décimo aniversario de la muerte de mi padre, Manuel Becerra Acosta Ramírez, quien fuera subdirector de Excélsior hasta julio de 1976 (fecha del golpe a ese diario orquestado por el entonces presidente Luis Echeverría), y que un año más tarde fundó el Unomásuno.

Hace siete años, para que fuera leído en un homenaje a mi padre, redacté un texto parecido a este: cada mañana en la vida de aquel periódico creado en 1977, y dirigido por Manuel hasta 1989 (cuando se extinguió por otro golpe, perpetrado a la sazón por el presidente Carlos Salinas y por un traidor sepulturero de cuyo nombre no me quiero acordar), una rebelde excitación recorría las entrañas de quienes trabajábamos ahí: la incontrolable adrenalina se mezclaba profusamente con la sangre, hasta el momento en que teníamos en las manos un ejemplar del diario. ¿Qué reportaje, elaborado por quién, aparecería ese día en primera plana? ¿Qué crónica, redactada por quién? ¿Qué artículo de fondo, escrito por quién? ¿Qué entrevista, realizada por quién? ¿Qué envío, despachado por cuál corresponsal? ¿Qué foto, tomada por quién, sería ampliamente desplegada en la primera plana?… Y en las páginas interiores, ¿qué otros reportajes habría, qué otras crónicas, qué otras entrevistas, qué otros artículos, qué caricaturas y de qué moneros, y qué fotografías adicionales serían diseñadas generosamente en las planas del periódico?

Trabajar y publicar en ese diario era motivo de gran orgullo. Pero sobre todo, ser dirigido por Manuel representaba un enorme privilegio. Era un periodista excepcional. Tenía un talento incomparable. Contaba con un olfato periodístico insuperable, irrepetible.

Un día, el director —como le llamábamos a Manuel con profundo respeto, algunos con devoción, unos más con miedo— recuperó de algún escritorio (de la basura, pues) una notita perdida, e imaginó y diseñó, con base en una información aparentemente nimia, despreciada por los demás, un estupendo reportaje reporteado en alguna sierra oaxaqueña por Christa Cowrie con la cámara fotográfica y Miguel Ángel Velásquez con el lápiz y la libreta. Fue una investigación escrita y fotográfica sobre una matanza de indígenas, desechada o censurada en otros medios, que se publicó durante tres días consecutivos en la primera plana del periódico. Los editorialistas analizaron el tema, los políticos se conmocionaron, y los lectores, debidamente informados, se estremecieron.

Así, así era el Unomásuno de Manuel, un periódico que estaba ocupado no sólo de diseccionar las entrañas del poder como ocurre hoy en muchos medios, sino abocado a retratar cada día el México real más allá de los escándalos cotidianos de la aristocracia política nacional embustera, simuladora y cleptocrática.

Hoy, la herencia periodística de Manuel no es sólo el pasado de su creación, de los cimientos periodísticos, sino el futuro del esfuerzo por reinventar otra vez el periodismo que nos enseñó, y evocar y honrar así su legado inolvidable que muchos llevaremos tatuado hasta la muerte…

jpbecerracostam@prodigy.net.mx

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