Gobierno y delincuencia: golpes mediáticos
Fernando Mejía Barquera, Milenio
El gobierno federal y la delincuencia se han enfrascado en un duelo de golpes mediáticos que la sociedad observa con azoro y preocupación. Por supuesto, la intención de cada parte es diferente. El gobierno trata de convencer a la población de que, “aunque no lo parezca”, va ganando la batalla contra la delincuencia, con el fin de impedir que el temor social aumente, pero también intenta salvar su pellejo político: un fracaso del régimen calderonista se reflejará inevitablemente en las elecciones del año próximo y haría casi imposible la permanencia del PAN en el gobierno en las de 2012. A la delincuencia le interesa lo contrario: mantener los espacios para sus actividades por la vía de incrementar el temor y fortalecer la idea de que es ella quien gana la lucha.
PROPAGANDA ORTODOXA
Esta semana la propaganda gubernamental con respecto al tema de la delincuencia aumentó considerablemente, luego de la firma del Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Legalidad y la Justicia el 21 de agosto, pero también se incrementaron los actos de la delincuencia que buscan repercusión en los medios. En estos actos, por cierto, se percibe cada vez mayor “sofisticación propagandística”: el hallazgo de doce cuerpos decapitados en Yucatán, por sí mismo impactante, parece planeado por quienes cometieron los asesinatos para buscar un efecto amplificado cuando aparezca la docena de cabezas; es decir, se da un golpe mediático, se crea expectativa por conocer el desenlace de la historia y se prepara el escenario para un segundo impacto en los medios. Propaganda ortodoxa.
Para los medios informativos el tema de cómo tratar las actividades de la delincuencia se ha transformado en un asunto complejo y de importancia creciente desde el punto de vista editorial. Ya no se trata solamente de informar sobre hechos que se consideraban de “nota roja”, ahora hay que analizar las implicaciones, pues se corre el riesgo de convertirse en caja de resonancia para las intenciones propagandísticas de la delincuencia. Pero tampoco es posible ocultar tales hechos o minimizarlos, hacerlo iría en contra de la práctica periodística honesta e implicaría abandonar la responsabilidad de los medios con la sociedad.
NUEVA DEONTOLOGÍA
Parece necesario, por lo tanto, que los medios avancen hacia una suerte de deontología específica en relación al tratamiento de los actos en que participa la delincuencia organizada, especialmente aquellos que tienen una evidente intención propagandística. Los medios no pueden ser acríticos o instrumentos del gobierno, como pareció solicitarlo Calderón el pasado 12 de mayo cuando sugirió que, al informar ampliamente sobre las acciones de la delincuencia, los medios “comparten” la estrategia de “sembrar terror” practicada por aquella y les exigió que “manifiesten y divulguen las acciones” gubernamentales que “están deteniendo la estructura de los criminales”. Pero tampoco pueden presentar la información sobre el tema igualmente de manera acrítica y con matices de escándalo, buscando vender más o incrementar los ratings, porque sería subordinarse a los propósitos propagandísticos de los delincuentes. Tiene que haber, en consecuencia, mucha información, pero siempre crítica, confirmada y contextualizada.
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