Medios, impunidad y delincuencia
Carlos Puig, Milenio
Ante la convocatoria de que toda la sociedad debe unirse para encontrar soluciones a la crisis de la inseguridad, los medios de comunicación, en especial aquellos que se dedican a la información, enfrentan una disyuntiva.
Hay, por ejemplo, una iniciativa de algunas organizaciones para que en las próximas semanas, algunos medios impresos publiquen páginas en blanco, a costa de su publicidad; como protesta contra la situación y apoyo a algunas de las organizaciones no gubernamentales que están ejerciendo presión para que las autoridades fijen el asunto como la prioridad de su agenda.
En estas situaciones crisis de Estado, y la de seguridad en México por desgracia la es, los medios siempre se enfrentan a este tipo de encrucijada: protagonista o relator de la realidad. Actor u observador. No hay respuestas fáciles, tal vez la única es que está claro que las respuestas de hace unas décadas no funcionan: ni observadores puros y asépticos, ni militantes. En dónde ubicarse es la pregunta de complicada respuesta, sobre todo cuando como en el caso de México, la agudización del crimen y la impunidad reinante ha victimizado también a la prensa, que por otra parte, en algunos casos, y en muchos por años, ha sido una especie de cómplice del sistema que ha procreado el desastre actual.
El próximo lunes se dará a co¬nocer en, conferencia de prensa, el informe de la Misión Internacional de Documentación sobre Ataques en contra de Periodistas y Medios de Comunicación.
El documento, titulado: Libertad de Prensa en México: La sombra de la impunidad y la violencia, es produc¬to de un ejercicio inédito porque por primera vez se unieron una docena de organizaciones, incluyendo Artículo 19, La Sociedad Interamericana de Pren¬sa, La Fundación para una Sociedad Abierta, Reporteros sin Fronteras o la Federación Internacional de Prensa, entre otras de las más prestigiosas organizaciones que monitorean la libertad de expresión y la prensa en el mundo, para averiguar qué pasaba en México.
Sus conclusiones, después de varias entrevistas con periodistas, editores, dueños de medios y autoridades esta¬tales y federales, son en algún sentido dramáticas, pero en otro demuestran simplemente que la prensa y los perio¬distas no son ajenos al país, y padecen, por ejemplo, igual que cualquiera la impunidad en el sistema de amplia¬ción de justicia.
Dicen: “la Misión Internacional en¬contró que los principales obstáculos para el ejercicio periodístico libre en México son: el crimen organizado que ha generado un clima de terror; la co¬rrupción; la impunidad; las agresiones directas por parte de corporaciones policiales y castrenses, y la falta de voluntad política federal y estatal para resolver los ataques contra periodistas y para garantizar su seguridad.
“Con mucha preocupación la Misión observó que a pesar de los índices de violencia contra los comunicadores no existe solidaridad entre los informa¬dores, los medios de comunicación y hacia los familiares de los periodistas asesinados o desaparecidos. Además, prevalece una estigmatización guber¬namental sobre el trabajo de los pe¬riodistas. Por si fuera poco, son muy frágiles o inexistentes los mecanismos y manuales de prevención y protec¬ción para la seguridad de medios y periodistas.
“La Misión Internacional comprobó que hay una creciente autocensura en los medios de comunicación mexicanos, como consecuencia directa de las tácticas de terror que han implementado las mafias, y ante la desconfianza que existe sobre el accionar de las autoridades estatales y federales, por su falta de respuesta o por su posible vinculación con el crimen organizado.
“Otros de los elementos que inquie¬taron a la Misión, porque alientan la autocensura y limitan a una prensa libre y plural, fueron la manipulación, por parte de los gobiernos estatales y federales, del presupuesto destinado a la publicidad oficial, con lo que se pretende orientar la información; así como la alta concentración de medios de comunicación en pocas personas o grupos empresariales vinculados a diferentes ramas de la economía y con sectores con enorme poder político, empresarial y religioso”.
Nada que no se supiera, al menos los que llevamos unos años en esto, pero todo debe preocupar. La Misión, e hizo bien, señala responsabilidades gubernamentales, pero no exime a los medios de la suyas. Pero sobre todo, alerta en general de cómo la situación de violencia que viven algunos de los estados del país ha puesto en fragilísima situación a muchos medios.
No faltará el que desde la comodidad de la gran ciudad descalifique como alarmista el informe. Pero ahí mismo se señala el abismo que existe en algu¬nas de las condiciones denunciadas entre los periodistas de la capital y los de las pequeñas y medianas ciudades del país.
Es en este contexto que los medios informativos enfrentan la crisis del Es¬tado mexicano por la impunidad.
Deberíamos, sin embargo, creo, resistir el canto de las sirenas de ha¬cerse ciudadanos, que no lo somos, sin olvidar que es a los ciudadanos a los únicos que nos debemos; pero deberíamos también evitar lavarnos las manos con la frialdad de quien vive fuera de la realidad que describe.
Ante esas dudas, y por lo pronto, como diría un clásico: lo primero sería reportear… sólo reportear.
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