Publicidad de alimentos chatarra
Por Alberto Barranco, publicado en El Universal
Dos años después de aprobada por el Senado, la Cámara de Diputados mantiene en la congeladora una reforma a la Ley General de Salud para reglamentar la publicidad en medios electrónicos de alimentos ubicados como chatarra, en presión de un aumento explosivo de obesidad infantil.
La iniciativa se había planteado en reacción a una advertencia de la Organización Mundial de la Salud frente a lo que se calificó como una grave amenaza que podría colapsar el sistema de salud en el país.
El documento, entregado al gobierno, ubicaba una gráfica que apuntaba directo a una sobredemanda de atención médica ante problemas como desnutrición, diabetes, hipertensión…
El ordenamiento vetado por los diputados planteaba la posibilidad de una leyenda en el envase de algunos productos, advirtiendo que su consumo puede provocar obesidad.
La exposición de motivos de los legisladores panistas y priístas que le cerraron el paso a la posibilidad de tomar el toro por los cuernos, habla de que nuestro país podría tener problemas en el plano internacional, dados los convenios firmados.
Lo cierto es que países como España y Reino Unido han reglamentado la publicidad de frituras y refrescos sin problema alguno.
Y lo cierto, en paralelo, es que tras la parálisis legislativa se ubica un feroz cabildeo de firmas multinacionales y televisoras, en un escenario en que, en el caso de Televisa, se lanzan cada hora 39 anuncios de alimentos y golosinas, de las cuales a 17 de ellas se les ha calificado como “no recomendables”.
El principal argumento apunta a que la previsión legal es innecesaria, toda vez que las propias empresas fabricantes se adhirieron a un código de buena conducta, cuyo nombre completo es Código de Autorregulación de Publicidad en Alimentos y Bebidas, en afán de acotar el bombardeo que induce a los niños hacia el consumo de productos con alto contenido de azúcar y carbohidratos en lo general.
Según éste, las firmas se abstendrán de promocionar productos que no cumplan con estándares mínimos de nutrición, bajo pena de expulsión del Consejo Nacional de la Comunicación a los infractores.
Lo cierto es que el catálogo de buenas intenciones no ha logrado hasta hoy frenar la ola, por más que la presión logró mantener bajo un cerco de prudencia la oposición de la Comisión Federal contra Riesgos Sanitarios, tras de que se acusara de “dictatorial” a su titular, Miguel Angel Toscano, quien pretendía incluir en los envases semáforos para subrayar sutilmente los alimentos peligrosos.
Lo inaudito del caso es que en la barrera actúan también en calidad de trancas la Secretaría de Economía y de Educación Pública, integradas en frente común con la industria.
La primera maneja como bandera la protección a empresas que generan un alto potencial de empleos en circunstancias difíciles para la economía del país, por más que no se trata de cerrarlas, sino de disciplinarlas, empezando por impedir engaños a los posibles consumidores.
La segunda no quiere líos en el poderoso Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación que encabeza Elba Esther Gordillo, quien por aquellas cosas raras de la vida mantiene la concesión de las llamadas cooperativas escolares.
Ahora que bajo la misma línea de cerrarle el paso a la modificación de la ley, o si lo prefiere al papelito habla, Televisa realizó un reality show bajo la promoción de reducir un millón de kilos.
La gordura, pues, es combatible.
Como usted sabe, la facturación por pautas publicitarias de empresas productoras de alimentos y bebidas representa 60% de los ingresos de la televisora.
El caso es que a juicio de los senadores que impulsaron la reforma, el código de conducta planteado por las empresas no sólo se limitaba a un segmento de la población, olvidando al público adolescente, sino resulta demasiado laxo y no plantea sanciones efectivas para las empresas que infringieron sus disposiciones.
Dicho con todas las letras, no tiene dientes.
Por lo pronto, la posibilidad de sacar de la congeladora la reforma tiene en pie de guerra al poderoso Consejo de Empresas Productoras de Alimentos y Bebidas (ConMéxico).