Fidel y El Universal
Por Carlos Elizondo Mayer-Serra, publicado en Reforma
El miércoles de la semana pasada nos enteramos en voz de Fidel Herrera, gobernador de Veracruz, la forma descarada con la que gasta el dinero público a favor de su candidato. Este lunes también oímos cómo opera Ulises Ruiz, lo cual incluye darle instrucciones al presidente del instituto electoral local.
El PRI no niega nada, pero aclara: las grabaciones son ilegales. Tiene razón. Carecen de valor jurídico. Hay que sancionar a quien las grabó y las difundió. Por ello el presidente del PAN cometió un grave error al hacerlas públicas. A diferencia de un medio de comunicación, él no puede alegar que está protegiendo a sus fuentes.
Ilegales y preocupantes como estrategia política, las grabaciones tienen un valor político indudable. Lo tendrían en cualquier democracia. No es fácil tener pruebas de lo que muchos sospechan: la abierta injerencia de los gobernadores en los procesos electorales. Estas cintas debieran, por ello, tener un alto costo político.
Sin embargo, esto presupone que el ciudadano se entera de lo que está pasando. El control en los medios locales es tal que no suelen tener eco estas noticias. Incluso algunos medios nacionales, como El Universal el miércoles pasado, no reportaban nada al respecto en sus páginas de internet. ¿Sería un error?
El PRI también ha acusado al gobierno federal de usar recursos para el gasto social con fines electorales. Una prueba indirecta de ello es la presencia de panistas entre los delegados estatales de muchas secretarías de Estado. Seguramente lo intentan, pero los programas federales tienen mucho mayor control y el PAN ha demostrado ser mucho más torpe para realizar estas operaciones.
Por lo mismo no suena creíble, como ha afirmado el PRI, que sean los órganos del Estado los que graban y difunden estas conversaciones. El poder de grabar también se descentralizó. Por 50 mil pesos te intervienen un teléfono por dos semanas. Si el PAN tuviera la capacidad de usar los órganos del Estado muchas cosas serían distintas, incluso habría alguna forma de sanción para estos gobernadores sin control alguno en sus gastos y acciones.
El rasgo más notable de nuestra transición democrática es que se descentralizó el poder. Sin embargo, éste no se fue hacia los ciudadanos, como se esperaba, sino hacia las autoridades locales.
La oposición, a partir de 1997 el PAN y desde el 2000 el PRI, ha aprobado el presupuesto del gobierno federal a cambio de grandes y crecientes recursos para estados y municipios. Ahora los gobernadores tienen dinero como nunca, sobre el cual rinden cuentas muy pobres, si es que lo hacen.
Muchos recursos y pobre rendición de cuentas les han permitido a muchos gobernadores construir redes clientelares y, durante las elecciones, promover abiertamente a su candidato. En las entidades donde un solo partido lo controla todo, en general el PRI, ni los medios locales ni las instituciones electorales, ni las agencias encargadas del control del gasto local, hacen gran cosa. Éstas suelen estar bajo el control directo del gobernador.
Sin embargo, el control absoluto del PRI en algunos estados no ha llevado a un bienestar creciente para su población o a menor inseguridad. Son simplemente muy buenos para construir alianzas y ganar elecciones.
En esta elección el acuerdo entre los priistas fue descentralizar, para dejar en manos de los gobernadores la decisión de quién sería el candidato, salvo donde el PRI es oposición y la dirigencia tuvo más injerencia. Muchos gobernadores intentan dejar a su delfincito, chiquito y limitado, para que no le vaya a hacer sombra. Por ello Fidel Herrera insulta a su sucesor en una de las grabaciones difundidas el miércoles pasado. Seguramente su sucesor no se olvidará de estas frases cuando esté en el poder. Éste es el mayor costo que pagará Fidel por esta grabación, no lo que pueda hacerle la autoridad electoral.
Después de más de 15 años de invertir miles de millones de pesos en órganos electorales supuestamente fuertes y autónomos, las elecciones locales en muchos estados transcurren entre la simulación y la ilegalidad ante una ciudadanía desin- formada y a la que sólo parece importarle que le llegue la despensa. Es como un viaje al pasado, pero con la ventaja para el PRI de no estar en la Presidencia y poder culpar al PAN de todo lo que sucede y para los gobernadores de poder dejar de sucesor a quien prefieran. Ya no hay un Presidente que los discipline.