Granados Chapa, Al maestro
Reforma, Carmen Aristegui F.
Por una y mil razones, y sin rastro alguno de duda, el Senado de la República se inclinará este año por otorgar su máxima presea, la medalla Belisario Domínguez, al distinguido ciudadano y periodista Miguel Ángel Granados Chapa. Como pocas veces, este reconocimiento llegará en un tiempo y circunstancia propicia para la vida de nuestro país, para el ejercicio periodístico y para la trayectoria de este destacado mexicano. La Belisario Domínguez para Granados Chapa será una noticia profundamente estimulante no sólo para los muchos periodistas y alumnos que lo tenemos como ejemplo obligado de rigor y congruencia profesional, conducta ética y constancia inigualable sino, por supuesto, para generaciones enteras de ciudadanos, lectores y radioescuchas que nos hemos beneficiado, por más de cuatro décadas, del puntual registro y seguimiento que el periodista ha hecho y hace, infatigablemente, de los acontecimientos y situaciones que van marcando la vida nacional. Siempre desde una mirada crítica. Siempre inteligente. Siempre escrutador.
El reconocimiento fue instaurado en 1953, a propuesta del presidente Adolfo Ruiz Cortines, “para premiar a los hombres y mujeres que se hayan distinguido por su ciencia o su virtud en grado eminente, como servidores de nuestra Patria o de la Humanidad”. Consiste en un diploma alusivo y una medalla con el escudo nacional y la efigie del ilustre chiapaneco que perdió la vida por su férrea oposición al usurpador Victoriano Huerta. Esa medalla, no tengo la menor duda, será colocada el próximo mes en el cuello de Miguel Ángel sostenida por la cinta tricolor y haciendo honor a la frase que acompaña la presea: “Ennobleció a la Patria. 7 de octubre de 1913″.
Pocas biografías, como la de Granados Chapa, empatan tan bien, en perfil y convicción, con la del ilustre senador chiapaneco. Belisario Domínguez es recordado por su inquebrantable defensa de la verdad y su valiente postura -que le costó finalmente la vida- frente al abuso y la usurpación.
“Vigilad de cerca chiapanecos”, decía a sus paisanos, “todos los actos públicos de vuestros gobernantes: elogiadlos cuando hagan bien, criticadlos siempre que obren mal. Sed imparciales en vuestras apreciaciones, decid siempre la verdad y sostenedla con vuestra firmeza entera y muy clara. Nada de anónimos ni seudónimos”. Nadie como Granados Chapa para encarnar las ideas del prócer en el México de hoy.
Con el otorgamiento al periodista de esta medalla -que evoca pensamiento y conducta de un hombre como Domínguez- se distingue a quien la recibe, pero se distingue también a la presea.
Es una manera apropiada para reconocer a quien -en una línea similar a la propuesta por el chiapaneco en la atención de los asuntos públicos- jamás ha quitado el dedo del renglón.
Hacerlo ahora, además, en un momento en que la sociedad mexicana se encuentra pasmada frente a la violencia, agobiada por la incertidumbre y en medio de una vida pública errática y descompuesta, representa una señal inequívoca a favor de los fundamentos más preciados de la democracia y la libertad de expresión.
La biografía de Granados Chapa está relacionada, fundamentalmente, con el ejercicio periodístico, con su pluma y con su voz, pero también como figura protagónica en la fundación de publicaciones referenciales en la prensa nacional. Con una larga y fructífera vida universitaria, también se ha desempeñado, en múltiples ocasiones y de muy diversas maneras, como ciudadano activo en la lucha democrática y en defensa abierta por la libertad de expresión. Mucho hay que agradecerle a Granados Chapa. La medalla es, sin duda, para él.
Merecedor de innumerables reconocimientos en su vida, Granados Chapa ha sido, del año pasado -en que se conmemoraron los 30 años de Plaza Pública- a la fecha, sujeto de varios más que confirman la alta estima que de su trabajo se tiene. Fue invitado como miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, en una distinción inusual, otorgada a un periodista. Se develó un busto suyo en la Ciudad de México. Se han organizado mesas en la UNAM para analizar y discutir su obra. La Asociación Mexicana de Derecho a la Información, de la cual es presidente de su Consejo Consultivo, le entregó, hace unos días, un amplio reconocimiento. La revista Proceso propuso, con un magnífico texto y desde sus páginas, a Granados Chapa como el candidato ideal para la presea.
En este ánimo generalizado de reconocimiento, lo único que desentona es el infame juicio -injustificadamente largo- que en su contra y en contra del periodista Alfredo Rivera -prologuista y autor respectivamente del libro La Sosa Nostra- ha mantenido abierto, por más de cuatro años, el actual diputado del PRI, Gerardo Sosa Castelán. Pocas semanas faltan para conocer el fallo del Tribunal.
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