El viejo unomásuno, capítulo cerrado
Por Juan José Flores Nava, publicado en El Financiero
Marco Aurelio Carballo muere de periodismo.
Hace tiempo, en una charla con Abel Quezada, Marco Aurelio Carballo le dijo: “Se nos fue nuestro amigo León Roberto”, a lo que Quezada respondió: “Sí, murió de periodismo.” La frase, que vio como una bella metáfora, impactó a Carballo. A la fecha, nada ha modificado esa sensación. Ni siquiera un tercero en discordia que tiempo después le dijo: “No, León Roberto García no murió de periodismo, murió de alcoholismo.” “Bueno”, respondió Carballo, “dale chance, es una metáfora”. Metáfora de la que ahora se prende para dar título a su más reciente libro: Morir de periodismo (Axial).
Recuerdos, apuntes, notas. Memoria que narra, que cuenta un momento de la vida. Intenso. Entre la juventud de quien dice “de mejores lugares me han corrido” y la madurez del quien ajusta cuentas con el pasado.
Dice Patricia Zama, mujer de Marco Aurelio Carballo, en la contraportada del libro: “La historia del nacimiento y decadencia de un diario, último refugio de los reporteros de la vieja guardia, guerreros autodidactos armados con libreta y bolígrafo, consagrados a la tarea de innovar el formato y el contenido periodísticos [...] Una historia de endiosamiento, de vanidades, de genio y de miseria humana escrita con un estilo descarnado.” Así, Marco Aurelio Carballo es autor y protagonista de Morir de periodismo.
-Carballo, ¿por qué el título?
-Me impactó mucho esa frase que me dijo Abel Quezada. Porque, en verdad, del periodismo no sales más que muerto. Los que se retiran a tiempo es porque no tienen la vocación, mucho menos el gusto por el oficio.
-Da la impresión, queda la sensación de que el libro lo fue construyendo en esas tardes de ocio productivo…
-En las tardes de ocio productivo hice algunos apuntes. En esa época, finales de los setenta, a la hora en que no trabajaba como jefe de información del unomásuno escribí algunas de las escenas que aparecen en el libro. Aunque hoy, a la distancia y luego de incluirlo en el libro, pienso que el diario de la guerra sandinista en Nicaragua que me tocó cubrir debió haber sido más riguroso, en el sentido de que debí haber escrito todos los días y no de manera tan aislada.
-¿Qué se lo impidió?
-Lo mismo que ahora a ti te impide escribir un libro o tu tesis de maestría: no tenía un sistema de trabajo personal; lo vas descubriendo conforme pasa el tiempo y sobre la marcha. Así que sólo en los tiempos muertos escribía el diario.
-¿Qué le queda de aquel unomásuno que inició como una cooperativa y que terminó en manos de Manuel Becerra Acosta?
-Con respecto a la creación del periódico, siento que nos engañaron. Nos tomaron el pelo. En el momento no te das cuenta porque lo único que quieres es hacer bien el trabajo, que el periódico salga bien. Te sientes orgulloso de que digan: “¡Puta!, es el mejor diario del momento!” Y nunca nos fijamos en la manera en que se llevaba la administración. Entonces el director y sus asesores debieron haber hecho todo un plan para convertir una cooperativa en una sociedad anónima y quedarse con el periódico.
-Al salir del unomásuno, ¿qué se llevó?
-Una deuda. Mientras que a los que fundamos el periódico nos corrieron uno por uno, a los que se quedaron del grupo original se les liquidó de una manera más o menos justa. Ahora descubro que el dueño tenía esa (no sé si virtud pero al menos) facilidad para tener contento a sus subalternos mediante pequeñas dádivas. Cuando vino la ruptura yo estaba en España. A mi regreso me presenté a que me dieran mi liquidación y me dijeron: “No, tú nos debes.” Lo que sucede es que me habían prestado un coche alquilado por el jefe de publicidad, Pepe Bermúdez, quien lo había usado tres meses. Pero a mí, por usarlo un mes, me cobraron los cuatro meses de alquiler. Entonces, mi liquidación no alcanzaba para pagarles. A esa edad, lo que dije fue: “De mejores lugares me han corrido.” Y no reclamé nada. Dejé que pasara el tiempo. Ahora me siento bien de no haber reclamado porque, si no, con qué cara escribo el libro. No me liquidaron, pero el libro es una especie de ajuste de cuentas. Cerré el círculo. Hace mucho tiempo que dejé de pensar en que me habían transado. Por el contrario, ahora estoy más satisfecho con mi paso por ese periódico porque me dio la posibilidad de escribir un libro.
-Hay personajes a los que, en su turno, no les va muy bien; otros, en cambio, no quedan mal o hasta lucen.
-Trato de respetar a todos, tener cierto cuidado. A los personajes que no tienen cola que les pisen, les pongo su nombre tal cual. Pero a los que tienen cola que les pisen, les pongo un nombre ficticio. Por ejemplo, hay un reportero que tuvo que regresar de Nicaragua porque no pudo con el paquete. A la hora de escribir el libro, le cambié el nombre. Pero él me dijo después que hubiera preferido que apareciera su apellido, que no le importaba que se mencionara ese pasaje. Y a otros les va muy bien, como al Gordoche [Fernando Ramírez de Aguilar], que en ese tiempo tenía 20 años y era como una especie de mascota: nadie lo veía mal, todo mundo lo quería. Además de que él y su hermano son un par de madreadores. Entonces no te puedes meter con ellos porque madrean. Pero el Gordoche y yo nos llevamos muy bien. Es un personajazo. Finalmente lo que está en el libro es todo lo que tengo que decir sobre esa época que, para mí, es ya un capítulo cerrado.
3 comentarios hasta ahora
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Ese capítulo fue harto doloroso para muchos que trabajamos en el unomasúno antiguo, cabe mencionar que Becerra Acosta se largó sin importale lo que sucediera con la gente que aún laborábamos ahí y con el sustento para nuestras familias cuando siempre nos pedía apoyo y laborar en equipo, fue Becerra Acosta quien faltó a su palabra. Supongo que el hecho de salir del país fue lo mejor para no dar la cara a todos los que nos quedamos cuando los directivos decidieron vender el periódico ya quebrado, de esta manera los verdugos serían los nuevos dueños y nosotros como empleados nos daríamos en la madre los unos con los otos como sucedió. Becerra Acosta, vivió muy agusto siendo el hijo predilecto del gobierno tricolor y salió del país para no afrontar el escándalo.
Hoy, hace medio siglo que leí esta frase:
México, país habitado por méxicanos y sin embargo aún existe.
Es verdad que la escribió, Abel Quezada?
Un saludo
Pues no se si lo escribio Quezada. Solo me parece que el mismo chiste proviene de la Argentina. Yo me acuerdo bien de Abel como uno de los comensales de ‘los Divinos’, el grupo de ‘Tutenpotes’ que se reunian para comer los sabados en El Estoril de la Calle Hamburgo==Carlos Fuentes, Pepe Gallastegui, Hugo Latorre Cabal, Colombiano alto ese que escribia sobre temas religiosos y el poeta que fue tambien, mirabile dictu, contador general del Fondo de Cultgura Economica (FCU). Que dias aquellos–entre los 60 y 70….