Por Pablo Hiriart, publicado en La Razón
El 20 aniversario de la caída del Muro de Berlín fue motivo de festejos, prácticamente universales, por la conmemoración del fin de un sistema dictatorial que mató en el paredón, en los campos de concentración de Siberia y en los pabellones psiquiátricos a millones de disidentes.
Sin embargo no todos piensan que la caída del Muro fue positiva. Aquí, en México, por ejemplo, el editorial institucional del diario La Jornada revela lo que piensa un sector de la izquierda sobre ese acontecimiento.
Dice La Jornada: “En suma, la caída del Muro de Berlín fue un hecho histórico de trascendencia innegable, con algunas consecuencias positivas —en especial para las sociedades de Europa oriental— y otras terriblemente negativas para el conjunto de la humanidad (sic), incluida Europa del este”.
Se agradece la claridad con que La Jornada muestra la vocación totalitaria de un sector de la izquierda mexicana.
Vieron la caída del Muro de Berlín como un hecho histórico de “consecuencias terriblemente negativas para el conjunto de la humanidad, incluida Europa del este”.
Su evaluación de este acontecimiento extraordinario muestra las tendencias internas del grupo político al que pertenece La Jornada.
Nadie podrá, en lo sucesivo, decirse engañado. Eso es lo que La Jornada y el perredismo afín a ese diario quieren para México. Una dictadura que ondee la bandera de la igualdad y conculque la libertad de las personas.
A quienes piensen diferente, el aislamiento o el silencio obligatorio.
En su editorial señala, entre las consecuencias negativas de la caída del Muro, “la desigualdad social desconocida hasta entonces, carencias, miseria y una corrupción desbocada en Rusia”.
No agrega más. ¿Ésas son, entonces, las consecuencias negativas terribles para el conjunto de la humanidad?
Son otras las consecuencias que le duelen a La Jornada.
Por ejemplo, el fin de un proyecto despótico, con el Estado como propietario de los bienes y de las vidas de los ciudadanos, sin respeto por la libertad individual y colectiva de los seres humanos.
Todo ello barnizado con propaganda igualitarista y rublos, muchos rublos para comprar aliados en el resto del mundo y concretar la aspiración totalitaria e imperial de ordenarle a la humanidad cómo pensar y qué hacer con sus vidas.
Finalmente, una precisión. No es verdad que los países del este padezcan consecuencias económicas negativas por la caída del Muro.
Al contrario. Han experimentado una elevación espectacular en los niveles de vida de su población.
Y Rusia tiene mucha corrupción porque es un estado autoritario, como lo ha sido históricamente ese país. Nada de ello tiene que ver con la caída del Muro de Berlín.
La sustancia, sin embargo, está en otro lado: el grupo político del cual La Jornada es vocera, quiere para México un régimen como el que su editorial lamenta que se haya diluido.
Aunque mantienen la esperanza, la caída del Muro “de ninguna manera marcó el triunfo definitivo del capitalismo sobre el socialismo”.