Por Antonio Ortega, publicado en La Razón
Es la figura más reconocida del periodismo deportivo mexicano en el momento actual porque es la más integral: comenta con la mayor autoridad en la tele y la radio, escribe como el mejor en periódicos, revistas y páginas web. ¡Y, si hubiese otro medio de expresión, ahí estaría él con toda seguridad!
Su rostro refleja una imagen fresca, joven, pero con 22 años en los medios, André Marín es un reportero nato, un comentarista de raza y es, para expresarlo en términos deportivos, un periodista de la gorra a los spikes. Además, algo queda claro después de hablar con este hombre serio y disciplinado: no le gusta perder ni a las canicas. A sus 36 años ejemplifica de manera fiel la máxima del pescador Santiago, el protagonista de El viejo y el mar: “El hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”.
Apasionado de los deportes, André inició su camino en los medios cuando era un niño. “Entré de 14 años a Imevisión. No lo podía creer, porque además al principio me convertí en la mascotita. Afortunadamente aprendí de mucha gente, leí muchas revistas, leí muchas cosas, vi muchos partidos, platiqué con muchos entrenadores, platiqué con muchos futbolistas y así poco a poco se va haciendo un periodista de verdad, un periodista de raza, un hombre que está totalmente dedicado a esto, que realmente se siente y vive como periodista. Todo el día estoy tratando de generar información”, asegura en entrevista con La Razón.
¿Cuál es la clave de tu éxito? Perseverancia, perseverancia, perseverancia y más perseverancia. Hay que tener una gran pasión por esto y desde que empiezas tienes que estar consciente de que ésta es una chamba de lunes a domingo, que no hay fin de semana, que no hay vacaciones. Que el deporte no para, que los medios de comunicación no paran. Es mucho un tema de vocación. Hay que aprender lo bueno, copiar lo bueno, por ahí está la clave del éxito.
En un medio tan competido: ¿cómo hacer para ganar la preferencia de la gente? Como empecé con la generación de José Ramón, de Orvañanos y de José Luis Lamadrid, incluso estaba don Fernando Marcos, la gente que vivió esa época, que ahorita tendrá unos 60 y tantos años, al menos me conoció; los que fueron creciendo con mi generación, pues más o menos me siguen conociendo, y los que son chavos me ven actualmente, entonces muchas generaciones me han seguido.
Creo que la credibilidad te lleva un rato; tienes que mantener una línea, tienes que fallar poco y ganarte la confianza de la gente. Entonces con 36 años de edad y 22 trabajando en medios te ganas la credibilidad y que a la gente le guste lo que hagas. Se trata de conseguir que la gente se identifique con uno.
Hay que picarle. El comunicador que piensa, ya sea en radio o televisión, que basta con llegar y sentarse y colocarse un micrófono y la corbata está frito. Yo no entiendo un día de mi vida si no estoy con el teléfono en la mano, averiguando noticias, generando información, así es esto. O eres o no eres periodista deportivo.
Con esa trayectoria, ¿qué le falta a André Marin? Creo que tengo edad para seguir haciendo un buen rato lo que he hecho. Entonces, ¿qué me falta?: hacer mejor las cosas de lo que las he hecho hasta el momento. No me veo toda mi vida en esto. Según vaya pasando el tiempo ir dejando algunas cosas y dedicando más tiempo a otras: a mi familia, poder viajar, poder tener vacaciones, como no lo he podido hacer en estos 22 años.
Y tiene razón. Porque, aunque él no lo dice, todos lo saben: a André Marín le sonríe el futuro.
Su primer contacto con los medios
En 1987 André se convirtió en fanático del programa radiofónico Dos en el área, que conducían el ingeniero José Luis Lamadrid, Rafael Puente y Francisco Javier González, y ahí llegó su primera oportunidad.
“hablé y les pedí que me dieran la oportunidad de ir; me aceptaron y acabando platiqué con el Ingeniero Lamadrid y le dije: ‘yo quiero ser comentarista’. Se murió de la risa y me dijo: ‘a ver, órale, vienes a coordinar el futbol internacional’. Y a los seis meses surge una plática con José Ramón, que es el que me abre las puertas para entrar a Imevisión, y desde ese 8 de enero de 1988, de lunes a domingo, 22 años”, comparte.